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Historia Reseñas

Mentiras antes de la batalla

Por Iván Becerra

El 12 de abril de 1961, apenas unos días antes de la invasión por Playa Girón, el Presidente Kennedy afirmaba ante la prensa que su gobierno haría todo cuanto le fuera posible para que no hubiera "norteamericanos implicados en ninguna acción dentro de Cuba". 

El mandatario ofrecía una imagen de gran nación que no deseaba inmiscuirse en los asuntos internos de un vecino. En realidad, no había estadounidenses en ese momento en acciones dentro de Cuba, pero sí fuera de la isla, como instructores de mercenarios en Guatemala, Nicaragua, Puerto Rico, la Florida, Lousiana, las Carolinas y otros territorios.

Posteriormente, pilotos estadounidenses participaron y fueron derribados en acciones combativas sobre el país antillano, como parte de las fuerzas invasoras. Kennedy aseguró que se opondría a cualquier esfuerzo por lanzar una ofensiva contra Cuba desde Estados Unidos. 

El cinismo cotidiano

Kennedy conocía de sobra que la invasión a Cuba saldría desde Guatemala, por eso dijo que se opondría a cualquier intento de enviar las tropas desde Estados Unidos.

En otra parte de sus declaraciones, el Presidente trató de subrayar que el conflicto vigente no era entre Cuba y Estados Unidos, "sino entre cubanos mismos", lo cual reflejaba su preocupación constante en el sentido de que "la mano de Estados Unidos no apareciera a la luz de los hechos." 

Más adelante, advirtió que la posición de su gobierno era "entendida y compartida" por los contrarrevolucionarios que se encontraban en Estados Unidos. Un periodista le preguntó:¿No impiden nuestras propias leyes de neutralidad ayudar y entregar armas a los anticastristas en este país? Kennedy no supo qué decir. Se mostró confuso, y sólo balbuceó algunas frases que nunca terminó.

El 27 de junio de 1960, el gobierno norteamericano presentó un memorándum a la Junta Interamericana de Paz en el cual acusaba a Cuba de realizar actividades provocativas contra Estados Unidos, incluidas nada menos que la explosión del barco La Coubre, vuelos piratas sobre territorio cubano, violaciones de aguas jurisdiccionales de la isla y las denuncias cubanas sobre los preparativos de invasión. 

En el momento en que Washington presentaba esa "DENUNCIA", los invasores llevaban casi un mes entrenándose en la finca guatemalteca Helvetia. Tres meses antes, el Presidente Eisenhower había ordenado a la CIA que iniciara el reclutamiento y preparación de los mercenarios.

Es difícil que pueda ser borrado el récord de mentiras que los gobiernos de Eisenhower y Kennedy trataron de imponer al mundo en torno al tema de Playa Girón. 

Cuando, a fines de junio del 60, el pueblo cubano se enfrentaba a la soberbia de las compañías petroleras estadounidenses enclavadas en el país (episodio que concluyó con la nacionalización) la CIA terminaba de construir barracas para los mercenarios en los campamentos de Guatemala.

En esa fecha ya estaban instalados allí cientos de invasores, acompañados de instructores, oficiales de logística y de contabilidad de la CIA.

Al mes siguiente, mientras Washington cercenaba la cuota azucarera cubana, se iniciaba la construcción de una pista de aterrizaje secreta en Retalhuleu, capaz de recibir aviones militares de gran porte.

Washington trataba de aparecer ante la opinión pública como una víctima de Cuba. Sin embargo, debajo de aquel manto de mentiras, se percibían claramente las garras con que el Tío Sam trató inútilmente de aniquilar a la Revolución. 

Tumba de los invasores

La menguada Fuerza Aérea Revolucionaria y artilleros adolescentes derrotaron una poderosa flota aérea mercenaria en Playa Girón. Doce aviones B-26 perdieron los invasores durante las acciones en el aire.

Catorce pilotos, entre ellos, cuatro norteamericanos, pagaron con su vida el haberse involucrado en la más grande operación encubierta en la historia de Estados Unidos.

Las acciones aéreas comenzaron en el amanecer del 15 de abril del 61, cuando ocho aparatos con identificaciones de las Fuerzas Armadas revolucionarias de Cuba (FAR) atacaron los enclaves militares de Ciudad Libertad y San Antonio de los Baños, en La Habana, y el aeródromo civil de Santiago de Cuba.

Ocho cubanos perdieron la vida como consecuencia de la acción, entre ellos, Eduardo García Delgado, un joven miliciano que, en patriótico gesto, escribió en agonía, con su sangre, el nombre de FIDEL en una pared. 

Los aviadores y artilleros cubanos protagonizaron en Playa Girón un hecho pocas veces visto en la historia de las guerras. Únicamente el valor moral y la fuerza de las convicciones que los respaldaban propiciaron que esos hombres se impusieran a carencias de piezas, inexperiencia combativa y otras desventajas para doblegar a un adversario mucho más preparado y respaldado por Estados Unidos.

En el sepelio de las víctimas del bombardeo del 15 de abril, Fidel proclamó que esta Revolución Socialista la defenderíamos "con el valor con que ayer nuestros artilleros antiaéreos acribillaron a balazos a los aviones agresores". 

Sin ellos saberlo, también contribuyeron a que la historia diera un giro en América Latina y el mundo, pues, como ya se ha dicho, después de Girón todos los pueblos del continente fueron un poco más libres.  

Un eco de solidaridad a través del tiempo

Trabajadores cubanos de la salud prestan servicios en apartados lugares de Guatemala, cuyo pueblo, hace 40 años, se movilizó contra los preparativos de agresión a Cuba que fraguaban en ese país. 

En abril del 60, el gobierno de Miguel Ydígoras Fuentes estuvo de acuerdo con una petición del entonces mandatario norteamericano, Dwight Eisenhower, para que allí se entrenaran los comandos que luego invadirían a Cuba por Playa Girón. 

Apenas un mes después, en mayo, arribaron los primeros integrantes de la futura brigada de asalto. En poco tiempo se reunieron 6 000 mercenarios de diversas nacionalidades que, distribuidos en 20 campamentos, contaban con una flota aérea y armas de todo tipo.

Los guatemaltecos, que hoy reciben los beneficios del trabajo de los médicos cubanos, alzaron entonces su voz y su acción y se enfrentaron a la intromisión de Washington y los planes de agresión. 

En Guatemala era un secreto a voces que mercenarios se preparaban allí para invadir al país antillano. Radioperiódicos y rotativos lo informaban. 

El Partido Guatemalteco del Trabajo y agrupaciones estudiantiles y sindicales protestaban insistente y masivamente, y diputados interpelaron al Ministro de Relaciones Exteriores, además de que el Parlamento decidió investigar la situación. 

En el propio seno del ejército causaba irritación la actitud gubernamental, lo que, unido a otros factores, desembocó en un levantamiento militar que fue sofocado precisamente por las fuerzas mercenarias. Buques yanquis de guerra se ubicaron, amenazantes, cerca de las costas del país centroamericano. 

Cuarenta años después de Girón, los pueblos de Guatemala y Cuba siguen unidos en un eco de solidaridad mutua y esperanza en el futuro. 

Cuba contra los enviados del tío Sam

La decisión de ser libres a cualquier precio, de defender la Revolución Socialista de los humildes proclamada por Fidel Castro, fue determinante en los hechos de Playa Girón.

El pueblo cubano aniquiló en 68 horas una fuerza de 1 500 invasores entrenada durante meses en Guatemala, la Florida y Puerto Rico, respaldada por artillería, tanques, 30 aviones y una agrupación naval.

La operación era una joya esculpida por los generales de Washington y suscrita en persona por dos presidentes de Estados Unidos. Sin embargo, ni Eisenhower ni Kennedy tomaron en cuenta el patriotismo de los cubanos.

Subestimaron gravemente la fortaleza moral de la Revolución. Fueron cautivos de una óptica anticomunista y prepotente. Ese mismo odio sigue ahora impulsando a los gobernantes estadounidenses en su afán por destruir al pueblo cubano. 

Dicen que John F. Kennedy asumió la derrota de Playa Girón como una humillación personal. Al reconocer públicamente su absoluta responsabilidad en los hechos, creó las condiciones para desarrollar una nueva ola de agresiones contra Cuba, resumidas en la Operación Mangosta y en la Crisis de Octubre. 

Cuarenta años después de Girón, los cubanos enfrentan los mismos desafíos. El cerco económico ha cobrado características de genocidio. El afán por destruir al pueblo de Cuba continúa con trágica vigencia en la agenda de Washington. 

¿Halcones como Bush y Collin Powell se sentirán tentados de cometer el mismo error que Kennedy?. 

El odio, la prepotencia y la arrogancia pueden nublar el razonamiento de la cúpula gobernante de Estados Unidos. Sin embargo, en el caso de Cuba, siempre el mismo error tendrá las mismas consecuencias. 

Página relacionada: www.playagiron.cu


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