Irak,
cuna de la civilización sumeria hace seis mil años, durante
largos siglos fue escenario de civilizaciones como las de Akkad, Babilonia,
Asiria y Caldea. La región mesopotámica (del griego "entre
ríos") estaba en la ruta de todas las migraciones de pueblos
y expediciones de conquista; hititas, mitanios, persas, griegos, romanos,
bizantinos, todos pasaron por allí.
Tras la conquista por los árabes
en el siglo VII (ver historia de Arabia Saudita) la Mesopotamia
quedó en el centro geográfico de un enorme imperio.
Un siglo después la nueva dinastía de los Abbas
decidió cambiar la capital de Damasco hacia el este
y el califa al-Mansur construyó a orillas del Tigris
la nueva capital, Bagdad. Durante tres siglos, la ciudad de
las "Mil y Una Noches" fue el centro de una nueva
cultura.
Desde los griegos, el mundo mediterráneo
nunca había visto tal florecimiento de las artes y
las ciencias. Sin embargo, el imperio era demasiado extenso
para mantenerse unido y a la muerte de Harum al-Raschid empezó
a resquebrajarse. Perdidas las provincias africanas (ver recuadro
en Túnez: "El Islam en África del Norte"),
independizada toda la región situada al norte y al
este de Persia bajo los tahiríes (reino de Jorasán),
los califas tuvieron que recurrir cada vez más a ejércitos
de esclavos o mercenarios (sudaneses o turcos) para mantener
el control de un estado cada vez menor. Cuando los mongoles
mataron al último califa de Bagdad en 1258, el califato
ya estaba muerto como realidad política. Luego de las
conquistas de Gengis Khan, que arrasaron la economía
agrícola, la región se modificó profundamente
y numerosos estados se sucedieron allí, gobernados
por turcos seléucidas u otomanos, mongoles, turcomanos,
tártaros o kurdos. El desplazamiento de pueblos de
las estepas (ver Afganistán) trajo gran inestabilidad
a la media luna fértil que, luego de la tentativa de
Timur Lenk (Tamerlán) en el siglo XIV, desembocó
en la unificación bajo el dominio de los turcos otomanos
en el siglo XVI.
Al despuntar el siglo XX, los movimientos
partidarios de un "renacimiento árabe" también
se mostraron intensamente activos en Irak, preparando el terreno
para la gran rebelión que sacudió el dominio
turco durante la Primera Guerra Mundial (ver Arabia Saudita,
Jordania y Siria). Pero también estaban presentes los
ingleses, preocupados por ampliar su influencia en la región.
Derrotados los turcos, la expectativa independentista sufrió
una decepción cuando el gobierno revolucionario soviético
hizo público el tratado secreto Syles-Picot de 1916,
por el cual Francia e Inglaterra se dividían los territorios
árabes. Faisal, hijo del jerife Hussain, se había
proclamado rey de Siria y ocupaba Damasco; pero como ese territorio
correspondió a los franceses, que no habían
prometido nada a los árabes (ver historias de los países
citados más arriba), fue expulsado militarmente de
la capital siria. La formalización del mandato británico
sobre Mesopotamia hizo estallar una rebelión independentista
en 1920.
En 1921 el emir Faisal ibn Hussain fue
nombrado rey de Irak como compensación. En 1930 el
general Nuri as-Said es nombrado primer ministro y firma un
tratado de alianza con los británicos, por el cual
el 3 de octubre de 1932 el país obtenía una
independencia nominal.
Ese mismo año fue creado
el Pacto de Bagdad (alianza militar entre Irak, Turquía,
Pakistán, Irán, Gran Bretaña y Estados
Unidos), que fue resistido por los nacionalistas de Irak.
La agitación antiimperialista condujo al golpe militar
de julio de 1958, dirigido por el general Abdul Karim Kassim,
que culminó con la ejecución de la familia real.
El nuevo régimen se esforzó,
en el otoño de 1959, por establecer una unión
con Siria. Sin embargo, había fuertes corrientes contrarias
a esa fusión: por un lado el Partido Comunista, uno
de los más importantes de Oriente Medio en esa época
y, por otro, los demócratas nacionalistas que aspiraban
a un régimen parlamentario según el modelo europeo.
Kassim disolvió todos los partidos en julio de 1959
y proclamó que el emirato de Kuwait pertenecía
a Irak. La Liga Árabe, dominada entonces por Egipto,
autorizó el desembarco de tropas británicas
para proteger el enclave petrolero y frustró el intento.
En 1963 Kassim fue derrocado por los
sectores panárabes del ejército. Varios gobiernos
inestables se sucedieron hasta que el 17 de julio de 1968
un golpe militar instaló al partido Baas en el poder.
Fundado en 1940, el Baas (palabra árabe
que significa "resurgimiento") concibe al conjunto
del mundo árabe como una "unidad política
y económica indivisible", en la que ningún
país, por sí solo, "puede reunir las condiciones
necesarias para su vida independientemente de los demás".
El Baas proclama que "el socialismo es una necesidad
que brota de la razón misma del nacionalismo árabe"
y se organiza a nivel "nacional" (árabe),
con direcciones "regionales" para cada país.
Irak nacionalizó las
empresas extranjeras y Bagdad defendió la utilización
del petróleo como "arma política en la
lucha contra el imperialismo y el sionismo". Insistió,
también, en la defensa de los precios y en la consolidación
de la OPEP como organización que apoyara la lucha tercermundista
por la recuperación y valorización de sus recursos
naturales. Se decretó la reforma agraria y ambiciosos
planes de desarrollo llevaron a invertir los ingresos petroleros
en la industrialización del país.
En 1970 el gobierno de Bagdad
oficializó el idioma kurdo y dotó al Kurdistán
de autonomía interna. Sin embargo, instigados por el
sha de Irán, y temerosos por la reforma agraria, los
caudillos tradicionales se levantaron en armas. En marzo de
1975 el acuerdo fronterizo irano-iraquí los privó
de su principal apoyo externo. Los rebeldes fueron derrotados.
El gobierno de Bagdad dispuso la enseñanza del kurdo
en las escuelas locales, mayor inversión estatal en
la región y la designación de kurdos en altos
puestos de la administración pública.
El 16 de julio de 1979 el
presidente Hassan al-Bakr renunció y fue sustituido
por el vicepresidente Saddam Hussein.
Saddam Hussein intentó
llevar a Irak a un puesto de liderazgo en el mundo árabe.
Rechazó los acuerdos de paz de Camp David firmados
entre Israel, Egipto y Estados Unidos, pero sus relaciones
con otros países árabes también empeoraron.
Una rama del Baas tomó el poder en Siria en 1970, pero
las discrepancias con Bagdad llevaron a una fuerte rivalidad
e, incluso, a algunas disputas por cuestiones de límites.
Con iguales motivos y confiando
en una rápida victoria, fuerzas iraquíes comenzaron
en setiembre de 1980 el ataque a posiciones iraníes,
desatando una guerra que duró ocho años.
El 17 de junio de 1981, con
el pretexto de que Irak se proponía producir armas
atómicas, aviones de Israel destruyeron la central
nuclear civil de Tamuz, construida con ayuda de Francia.
Durante la guerra, sauditas
y kuwaitíes, que se beneficiaban con el freno que Irak
ponía al fundamentalismo iraní, otorgaron numerosos
créditos a Bagdad, que fueron utilizados tanto en el
propio conflicto como en obras de infraestructura. Se tendió
un oleoducto por Turquía como alternativa al que cruzaba
hacia el Mediterráneo, cerrado por Siria en solidaridad
con Irán, y se mejoraron las carreteras hacia Jordania.
Tras 17 años de ruptura
diplomática, en noviembre de 1984 se restablecieron
los lazos oficiales con Estados Unidos. Pese a las declaraciones
norteamericanas acerca de su neutralidad en el conflicto irano-iraquí,
los hechos vinieron a demostrar el doble juego de la superpotencia.
Este quedó al descubierto en Estados Unidos en el escándalo
"Irán-contras".
Por el armisticio de 1988
Irak se quedó con 2.600 km2 de territorio iraní
y con un ejército poderoso y fogueado.
Además de negarse a
fijar cupos de exportación, Kuwait extraía de
los yacimientos ubicados en la frontera con Irak más
petróleo del que le correspondía. El 2 de agosto
de 1990 invadió Kuwait y tomó a miles de extranjeros
como rehenes.
Cuatro días después
la ONU decidió un bloqueo económico y militar
total hasta que Irak abandonara sin condiciones el territorio
ocupado. Se rechazó una propuesta de retirada a cambio
de discutir los problemas del Oriente Medio en una conferencia
internacional. Cuando Irak comenzó a liberar los rehenes
e intentar nuevamente negociaciones, Estados Unidos cerró
las puertas al diálogo y exigió una rendición
incondicional.
Los ataques efectuados por
la alianza de 32 países dirigida por Estados Unidos
comenzaron el 17 de enero de 1991. Cuando se inició
la ofensiva terrestre, en marzo, Saddam Hussein ya había
anunciado que se retiraría incondicionalmente. El ejército
iraquí no resistió la ofensiva y apenas intentó
efectuar una retirada organizada, pero igual sufrió
grandes pérdidas. La guerra finalizó en los
primeros días de marzo con la derrota total de los
iraquíes.
En la guerra murieron entre
150.000 y 200.000 personas, en su mayoría civiles.
Por los efectos del bloqueo aún vigente, habrían
muerto 70 mil personas más, entre ellas 20 mil niños.
A fines de 1991 tanto turcos como iraquíes seguían
reprimiendo militarmente a los kurdos de la zona fronteriza.
Las condiciones para el levantamiento
del bloqueo se hicieron muy severas, por la voluntad estadounidense
de provocar la caída de Hussein. Además, según
los periódicos "The New York Times" y "Sunday
Telegraph", Estados Unidos inició la introducción
de enormes cantidades de dinares falsos, la moneda iraquí,
a través del contrabando por las fronteras de Jordania,
Arabia Saudita, Turquía e Irán. Bagdad impuso
la pena de muerte para quienes participaran en tales operaciones.
A fines de 1991, el gobierno
iraquí autorizó la supervisión de los
centros militares por parte de la ONU. En 1992 se comprobó
a existencia del programa de enriquecimiento de uranio, con
ayuda alemana. Los equipos de la ONU destruyeron 460 cohetes
de 122 milímetros equipados con el gas venenoso sarín.
También desmantelaron el complejo nuclear de al-Athir
y las instalaciones de enriquecimiento de uranio de Ash-Sharqat
y Tarmiyah, así como la fábrica de armas químicas
de Muthana.
En 1994 se abrió un
paso fronterizo con Turquía para permitir la llegada
de ciertos alimentos y medicamentos autorizados por la ONU,
como únicas excepciones al embargo comercial. Sin embargo,
pocos meses después, en marzo de 1995, tropas turcas
ingresaron en el Kurdistán iraquí -bajo tutela
militar de fuerzas "aliadas", básicamente
estadounidenses- para reprimir a miembros del Partido de los
Trabajadores Kurdos (PKK) que lanzaban desde allí ataques
contra fuerzas turcas estacionadas en el Kurdistán
turco.
El aislamiento internacional
de Bagdad se agudizó aun más en 1996, cuando
Jordania se distanció del gobierno de Saddam, al mejorar
sus relaciones con Kuwait y Arabia Saudita. Estos dos países
prosiguieron las presiones sobre Estados Unidos para impedir
el levantamiento del embargo contra Irak, entre otras razones
porque el petróleo saudita había reemplazado
al iraquí en varios mercados. Sin embargo, el Consejo
de Seguridad de la ONU votó el levantamiento parcial
del bloqueo, permitiendo la venta de crudo bajo control, a
fin de comprar alimentos y medicamentos para la población
iraquí.
En abril de 1997 un informe
de la ONU reveló que el número de muertos por
hambre o falta de medicamentos debido al embargo, excedía
el millón de personas, de las cuales 570.000 eran niños.
Por su parte, UNICEF, afirmó que "un 25% de los
niños menores de cinco años padecía desnutrición
clínica severa".
En octubre se desató
una nueva crisis en torno a Irak: el Consejo de Seguridad
amenazó con aplicar nuevas sanciones si no se autorizaba
una nueva inspección que verificara que el gobierno
de Saddam no estaba en condiciones de fabricar armas químicas
y biológicas. Irak rechazó la presencia de inspectores
estadounidenses, lo que endureció la posición
de Clinton. Sin embargo, pese a la presión de Washington,
el Consejo de Seguridad descartó el empleo de la fuerza.
Los acuerdos alcanzados en Bagdad por el secretario general
de la ONU, Kofi Annan, en marzo de 1998, hicieron bajar nuevamente
la tensión y dieron inicio a nuevas inspecciones.
Coincidentemente con el inicio
de la discusión que desembocaría en el enjuiciamiento
por parte del Congreso, el presidente estadounidense Bill
Clinton, con el solitario apoyo del primer ministro británico
Tony Blair, decidió emprender un ataque con misiles
en varias ciudades iraquíes.
A partir del 16 de diciembre,
la llamada "Operación zorro del desierto"
mató a cientos de iraquíes, civiles y militares.
Francia, Rusia y China, todos miembros del Consejo de Seguridad
de la ONU, protestaron ante la ofensiva británico-estadounidense
y criticaron el papel jugado por Richard Butler, jefe de la
UNSCOM, la comisión de la ONU encargada de supervisar
el desarme químico y nuclear de Irak. El propio secretario
general de la organización expresó sus reservas
frente al estilo del diplomático australiano. La actitud
dura contra Irak sugerida por Butler fue más importante
desde el punto de vista propagandístico que desde el
punto de vista del debilitamiento real del potencial bélico
o moral iraquí.