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Historia Reseñas
Los curiosos cañones mambises

Por María Elena Balán/ Agosto '99

Acostumbrados como estamos en la actualidad a técnicas de armamentos tan modernas y sofisticadas, resulta sumamente curioso rememorar la artillería mambisa de inicios de la guerra de independencia cubana, cuando el coraje y la inventiva suplían las desventajas materiales.

En museos de la capital, como el de La Habana, hay muestras de cañones de cuero y madera, muy artesanales y rústicos, pero portadores en su tiempo de una carga de pólvora y valentía capaces de causar estragos al bando enemigo.

Las dos piezas conservadas presentan cerca de la culata un orificio o fogón para la colocación de la mecha y el encendido con el bota-fuegos. Los insurrectos usaban pólvora negra y como proyectiles objetos de hierro, plomo y piedra.

Tras la toma de uno de estos curiosos cañones fabricados por el Ejército Libertador, las fuerzas españolas dejaron esta descripción:

"Puerto Príncipe, diciembre primero de 1870. El pasado domingo trajo a esta ciudad la columna de Vista Hermosa un cañón de cuero cogido a los insurrectos, que tiene la figura de una raposa de papas. Por lo que parece, para hacer esos cañones se emplea un alma de madera, se cose a ella la piel de buey fresca o muy humedecida, y sobre ella se teje con la piel de vaca; luego se pone otra piel como forro exterior. La recámara es de madera guarnecida también de un tejido de cuero; se saca el alma, que debe estar hecha de varias piezas, y queda el cañón capaz de resistir cinco o seis tiros. Los cartuchos que se emplean son de caña brava o pito".

En el libro Las armas del Ejército Mambí, su autor, Antonio Ramos Zúñiga, plantea que el 22 de diciembre de 1868 tuvieron su bautismo de fuego los cañones de cuero, como parte de la artillería insurrecta en la Guerra de Independencia.

Fue en Camagüey donde nacieron y se estrenaron estos curiosos artefactos. La región camagüeyana, eminentemente ganadera, desarrolló una original industria bélica, si es que así puede llamársele, dedicada a la fabricación de los referidos cañones.

Sobresalió en esas labores el armero mambí Eloy Boviliers, quien tenía un taller en la zona de Guáimaro. Se estima que tal vez uno de esos cañones fabricados por él fue el usado por Ignacio Agramonte cuando atacó a Puerto Príncipe en 1869.


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