| Valeriano Weyler y su pretendida
batalla final Por María Elena Balán/
Junio'99.
 |
Antonio Maceo |
La red secreta organizada por Antonio Maceo le
permitió conocer a mediados de junio de 1896, que el general español Valeriano Weyler
había acordado un plan de operaciones para dar la batalla final al Titán de Bronce en la
zona de Tapia, en Pinar del Río, donde Maceo había resistido valientemente durante once
combates al enemigo.
El patriota Perfecto Lacoste envió al jefe mambí todos
los detalles de aquel proyecto, logrado por agentes independentistas. Allí aparecían
todos los detalles y destacaba que Weyler daría el mando al general González Muñoz,
quien tuvo que venir de Oriente para hacerse cargo de la encomienda.
Catorce batallones de infantería, 8 escuadrones de
caballería, las guerrillas locales y otros recursos bélicos, serían lanzados contra
Maceo.
La situación no dejaba de ser crítica para el General
Antonio Maceo. Apenas si la mayoría de los 500 veteranos armados con que podía contar,
disponían con más de 3 cápsulas en sus cananas.
En espera de la ofensiva de Weyler le resultaría muy
provechosa una expedición de pertrechos de guerra, pero el Consejo de Gobierno y la
Delegación del Partido Revolucionario en Nueva York no enviaban nada a la región. El
General Antonio tendría que valerse de su audacia ante la escasez, y aunque los tiempos
eran difíciles se sentía satisfecho, porque en aquel sitio eran cada día mayores los
progresos de la causa revolucionaria. Hasta un grupo de soldados peninsulares se
incorporó a las tropas mambisas.
El 18 de junio de 1896 partió el General Antonio Maceo con
una reducida escolta a visitar a su amigo y médico personal, Hugo Robers, quien estaba
herido en el campamento de La Vigía.
Al amanecer del siguiente día, las columnas
dirigidas por el general español González Muñoz iniciaron el combate contra las
posiciones mambisas. Al afrente del campamento había dejado Maceo al general Miró
Argenter, jefe del estado mayor, con cerca de 200 hombres.
Los cañonazos de las fuerzas enemigas anunciaban que la
lucha sería reñida. Aunque Miró Argenter, junto a 2 generales y el resto de los
hombres, combatieron valientemente, no pudieron evitar que soldados peninsulares se
apoderaran del campamento del general Banderas y se posesionaran en el valle de Tapia.
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