| Transfusión sanguínea: ¿fue
siempre igual? Por María Elena Balán
El desarrollo de la transfusión sanguínea marcó el proceso
progresivo de la técnica médica. Desde la antigüedad el hombre pensaba que ese elemento
era esencial para la vida, y los romanos, por ejemplo, bebían la sangre de los
gladiadores heridos en el circo para adquirir su vigor.
También se practicaba el baño sustituyendo el agua por el
rojo y viscoso líquido sanguíneo, tal como hacía el emperador Constantino, El Grande.
En la Edad Media se tomaba la sangre o se frotaba el cuerpo con ella para fortalecer el
organismo, sanar encantamientos y conjuros mágicos.
Pero para llegar a la transfusión sanguínea con todos los
requerimientos, los médicos tuvieron que poseer datos anatómicos y fisiológicos sobre
la circulación. Aunque estaban reseñados ya en manuscritos árabes, no los tomaron en
cuenta.
Hubo varios hombres de ciencia que investigaron las
posibilidades de transfundir sangre de un individuo a otro en siglos pasados.
Una vez conocida la circulación dentro del cuerpo humano,
surgió la idea de aportar sangre de una persona a otra, o hasta de un animal a un ser
humano, lo cual sabemos ahora que es imposible por la incompatibilidad.
Con el surgimiento del instrumental médico necesario, el
propósito de la transfusión sanguínea resultó más viable. La idea de pasar la sangre
de una vena a otra se atribuye a Jerónimo Cardanos y Magnus Pegelius en el siglo XVI, y a
Andrea Libavius la de arteria a vena en 1615. El monje Roberto Galats describió el
método con que hacía las transfusiones en 1656, auxiliado por una bolsa de cuero.
Muchos sucesos desastrosos trajeron aquellas iniciales
transfusiones, con las consiguientes reclamaciones judiciales y polémicas científicas.
Tuvieron que pasar muchos años para que esa técnica se pudiera realizar exitosamente y
sin riesgos.
En Cuba, según recogen las revistas médicas, hay
referencias de transfusiones de sangre a niños y enajenados en 1885. Después se
realizaron de forma esporádica en los inicios del siglo XX.
El primer banco de sangre en la Isla se inauguró en 1945,
y la idea surgió para restituir la sangre que perdían los combatientes en la II Guerra
Mundial, con beneficios, por supuesto, para los Estados Unidos. Ya en esa fecha, en
numerosos países la compra y venta de sangre se iba convirtiendo en un gran negocio.
En la etapa anterior a la Revolución, muchas personas
humildes vendían su sangre como único recurso para atenuar la miseria. Una nueva
concepción de lo que es el donante surgió a partir de 1962, cuando los Comités de
Defensa de la Revolución y el Ministerio de Salud Pública comenzaron a desarrollar un
movimiento voluntario en ese frente.
Cada año en el país se realizan más de medio millón de
donaciones, bajo las más estrictas medidas de seguridad para garantizar su óptima
calidad y evitar la transmisión de enfermedades como el SIDA, la hepatitis B y C y la
sífilis. A lo largo del país hay una moderna red de bancos de sangre y se ha visto, en
muchas ocasiones, cómo los cubanos responden acudiendo masivamente a donar cuando ocurre
alguna catástrofe en el país o en otras naciones.
Artículos
anteriores
-El primer automóvil que circuló en La Habana
-La Sala del Trono del Museo de La Habana
-La ciudadanía cubana del Che
-Historia
antigua de Varadero
-Los varios intentos para asesinar a Mella
-A Cien años del Tratado de París
-Breve historia de la casa cubana
-De las leyendas en torno al traslado de una antigua
villa cubana: Remedios, una pelea contra los demonios
-El valle de los ingenios
-Sucesos del 13 de
marzo de 1957. Los estudiantes pusieron en jaque a Batista.
-Guerra Hispano-cubano-americana: de cuando la prensa
amarilla se volvió roja
-Guerra del 98: la cara oculta de una resolución
-Apocalipsis de la Reconcentración. |