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Homicidio
de la verdad
Por
Iván Becerra
Los
ataques suicidas a las torres gemelas de Nueva York y el Pentágono,
con resultado de miles de muertos y desaparecidos, y los osteriores
desafueros belicistas de Estados Unidos, determinaron que el mundo
esté viviendo en un ambiente de guerra desde el pasado 11
de septiembre, como si el terrorismo hubiera surgido a la historia
en esa fecha.
Los
cubanos, sin embargo, al evocar con una colosal manifestación,
en La Habana, los 25 años del Crimen de Barbados, recordamos
a la Humanidad que nuestra isla ha sido objeto de acciones de esa
naturaleza desde 1959, cuando triunfó la Revolución.
Y
pusimos de relieve, además, que agresiones, sabotajes, atentados
y transmisiones de radio y televisión dirigidos contra Cuba
durante decenios han partido de Estados Unidos, donde residen confortablemente
los autores de esas felonías.
La
ONU logró definir legalmente, después de la Segunda
Guerra Mundial, el contenido del término AGRESIóN
en las relaciones internacionales.
Sin embargo, recién ahora es que trata de conceptuar el terrorismo,
a pesar de que desde hace muchísimo tiempo ese atroz método
de intimidación ha sido utilizado por individuos, grupos
y Estados.
Desde
la inmolación de Cristo, pasando por las Cruzadas y la Santa
Inquisición, la Reconcentración de Weyler (en Cuba),
los bombardeos atómicos a Hiroshima y Nagasaki, las invasiones
a Guatemala, República Dominicana, Granada y Panamá,
el arrasamiento de aldeas vietnamitas, el holocausto nazi contra
los judíos o el genocidio de Israel contra el pueblo palestino,
son hechos que reflejan cómo el terrorismo ha sido utilizado
a conveniencia de los poderosos contra los más débiles,
y en todos los casos, cruelmente silenciados.
Cuba
advirtió desde hace mucho tiempo la necesidad de erradicar
el terrorismo en el mundo. Y, con el objetivo de evitar actos como
el Crimen de Barbados o la infiltración de agentes para detonar
explosivos en hoteles, se ha visto obligada a enviar a hijos suyos
que, a riesgo de su vida, observan los movimientos de grupos narco-terroristas
asentados libremente en la Florida, en medio de la pasividad de
las autoridades estadounidenses.
De
hecho, cinco heroicos jóvenes cubanos han recibido terribles
condenas, en juicios amañados en Miami, por defender no sólo
al pueblo cubano, sino también al norteamericano.
Y,
en este punto, cabe preguntarse ¿No son terroristas el bloqueo,
dirigido a asesinar a once millones de personas por hambre y enfermedades,
o la Ley de Ajuste Cubano, que estimula el tráfico ilegal
de personas con riesgo para la vida)?
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