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Aldea
aborigen de Chorro de Maíta: realidad palpable
Por
Pedro Quiroga
Cuenta el doctor José
Manuel Guarsh, que allá por el siglo XVIII, en el holguinero Cerro de
Yaguajay, existió una finca, propiedad de una señora apodada Maíta.
Del mismo centro de
aquella parcela brotaba un poderoso surtidor de agua y, desde
entonces, los pobladores del sitio comenzaron a identificar la zona
como El Chorro de Maíta.
Fue en la década de 1930
cuando llegaron allí los primeros exploradores, buscando elementos
que confirmaran la indudable presencia aborigen.
Sin embargo, la enorme
cantidad de cuentas de cuarzito encontradas, dejó latente
hasta hoy una incógnita: ¿fue el Chorro de Maíta una gran industria
artesanal aborigen? El doctor Guarsh, arqueólogo cubano de reconocido
prestigio, abunda sobre el tema en esta Revista Semanal.
Aunque Yaguajay es el
nombre aborigen del hermoso paraje de la oriental provincia cubana de
Holguín, sus primeros exploradores arqueológicos decidieron
referirlo al popular Chorro de Maíta.
Yaguajay Yuca-yeque
Turey, en lengua aruaca: Yaguajay, la aldea del cielo
resplandeciente, es el título de un libro escrito por el doctor
José Manuel Guarsh, quien narra sus experiencias durante las
excavaciones en el cementerio aborigen de Chorro de Maíta.
"Fue en el año 76
cuando hice el censo arqueológico del municipio de Banes
–apunta el arqueólogo cubano-. Cuando llegué a aquella zona, el
dueño de las parcelas aseguró que cada vez que excavaba el terreno
aparecían osamentas humanas en un área de caliza
meteorizada".
El caliche, muy común
en Banes, tiene allí un espesor aproximado de un metro con cincuenta
centímetros.
Para
el doctor José Manuel Guarsh y su equipo investigativo, los múltiples
relatos sobre las apariciones de osamentas humanas en Chorro de Maíta
constituyeron un grano de escepticismo.
"Íbamos
preparados para excavar en los antiguos basureros dejados por los aborígenes,
pues es allí donde puede encontrarse mayor número de evidencias para
reconstruir su modo de vida" –asegura el arqueólogo Guarsh-.
Comenta que no habían
avanzado ni 50 centímetros de longitud y profundidad cuando se apreció
el primer cráneo. "El problema era cómo parar aquello
–explica-, porque aparecieron varios esqueletos y no podíamos
dejarlos expuestos". Según el especialista, poner al descubierto
un esqueleto conlleva a una paciente labor de no menos de diez horas
durante dos días.
Llevar a la superficie
un esqueleto enterrado, es como sacar una escultura de cualquier
bloque marmóreo. Recuerda el doctor José Manuel Guarsh que
trabajando a 80 centímetros de profundidad, en el cementerio aborigen
de Chorro de Maíta, se le acercó un campesino lamentándose de que
sus descendientes no podrían observar lo que allí acontecía.
"Después de
analizar lo que me había dicho aquel hombre, no dudé en un Museo de
Sitio –enfatiza Guarsh-. Hubo que sanearlo todo, garantizando con un
milímetro más-menos la exactitud de ubicación de cada pieza.
Hoy –finaliza
el arqueólogo-, se muestran 56 de los 180 esqueletos
encontrados".
La vida y la muerte están
bien representadas en la aldea aborigen de Chorro de Maíta, sitio
ubicado en el holguinero Cerro de Yaguajay. Dividido por una angosta y
empinada carretera, el sitio arqueológico más importante de Cuba
muestra al visitante, de un lado, todas las posiciones de
enterramiento aborigen encontradas en las Antillas. Por otra parte se
aprecia, reproducida a escala natural, una aldea taína con 38
esculturas humanas.
Argumenta el doctor José
Manuel Guarsh que esas piezas reflejan el fenotipo o físico exacto de
la etnia aruaca. El valor estriba en el hiper-realismo logrado por los
escultores Argelio Cobiellas, padre e hijo, y Lauro Echavarria Osorio.
Escenas destacadas
de la vida aborigen
Según
explica el prestigioso arqueólogo, José Manuel Guarsh, autor
intelectual y guionista de la aldea taína de Chorro de Maíta, las
esculturas humanas detallan la deformación craneana, la perfilación
del rostro y el rápido envejecimiento de aquel grupo humano que a los
45 años de edad ya era anciano.
"Se exhiben tres
caneyes en esa pequeña aldea que no es la que existió allí, porque
aquella tenía alrededor de 22 000 metros cuadrados de
superficie –acota el doctor Guarsh-. También existen bajareques
intermedios y un vara en tierra, que es donde se proyectaba la
vida cotidiana".
Todas las esculturas,
ubicadas dentro de los caneyes, llevan la vestimenta y los abalorios
utilizados por los aborígenes cubanos durante sus actividades
diarias.
Holguín, tierra donde
la naturaleza puso su afán de prodigio multicolor, también exhibe
una cultura sui-géneris, mezclada con una historia muy rica.
"Estamos
trabajando en otro gran proyecto que cubrirá desde los municipios de
Gibara hasta Baracoa –explica el doctor José Manuel Guarsh-. Vamos
a regresar al Bariay del siglo XVI, al momento mismo en que Cristóbal
Colón plantó su escarpín falcado en la costa".
Allí, a juicio del
connotado arqueólogo cubano, se creará una pequeña aldea aborigen
que recuerde a la que observó el Almirante poco después de su
arribo.
Las tres carabelas, La
Niña, La Pinta, y la Santa María, volverán a emprender
viaje tocando las mismas bahías que visitó el descubridor de América
hasta llegar a puerto baracoense, por toda la costa Norte de la
región oriental de Cuba.
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