| La
República que soñó Martí
Por
Miralys Sánchez Pupo
Un 26 de noviembre,
José Martí pronunció uno de sus memorables discursos. En él llamaba
¡ alcémosno de una vez, de una arremetida última de los corazones!
El Liceo de Tampa retumbó con los argumentos patrióticos.
El Maestro llamó con
sus palabras a forjar la república verdadera. Aquella que por derecho
y trabajo merecían los cubanos. No eran momentos temperamentales
del orador. Todo lo contrario. A lo largo de su vida tejió de forma
paciente y profunda ese proyecto.
La idea democrática
en su más amplia acepción estaba allí. La patria recibía por conducto
de las resoluciones del Partido Revolucionario Cubano su próximo
paso. Crear luego de la manigua la república del cariño y la justicia
para el pueblo. O lo que es lo mismo: no dar paso a la república
indigna. Sino la fundada " con todos, y para el bien de todos".
La Guerra Necesaria
para la cual Martí unía voluntades no era el fin. Derramar sangre
para conquistar la independencia era escalón para una tarea política.
A pesar de su admiración por Máximo Gómez, dejó clara su idea central:"Un
pueblo no se funda, General, como se manda un campamento" aseguró.
Palabras y actos inspiraron estas
profundas conclusiones.
El Maestro escribió
al patricio dominicano el 16 de diciembre de 1887 como parte de
una profunda meditación. No podía prevalecer en la república interés
de grupo o autoridad desmedida.
La lucha armada era
el germen para un nuevo nacimiento. El futuro quedó establecido
en el manifiesto de Montecristi. En él se aseguró la esperanza de
crear una patria: a la libertad, la equidad de las costumbres, y
la paz del trabajo.
El Maestro concibió
la república de los cubanos como algo original. A partir de formas
propias. Sin parcialidades ni tiranías. Por eso en su discurso del
26 de noviembre en Tampa subrayó el decoro de cada hombre. "Para
verdades trabajamos, y no para sueños" afirmó.
En el propósito liberador
no había improvisaciones ni ligereza. Conciliar voluntades para
verlo todo bajo esa luz era sentar la pauta del decoro. El respaldo
a la política de amor era salvación para la patria trasformada en
un palacio de derecho.
Acomodar las formas
a este ideal de justicia fue proclamado para siempre. Por eso sus
afirmaciones se convierten en realidad dentro del gobierno popular
cubano de nuestros días. Bajo la seguridad de que "La república
tiene por base el carácter de cada uno de sus hijos".
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