| La Sala del Trono del Museo de La
Habana Por Juan Emilio Fríguls
La prevista visita oficial a Cuba de los Reyes de España,
Juan Carlos Primero y Doña Sofía, pone en plano de actualidad (por el símbolo de
realeza que representa) a la Sala del Trono del Museo de la Ciudad de La Habana, en el
antiguo Palacio de los Capitanes Generales.
A su valor histórico y emblemático como símbolo de la
monarquía española, vigente en la isla durante la época colonial, se unirá otro
acontecimiento: quedará incluida en el programa de actividades que cumplirán los
augustos visitantes en su viaje a la capital cubana.
El director de la Oficina del Historiador de la Ciudad,
Eusebio leal Spengler, ha ofrecido ya los antecedentes de estos salones del Trono en
tiempos de la metrópoli hispana, cuando ejercía su gobierno en las colonias del
continente americano mediante virreinatos, capitanías generales y tenencias de gobierno.
La historia de un trono
En los virreinatos, como lo indica su nombre, existía un
virrey que estaba investido de facultades extraordinarias. En las capitanías generales,
como era el caso de Cuba, gobernaba un militar español, y sucedía que en determinados
tiempos se unían los poderes del Capitán General, militar y civil, en una sola persona.
Estos capitanes generales, pese a su poder representativo,
no podían sentarse en la Silla de la Sala del Trono, que estaba limitada al monarca o a
un miembro de la familia real.
En el palacio
de los Capitanes Generales -hoy Museo de la Ciudad de La habana- se contaba con una Sala
del Trono donde se recibían las cartas credenciales de los cónsules, ya que los
ministros plenipotenciarios (actualmente se llaman embajadores) se acreditaban en
Madrid.
La Sala tenía un dosel, símbolo del poder y del principio
de la autoridad.
La visita de la infanta Eulalia
En el año 1893, durante la visita a La Habana de la
infanta Eulalia, hermana del joven rey Alfonso Doce (bisabuelo de Juan Carlos Primero), se
remozó y preparó la Sala del Trono, que la infanta utilizó en representación del
monarca.
Ahora, en estos fines del siglo XX, con la restauración
del Palacio de los Capitanes Generales, están en la sala los retratos de la infanta y
también los del rey Alfonso Trece y la reina madre María Cristina de Austria.
Los muebles son cubanos, de maderas preciosas con enchapes
de oro.
Situado en la planta alta del Museo de la Ciudad, el
Salón, un remedo del Gran Salón del madrileño Palacio de Oriente, guarda también el
cuadro de Isabel Segunda pintado por Federico Madrazo, pintor de cámara de la realeza
española.
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