| Norteamérica daba informes
confidenciales a Weyler Por María Elena
Balán/ Agosto '99
Cuando en agosto de 1896 fueron encarcelados los miembros
de la Junta Revolucionaria de La Habana, Antonio Maceo nombró al frente de esa
organización a su agente Perfecto Lacoste.
El destacado revolucionario aceptó el nombramiento, pero
alertó en una carta a Tomás Estrada Palma, residente en Estados Unidos, sobre los
informes confidenciales que Norteamérica facilitaba al representante de la corona
española en la isla Valeriano Weyler.
"Creo un deber poner en su conocimiento que la
disposición de Weyler prohibiendo la zafra obedeció a que de Nueva York se le mandó una
lista de los dueños de ingenios que pagaron, para que se les permitiera moler. Cómo se
consiguió la lista, lo ignoro". Lacoste solicitaba el más absoluto silencio
sobre las actividades revolucionarias.
En medio de todos los inconvenientes que acarreaba a sus
planes el encarcelamiento de los miembros de la Junta Revolucionaria de La Habana, el
general Antonio Maceo esperaba en los últimos días de agosto del 96 el arribo de una
expedición desde los Estados Unidos.
La ansiedad del jefe mambí crecía por día, pero él
desconocía que el gobierno norteamericano, encabezado por Cleveland, había desatado una
constante persecución contra los independentistas cubanos y sus simpatizantes.
La presidencia estadounidense estaba resuelta a no tolerar
auxilios de ningún tipo a los insurrectos de la isla; sin embargo, ofrecía facilidades a
España, incluida la entrega de datos confidenciales.
Al jefe de la expedición, Joaquín Castillo Duany, no le
resultaría fácil poner proa a Cuba.
Duany, quien debía partir al frente de la expedición con
pertrechos bélicos para Maceo, le escribió a Estrada Palma, delegado del Partido
Revolucionario Cubano (fundado por José Martí) en Nueva York:
"Qué diremos de Mr. Cleveland. He pasado una
semana que ni en el infierno la hubiera pasado peor; tengo el espíritu angustiado, pero
sólo me queda la satisfacción al decir que hemos hecho lo humanamente posible".
Le explicó, además, cómo el barco Tres Amigos fue
registrado por autoridades norteamericanas, y aunque nada más hallaron carbón y
provisiones, le montaron vigilancia para que no zarpara.
Castillo Duany escribía: "qué vergüenza para un
pueblo libre", haciendo alusión a la democracia y la libertad que preconizaba
Norteamérica.
El fracaso de la expedición era evidente. Panchito Gómez
Toro, hijo de Máximo Gómez, lo hizo saber así a su madre en una carta fechada en
Jacksonville el 25 de agosto de 1896:
"Hoy hace 10 días que estamos en esta ciudad,
esperando el resultado de las combinaciones de Estrada Palma. De tanto tropiezo me siento
ya desanimado y desesperado. El doctor Joaquín Castillo Duany ha ido a Nueva York y no
volverá hasta dentro de una semana".
Sin embargo, tanto empeño pusieron los patriotas cubanos,
y muy especialmente Duany, con una tenacidad formidable, que las dificultades quedaron
resueltas y el Tres Amigos, burlando la vigilancia yanqui, zarpó hacia Cuba.
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