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Un plato especial
llamado ALCA
Ni tan
libre, ni tan fácil
Por
Joaquín Rivery
La intención de Estados
Unidos era zamparse los territorios latinoamericanos de un bocado en
un plato especial denominado ALCA.
W. Bush se mostró magnánimo.
Exhibió sonrisas y llegó a prometer a los gobiernos centroamericanos
que "consideraría" su interés en llegar a tener un tratado
de libre comercio con Washington. Los dirigentes estatales chilenos ya
andan en esos trajines.
Hay otros con prisas
desaprensivas por el continente, que no atan sus manos a los aullidos
sociales emanados de las entrañas de los Andes, de las selvas, de los
llanos. Pero existen cabezas que se maceran las neuronas por la
pobreza hirsuta latinoamericana, algunos con los intereses nacionales
por delante y otros de visión regional.
En resumen, la Cumbre de
las Américas de Quebec tuvo sus bemoles, no todo fue, para las
transnacionales, llegar y tragarse a los latinoamericanos, aunque hubo
muchos en plena disposición de ser deglutidos.
Visto en cifras simples,
el continente es apreciado desde la Casa Blanca (centro del poder de
las gigantescas corporaciones) como un mercado de 800 millones de
consumidores en potencia, aunque los que compran son realmente muchos,
pero muchos menos millones. Es de suponer que allá traten de
controlar el gran bazar, para contrarrestar una avanzada europea que
se mueve lentamente.
Ese es el gran mal de los
gobernantes norteamericanos: verlo todo solamente en estadísticas y
probabilidades de negocios, cuando al sur del río Bravo hay una
mezcla de intereses, necesidades y culturas sin satisfacer.
Los latinoamericanos, que
tanto anhelan penetrar en el mercado norteamericano, tiemblan con la
tupida red de proteccionismo del mercado norteamericano. No se trata
únicamente de barreras arancelarias. Para frenar las importaciones,
Estados Unidos se vale de mecanismos de leyes manejadas según la
conveniencia, donde se teje el anti-dumping con procedimientos
sanitarios y subsidios capaces de alejar de sus fronteras a numerosos
productos.
¿Alguien puede pensar que
el Congreso va a desmontar la urdimbre legislativa lograda por los
consorcios sobre la base de aportaciones a las campañas electorales
de todo el sistema político estadounidense? Está por ver.
Por lo pronto, las
palabras del presidente brasileño, Fernando Enrique Cardoso, sonaron
fuertemente en Quebec en ese sentido. Porque para él, si no se
elimina el blindaje de Washington, el ALCA "sería irrelevante o,
en la peor de la hipótesis, indeseable".
Venezuela, en voz de su
presidente, Hugo Chávez, fue todavía más allá. Firmó el acta con
reservas (sin aceptar) sobre la fecha del 2005 ni una llamada cláusula
democrática, amén de que su línea es fortalecer primero la
integración latinoamericana antes de discutir con el país del norte.
La incertidumbre en
Bolivia es la certidumbre de que el ALCA no va a resolver los
problemas de pobreza del país, conclusión lógica, porque el ALCA es
netamente neoliberal y toda América Latina puede atestiguar qué ha
sucedido con la miseria desde que comenzaron a imponerse las líneas
económicas norteamericanas a través del Fondo Monetario
Internacional: puro crecimiento.
Las islas llameantes del
Caribe tampoco permanecieron mudas. Kenny Ony, primer ministro de la
pequeña Santa Lucía, recordaba que por año "los nuevos
evangelios de la globalización y la liberalización comercial, sin
tener en cuenta las circunstancias especiales de pequeños y minúsculos
estados como los nuestros, nos amenaza con la marginación y la
exclusión".
Y Owen Arthur, de
Barbados, afirmó que a menos que se coloque el hombre en el centro de
los procesos globalizadores, habrá poco espacio para las esperanzas
de cooperación, porque la población está perdiendo confianza en el
futuro y solo ven el lado oscuro del proceso: pérdida de puestos de
trabajo, destrucción de sus culturas y el desarraigo de las
comunidades.
Bush logró el propósito
de revivir las conversaciones sobre la famosa Área de Libre Comercio
de las Américas y va a tratar de impulsarla, pero hay resistencia.
Sin duda las decenas de
miles de personas que protestaron airadamente y fueron brutalmente
reprimidas en Quebec constituyen una muestra de que la gente se cansa
de la deshumanización del neoliberalismo y de que este nuevo paso
denominado ALCA ya genera resistencia.
El propio alcalde de la
ciudad, Jean-Paul L'Allier, dijo que su territorio no va a volver a
albergar una reunión de ese tipo, y al final acotó: "Preferimos
que a la ciudad se le asocie con Porto Alegre antes que con Seattle".
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