| Martí diplomático Por Pedro Pablo Rodríguez/ Agosto '99
Esta es la faceta de la personalidad del mayor de los cubanos
abordada por Rolando González Patricio en su libro titulado "La diplomacia del
delegado", impreso por la Editora Política.
A través de cinco capítulos, y en poco más de doscientas
páginas, el autor nos convence de que Martí desarrolló una hábil estrategia
diplomática entre 1892 y 1895, durante aquellos años en que fue electo sucesivamente
Delegado del Partido Revolucionario Cubano, del que fue fundador.
Novedoso enfoque el de este libro acerca de la acción
política martiana, revelador de que el Maestro no fue sólo -como se había entendido
hasta el momento- un político sagaz preocupado por las circunstancias internacionales de
finales del pasado siglo, sino que fue, además, un consciente estratega ejecutor de una
acción diplomática para alcanzar sus propósitos liberadores para Cuba y el resto de
América Latina.
El libro comienza por analizar los criterios y las acciones
de Martí a propósito de la primera Conferencia Panamericana efectuada entre 1889 y 1890,
y de la Conferencia Monetaria de las repúblicas de América, reunida un año después y
en la que fue representante de Uruguay.
Pero el centro del estudio examina cómo se proyecto Martí
en la arena internacional al frente del Partido Revolucionario Cubano, para impulsar las
condiciones más favorables a la independencia antillana.
Así, uno de los capítulos del libro se refiere a cómo
él afrontó a gobiernos del Viejo Mundo como España, Francia e Inglaterra, con el
objetivo de impedir el apoyo a Madrid por parte de las potencias europeas, a las que
asignaba un lugar destacado para contrapesar la creciente influencia de los Estados Unidos
en el continente americano.
Sin dudas que el propósito esencial de la obra política
de Martí -como él mismo escribió- fue impedir la expansión de EE.UU. hacia
Latinoamérica.
Para ello no sólo denunció a través de la prensa las
acciones expansivas y solapadas del poderoso vecino, sino que también ejecutó una
cuidadosa línea de acción para evitar las reacciones del gobierno norteño contra los
patriotas cubanos.
En "La diplomacia del delegado" también se
explica la labor martiana para ganar el apoyo de los gobiernos de América Latina, y se
analizan las ideas que fundamentarían la política exterior de la república concebida
por él: contribuir al equilibrio del mundo impidiendo la expansión imperialista de
EE.UU., mantener como contrapeso la presencia diversa de las potencias europeas y apoyar
la acción unida latinoamericana.
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