| Los varios intentos para asesinar
a Mella Por Angelina Rojas Blaquier
El atentado que el 10 de enero de 1929 causara la
muerte de Julio Antonio Mella, en México, no fue el primer intento por cegar su vida.
Hacia 1920, las incertidumbres políticas republicanas en
Cuba matizaron la rebeldía innata de los jóvenes, y entre ellos la de Mella, que se
inició en las luchas universitarias durante el gobierno de Zayas (1921-25) y rápidamente
comprendió que no habría transformación en la Universidad de La Habana si no cambiaba
la realidad de su entorno.
Mella emprendió entonces la forja de la unidad de los
estudiantes, los obreros y los sectores populares, premisa indispensable para conquistar
sus exigencias, al tiempo que emergía como inspirador de la lucha contra el imperialismo
norteamericano, que amordazaba a la isla luego de una oportunista incursión en los
finales de la guerra de independencia contra España.
Sus ideas y acciones comenzaron a influir en una masa
heterogénea y potencialmente revolucionaria, que no vaciló en interiorizar el mensaje
político, clasista y antimperialista, convirtiéndose en un serio peligro para la
estabilidad del régimen burgués impuesto en Cuba.
Durante el gobierno de Zayas, el joven Mella sufrió
prisiones por su actividad política, hasta que en 1925 Gerardo Machado, al asumir el
poder, consintió en asesinarlo.
El primer intento se produjo en el mismo año 25, luego de
que Mella fuera detenido por su participación en los actos del 27 de noviembre, fecha en
que se conmemora el asesinato de varios estudiantes de medicina por parte de los
colonialistas españoles, acontecido en 1871. En esa ocasión intentaron separarlo del
grupo bajo el pretexto de trasladarlo a la cárcel, con el fin de aplicarle la ley de
fuga.
Cuando 18 días después de haber iniciado la huelga de
hambre en demanda de su libertad, Julio Antonio Mella sufrió serias complicaciones
cardíacas, el gobierno, inflexible, esperó su muerte, pero al día siguiente, obligado
por la presión popular, tuvo que liberarlo bajo fianza.
El intento de ultimarlo fue retomado poco después, cuando
el joven líder, que había fundado junto a Carlos Baliño el Partido Comunista de Cuba,
estaba ya recuperado y planeaba su salida del país. Entonces también fracasaron las
tentativas, gracias a la prontitud y sagacidad de quienes prepararon la partida del
revolucionaria hacia México, donde continuó su entrega a la acción y a la teoría
revolucionarias, a la lucha antimperialista y al combate contra la dictadura machadista en
Cuba.
Mientras crecía la figura política de Julio Antonio, el
tirano Machado - a quien el líder revolucionario llamara proféticamente "Mussolini
tropical" en un artículo periodístico- y sus patrocinadores yanquis se empeñaron
en llevar a cabo el crimen, finalmente consumado hace 70 años. Al asesinar a Mella, por
sus consecuencias, alargaron la cadena de crímenes perpetrados por los políticos
burgueses foráneos y del patio, errados al subestimar los valores patrióticos y
revolucionarios enraizados en el pueblo cubano.
Machado y sus amos del Norte pretendieron frenar con ese
asesinato el empuje de la acción popular bajo la dirección de los comunistas y el
movimiento sindical. Sin embargo, Mella se convirtió en idea y acicate para el progresivo
robustecimiento de la conciencia revolucionaria.
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de la Reconcentración. |