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La visita del papa Juan
Pablo II a Cuba |
El 21 de enero de 1998, en horas de la tarde, arribó a
Cuba el Papa Juan Pablo II, siendo el primer Sumo Pontífice que visita la isla y
cumpliendo un gran sueño de los cubanos, gracias a una invitación oficial.
En su discurso de
bienvenida, el presidente cubano, Fidel Castro, dijo al Papa: "esta Isla le
ofrece una sociedad con más médicos y maestros por habitantes respecto a cualquier otro
país que Su Santidad haya visitado (...) Encontrará un pueblo instruido, con absoluta
confianza en sus ideas y elevada cultura política, al que puede hablarle con la libertad
que desee, pues posee toda la conciencia y el respeto del mundo para escucharlo".
"Me complace dirigir mi saludo, en primer lugar, al
presidente Fidel Castro, que ha tenido el gesto de venir a recibirme", dijo el Jefe
de la Iglesia Católica en su discurso."
"Me llena de satisfacción visitar esta nación, estar entre ustedes y poder
compartir así -agregó- unas jornadas llenas de fe, de esperanza y de amor".
Tras la ceremonia en el aeropuerto José Martí, de la
capital cubana, los habaneros ofrecieron su recibimiento al paso de la caravana papal, que
encabezaba el vehículo panorámico conocido como Papamóvil, en el cual Su Santidad
cubrió un trayecto de varios kilómetros desde la terminal aérea hasta la sede de la
Nunciatura Apostólica.
En la segunda jornada de su visita, el Sumo Pontífice se
trasladó hasta la central ciudad de Santa Clara, donde en la misa que ofició transmitió
un mensaje de amor, paz y esperanza a la familia cubana. Más de 150 mil personas,
creyentes y no creyentes, asistieron a los terrenos deportivos del Instituto Superior de
Cultura Física Comandante Manuel Fajardo, preparado al efecto, que el Sumo Pontífice
calificó de inmenso templo abierto.
"Cuba, cuida a tus familias para que conserves sano tu
corazón", exclamó el Santo Padre, quien agradeció a Dios por el gran don de la
familia, e insistió en que las personas humanas, en su dualidad de sexos son, como Dios
mismo y por voluntad suya, fuente de vida. Juan Pablo II se pronunció igualmente contra
todo aquello que afecte la unidad de la familia y contra la regulación de la natalidad y
el aborto, en tanto destacó la misión educativa insustituible de la familia, y defendió
los valores del matrimonio.
Pocas horas después, se efectuaba otro histórico
encuentro: Juan Pablo II acudió al Palacio de la Revolución, en La Habana, para efectuar
una visita de cortesía al presidente Fidel castro, en un encuentro que duró 45 minutos.
A la llegada del Romano Pontífice al Palacio de la
Revolución, Fidel y Juan Pablo II se saludaron estrechándose las manos y se dirigieron
después a uno de los salones, donde el Presidente cubano saludó a los miembros del
séquito papal, y posteriormente el Santo Padre fue presentado a los dirigentes del Estado
y del gobierno de nuestro país. El Papa estaba acompañado, entre otros por el Cardenal
Angel Sodano, Secretario de Estado; el Nuncio Apostólico Monseñor Beniamino Stella y el
Cardenal Jaime Ortega, presidente de la Conferencia de Obispos Católicos de Cuba.
Fidel acompañó a Juan Pablo II a uno de los salones
del Palacio de la Revolución, donde ambos jefes de estado sostuvieron una entrevista
privada. Tras el diálogo, se efectuó el habitual intercambio de regalos. Fidel obsequió
al Sumo Pontífice la joya de la Orden Félix Varela y un ejemplar de la Edición
príncipe de la biografía de Félix Varela, escrita por José Ignacio Rodríguez en 1878,
sobre la cual el Papa comentó que quedaban menos de diez ejemplares en el mundo. Por su
parte, el Santo Padre regaló a Fidel un cuadro que reproduce un mosaico antiguo de estilo
Bizantino, con la imagen del Cristo Pantocrator.
Fidel - quien estuvo en el recibimiento, la despedida y en
otras ceremonias relacionadas con el programa de Su Santidad -y Juan pablo II, con maneras
de pensar no siempre coincidentes, se trataron con respeto y franqueza y convergieron en
temas como el rechazo al neoliberalismo, la idea de una globalización de la solidaridad y
el repudio a los bloqueos y medidas coercitivas de naciones poderosas sobre otras
pequeñas.
Durante su estancia en la Isla, el Papa Wojtyla ofició
misas además en las ciudades de Camagüey y Santiago de Cuba.
En su homilía en Camagüey, el Papa transmitió un mensaje
de paz y solidaridad a la juventud cubana. Más de doscientas mil personas, creyentes o no
creyentes, asistieron a la plaza que lleva el nombre de Ignacio Agramonte, líder de la
primera guerra independentista en Camagüey, de quien el Papa dijo: "el bayardo, un
héroe querido por todos". En su mensaje, Juan Pablo II se refirió al egoísmo, la
división, la marginación, la discriminación, el miedo y la desconfianza hacia los
otros, como males que dañan la aspiración universal de una vida limpia para la juventud.
El Santo Padre señaló el uso del alcohol, la sexualidad mal vivida, las drogas, la
prostitución y las motivaciones fundadas en el gusto o actitudes egoístas como nocivos a
la juventud del mundo.
En la oriental ciudad de Santiago de Cuba, Juan Pablo II
coronó la imagen de la Virgen de la Caridad del Cobre, Patrona de Cuba, en una misa ante
decenas de miles de personas reunidas en la Plaza de la Revolución Antonio Maceo. En un
altar adornado por la Campana de la Demajagua, símbolo del inicio de las luchas
independentistas del país, Su Santidad exaltó los valores que contribuyeron a conformar
la nacionalidad cubana, incluidas figuras como Carlos Manuel de Céspedes y Antonio Maceo.
El Santo Padre, que adradeció la presencia de altas
autoridades como el vicepresidente Raúl Castro, mostró su satisfacción por encontrarse
en una Arquidiócesis tan insigne, que ha contado entre sus pastores a San Antonio Claret,
cuyo sillón, precisamente, fue usado por el Sumo Pontífice en esa ocasión.
Durante su estancia en la Isla, el Santo padre efectuó
además encuentros con el llamado Mundo del Dolor y el Mundo de la Cultura. En este
último celebrado en el Aula Magna de la Universidad de La Habana, volvieron a encontrarse
Fidel y Wojtyla.
En las últimas horas de su visita a la isla, Juan Pablo II
ofreció una homilía en la Plaza de la Revolución José Martí, en La Habana.
Acompañado por el Premio Nobel de Literatura Gabriel García Márquez y dirigentes del
Estado y el gobierno, el presidente Fidel Castro asistió a la última misa pública
oficiada por el Sumo Pontífice.
"Asistimos al enriquecimiento exagerado de unos pocos
a costa del empobrecimiento creciente de muchos", expresó en su homilía el Santo
Padre, y agregó que "los ricos son cada vez más ricos y los pobres, cada vez más
pobres", subrayando que el neoliberalismo capitalista subordina la persona humana y
condiciona el desarrollo de los pueblos a las fuerzas ciegas del mercado". Juan Pablo
precisó que esas fuerzas "gravan desde sus centros de poder a los países menos
favorecidos con cargas insoportables".
El Papa reflexionó en torno al hecho de que Félix Varela,
animado por su fe cristiana, sembró en el corazón del pueblo cubano las semillas de la
justicia y la libertad, al tiempo que se refirió también al pensamiento y la acción de
José Martí. En otra parte de su discurso, el Sumo Pontífice dijo que en diversas
ocasiones se ha referido a los temas sociales, pero que es preciso continuar hablando de
ello, mientras que en el mundo haya una injusticia, por pequeña que sea.
Agregó que para muchos sistemas políticos y económicos,
el mayor desafío sigue siendo conjugar libertad y justicia social, libertad y
solidaridad, sin que ninguna quede relegada a un plano inferior. Reiteró que Cuba está
llamada a vencer el aislamiento, "ha de abrirse al mundo y el mundo debe acercarse a
Cuba, a sus hijos, que son sin dudas su mayor riqueza".
Al finalizar el acto litúrgico, el Papa Juan Pablo II fue
esperado al pie del altar por el presidente Fidel Castro quien lo saludó efusivamente,
para luego saludar ambos a religiosos, no creyentes y visitantes extranjeros que
encabezaban la muchedumbre reunida.
En la despedida, el día 25 de enero en horas de la noche,
Fidel despidió a Juan Pablo II en la terminal aérea José Martí, en una emotiva
ceremonia en la que el presidente cubano y el Jefe de la Iglesia Católica pronunciaron
sendos discursos , ampliamente difundidos por la
prensa internacional, como lo fue también todo el desarrollo de la visita.
Durante los días de la visita, viajaron a Cuba centenares
de latinoamericanos, 2 mil 500 periodistas extranjeros y unos 4 mil cubanos residentes en
el exterior. La realidad de la Isla estuvo al alcance de millones de personas en todo el
mundo, en un duro golpe a las constantes campañas informativas difamatorias contra el
país caribeño. |