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Menos nosotros,
los mejores
Por
Néstor Núñez
¿Reacción
inesperada? ¿Posición inusitada? Tal vez algún
iluso se haya tragado la historia de apego a la justicia y de equidad
internacional que se canta a veces en Washington. Si se revisa,
tan sólo superficialmente la trayectoria de la Casa Blanca,
los sueños se desvanecen rápidamente.
Por
eso no pocos apenas se alarmaron cuando George W. Bush dijo
que su país no aceptaría la creación de un
Tribunal Penal Internacional, si no se establecía inmunidad
previa a los ciudadanos norteamericanos.
De
manera que la nueva entidad mundial, creada entre otras cosas para
juzgar genocidios, torturas y toda suerte de desmanes a escala planetaria,
tendrá jurisdicción sobre cualquier persona, menos
los que lleven en su bolsillo pasaportes del imperio. Como se verá,
el asunto no es de crímenes, sino de nacionalidad.
No
han sido pocas las discusiones, análisis y conferencias destinadas
a materializar un Tribunal Penal Internacional encargado de juzgar
a criminales de guerra y contumaces violadores de los derechos humanos.
En
julio de 1998 se aprobó en Roma la estructuración
de ese Tribunal. Más de 170 países tuvieron que ver
con su diseño y constitución.
Poco a poco se preparó un texto que estipula acciones contra
brutalidades en los conflictos armados y atrocidades de lesa humanidad,
aunque no fue posible definir claramente las sanciones encaminadas
a atajar el narcotráfico, el terrorismo o el bloqueo contra
pueblos y naciones enteras.
No obstante Washington se negó a firmar el protocolo fundacional
de la Corte, por la que no tiene la más mínima simpatía.
Es
evidente que en materia de posibles sanciones a sus ciudadanos involucrados
en crímenes de lesa humanidad, Washington no está
dispuesto a ceder un ápice.
El
asunto es que el Consejo de Seguridad de la ONU puede suspender
juicios internacionales de forma indefinida, y se sabe que Estados
Unidos es de sus privilegiados miembros con derecho al veto.
Sin
embargo, esa prerrogativa no basta al imperio. Si ha de haber justicia
internacional, debe ser para los demás.
La
bravata es tal, que la Casa Blanca comunicó a Naciones Unidas
que no participará en las denominadas "operaciones de
paz" si no se complacen sus exigencias. Nada, que los norteamericanos
desean quedar exentos de castigo si masacran, vejan, violan y torturan.
¡Cosas de este mundo unipolar!
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