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La
del 95, una guerra esencialmente popular
Por
Marilys Suárez Moreno
Desde hacía días los
rumores de una futura insurrección intranquilizaban a las autoridades
españolas tanto como al gobierno norteamericano, preocupado por
el curso que estaban tomando los acontecimientos en Cuba.
En manos de Juan Gualberto
Gómez estaba la orden de alzamiento suscrita por Martí para los
patriotas de la Isla, y sólo quedaba por precisar con los jefes
revolucionarios el día más adecuado para comenzar la guerra.
"Giros aceptados".
Fue el mensaje en clave enviado por Juan Gualberto a Martí. El primer
domingo de carnaval, 24 de febrero de 1895, la revolución iniciada
en el 68 por Carlos Manuel de Céspedes renacía con renovada confianza
en la victoria.
Empezaba así, hace
107 años, la guerra que ayudaron a preparar los tabaqueros de la
emigración y los heroicos mambises.
La concepción de la
guerra delineada por Martí en íntima comunicación con los generales
Gómez y Maceo, estaba fundada en la simultaneidad de la acción que
haría caer, en tres puntos equidistantes del país, pequeños contingentes
expedicionarios, comandados por los dirigentes supremos del Movimiento.
En un momento dado,
y contando con que el factor sorpresa pusiese a los patriotas sobre
las armas, impidiendo la movilización militar del enemigo y el envío
de refuerzos desde el exterior, el Delegado José Martí se vio obligado
a dar la orden del levantamiento en la segunda quincena, y no antes
del mes de febrero.
El fracaso de la expedición
de La Fernandina precipitó una alternativa temeraria y audaz, pero
reveladora de los empeños de Martí en hacer realidad "la guerra
necesaria".
Con la orden de alzamiento,
José Martí dejó funcionando el Partido Revolucionario Cubano. Es
de imaginar la impaciencia del Maestro y la del resto de los revolucionarios
cubanos por volver a la patria, máxime cuando se sabía de más de
35 alzamientos simultáneos desde Guantánamo a Ibarra, en Matanzas.
La guerra necesaria
por la cual tan duramente había batallado no era más que la continuación
de la revolución iniciada por Céspedes en Yara. De ahí que en el
Manifiesto dado a conocer el 25 de marzo de ese año 95 en Montecristi
y firmado por Martí y Gómez, se anunciara al mundo la causa que
inspiraba al pueblo de Cuba a declararle la guerra al gobierno español,
y el carácter y finalidad de esa contienda.
A más de un siglo
de aquella gesta, una única decisión irrevocable nos sigue convocando:
la defensa de nuestra independencia y soberanía.
El general Quintín
Banderas, el viejo guerrero cruzador de trochas tuvo que recoger
basura por las callas de La Habana, durante la república que llamamos
mediatizada. Aquella república por la que tanto luchó y esperó y
que no significó en su devenir un mejoramiento de la situación social
de las masas.
La idea de justicia
social que se encerraba en el proyecto martiano de República "cordial",
fue intencionalmente olvidado por los gobiernos de turno. Mambí
por dentro y por fuera, el general Quintín Banderas no transigió
con los desmanes y prefirió andar de basurero con sus estrellas
de general antes de renegar de su condición de hijo del pueblo.
Genízaros al servicio
de del presidente Estrada Palma le dieron un tiro y lo machetearon
en la medianoche del 22 de agosto de 1922.Su cadáver fue arrojado
a una fosa común y rescatado luego por un cura. La reacción temía
la presencia firme y recta del general de las tres guerras Quintín
Banderas.
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