| Guerra del 98: la cara oculta de una
resolución Por Alberto Ajón
En la madrugada del 18 de abril de 1898, el Congreso de los
Estados Unidos aprobó la llamada Resolución Conjunta sobre la situación cubana,
sancionada dos días después por el presidente Willian McKinley.
En su cláusula primera, la citada resolución reconocía el
derecho de Cuba a la independencia. La segunda exigía a la Corona española renunciar a
sus impuestas prerrogativas en la isla y abandonar su territorio. Seguidamente se
autorizaba al presidente McKinley para hacer cumplir el documento con el uso de la fuerza.
Por último, Washington declaraba no abrigar propósitos expansionistas sobre Cuba y se
comprometía a retirarse del país caribeño una vez establecida la paz, dejando a los
cubanos la administración de sus asuntos.
A pesar de la mayoría de votos favorables alcanzada por la
Resolución Conjunta en el Congreso norteamericano, se ha dicho que la inclusión de las
cláusulas que reconocían los derechos de Cuba y de sus naturales a la soberanía se
debió, por una parte, a las gestiones de la Junta Cubana de Nueva York, la cual
recompensó espléndidamente a varios influyentes congresistas. También, razones de
índole política y económica movieron a algunos miembros de la Cámara y el Senado a
promover dichas cláusulas, que no podían ignorar la determinación de los cubanos por la
independencia.
Sin embargo, el Congreso estadounidense eliminó del texto
una disposición que reconocía la legitimidad del Gobierno de la República en Armas
(proclamado por los independentistas de la isla), soslayando así las aspiraciones de la
revolución iniciada en 1868, continuada en los 80 y luego reanudada en 1895.
Peligrosas deudas
No era por alardes chovinistas que, pese a haber manifestado
su disposición a apoyar a las fuerzas norteamericanas en la guerra contra España, el
general cubano Calixto García, del Ejército Libertador, advertía: "quiero que el cañón cubano suene antes de que el de los
yanquis". Los patriotas de la isla sabían bien con quiénes habrían de
verse una vez derrotados los españoles. Prevenidos estaban sobre el peligro de
contraer deudas de gratitud con un vecino tan poderoso.
El 21 de abril se declaraba el estado de guerra y se
rompían las relaciones diplomáticas entre Washington y Madrid. Estados Unidos, que desde
el principio relegó a los cubanos, se ocupó más tarde de incumplir su propia
resolución. Los años posteriores de intervención y de carboneras justificarían los
recelos de los cubanos.
El verdadero fin de la Resolución Conjunta aprobada por el
Congreso yanqui en abril del 98 era dar visos de legalidad a la intervención
estadounidense en el conflicto hispano-cubano, a la vez que refrendar la nulidad de la
parte mambisa (los independentistas), ignorando la representatividad de su gobierno en
armas.
Tal procedimiento, desempolvado muchas veces después por
la Casa Blanca, inició una historia que se alarga hasta 63 años más tarde, hasta abril
de 1961 en Playa Girón, cuando nuestro pueblo reafirmó con su victoria la voluntad de
llevar hasta el final la obra revolucionaria que pretendía echar por tierra el
Imperialismo con su invasión militar, precedida y luego sucedida por incontables acciones
desestabilizadoras, sabotajes, atentados, bloqueo y maniobras de desinformación..
Cien años de menosprecio yanqui explican el sentimiento
antimperialista de los cubanos, para quienes independencia y soberanía van ligados al
respecto a la dignidad.
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Apocalipsis
de la Reconcentración.
autor: Rogelio Riverón. |