| Derechos humanos en los Estados
Unidos: ¿Ley marcial en pequeña escala? Por
Nicanor León Cotayo/ Octubre '99
Una gran parte de los niños y adolescentes que residen en
los Estados Unidos solo pueden estar en las calles hasta una hora determinada de la noche
y no pueden regresar a ellas hasta las 6 de la mañana del día siguiente.
La capital de ese país, donde en 1998 fueron denunciados
46 300 actos delictivos, el pasado 8 de septiembre volvió a imponer el toque de
queda a los menores de 16 años, polémica medida que había sido llevada a los tribunales
por violar derechos humanos.
Luego de tres años de disputas judiciales, un tribunal de
apelaciones autorizó a la Alcaldía de Washington que lo ejecutara, al igual que sucede,
comentó la agencia EFE, en "casi 300 ciudades en todos los Estados Unidos", que
tratan de reducir la delincuencia juvenil.
Los muchachos detenidos por infringir la ordenanza pueden
ser obligados a prestar 25 horas de servicio en un barrio, pero cuando trasladan la culpa
de los hijos a sus padres, entonces la multa se eleva a 500 dólares o incorporarse a
labores que les asignen.
Cuando en 1989 esa Alcaldía trató de imponer un toque de
queda parecido, no fue aprobado, después que el juez Charles Richey estimara que ello
"sometería a los menores del distrito a un virtual arresto domiciliario cada
noche".
Antes de que esas fuertes disposiciones se extendieran por
numerosas urbes, estadísticas oficiales indicaron que en los Estados Unidos la principal
causa de muerte hasta los 23 años de edad era el asesinato con armas de fuego.
El Centro Anti-Violencia, un organismo no gubernamental,
reveló en la capital norteamericana que desde 1989 a 1995 el número de jóvenes de esa
nacionalidad muertos por armas blancas o de fuego se aproximaba a las bajas que sufrieron
en Viet Nam, calculadas apuntó en 58 mil muertos y dos mil desaparecidos en
acciones de guerra.
Una investigación divulgada en abril último por la
emisora televisiva CNN contribuyó a explicar lo anterior, al exponer que entre las 36
naciones más ricas del mundo, los Estados Unidos poseen la mayor tasa de muertes
provocadas por armas de fuego.
Un ejemplo lo brindó New England Journal of Medicine, al
informar que durante 1991, y debido a reyertas de grupos, en la ciudad de Los Angeles
fueron tiroteados desde automóviles en marcha 667 niños y jóvenes, en su mayoría
pandilleros, con un saldo de 465 muertos y heridos.
Esa publicación del mundo médico norteamericano estimó
que la causa del sostenido crecimiento de esas pandillas juveniles hay que buscarla en el
desempleo, la falta de educación, el racismo y la crisis de las instituciones sociales y
culturales.
El presidente Clinton, durante su habitual discurso radial
de los sábados, dijo semanas atrás que desde la televisión y el cine hasta la música y
las pantallas de computadoras, "demasiado a menudo glorifican la violencia" y
hacen que la juventud se habitúe a ella.
El Instituto de Investigación de las Tendencias
Armamentistas reveló en Washington el 27 de octubre de 1997, que más de la mitad de los
500 millones de "armas de calibre pequeño", como fusiles y granadas de mano,
que hay en el mundo, se encuentran en los Estados Unidos. Esa mercancía está a la venta
allí en establecimientos comerciales que en 1993 ya sumaban 269 mil.
Desde fines de los años 80 se ha duplicado el número de
norteamericanos que temen sufrir un acto de violencia. Esto resulta "el mayor
problema que los Estados Unidos debe afrontar en medicina mental", afirma Shelley
Neirbach, autora del libro Invisible Wounds (Heridas Invisibles).
Por todo lo dicho, casi 300 ciudades de ese país, incluida
la capital, han apelado al referido encierro domiciliario forzoso de sus niños y
adolescentes para salvarles la vida, así como para tratar de disminuir la delincuencia
que practican.
En noviembre de 1993, por ejemplo, numerosas localidades
del estado de Nueva Jersey prohibieron a los menores de 18 años salir a la calle entre
las 10 de la noche y las 6 de la mañana siguiente, al tiempo que sancionaban la segunda
violación con mil dólares de multa.
En la ciudad de San Francisco, estado de California, fue
implantado algo similar en septiembre de 1995 a raíz de suscribirse un proyecto que
encabezó su alcalde Frank Jordan, con el argumento de que constituía una "ley de
emergencia".
Una legislación por el estilo existe hoy en Chicago,
estado de Illinois, donde se estipula que los adolescentes hasta 16 años deben estar en
sus casas antes de las 10:30 de la noche, de domingo a jueves, y antes de las 11:30 de la
noche los fines de semana.
Quienes en esa localidad son atrapados en la calle fuera de
tal horario, pagan una multa de 100 dólares, y según fuentes periodísticas, en 1997 el
Departamento de Policía del lugar emitió más de 71 mil citaciones debido a
incumplimientos de la ley.
Al valorar las duras restricciones impuestas al movimiento
de niños y adolescentes de su país, la Unión Americana de Libertades Civiles ha
criticado reiteradamente el hecho y manifestado que se trata de una "ley marcial en
pequeña escala".
Esta realidad merece una consideración.
Cada año el gobierno de los Estados Unidos emite un
documento en el que juzga la situación de los derechos humanos en el mundo, excepto en su
propio territorio, y constantemente ruge a manera del más ardiente defensor de esos
derechos sobre el planeta.
Lo hace caminando sobre un piso muy frágil, porque en ese
tema, como ha sido denunciado entre otros por muchos norteamericanos, organizaciones
internacionales y Relatores Especiales de la ONU, Washington tiene mucho más de acusado
que de fiscal.
En ese contexto hace 40 años que fustigan duramente a Cuba
en todos los escenarios del planeta. ¿Tienen un átomo de moral para hacerlo? Tomemos,
entre mil, el caso de los niños y adolescentes que por allá en cifras impresionantes ven
recortada su libertad de movimiento.
En esa sociedad capitalista desarrollada que años atrás
proclamaron victoriosa frente al socialismo, el temor a sufrir un acto de violencia ha
devenido, como se dijo antes, en el problema número uno en el campo de la medicina
mental.
Una señal de fracaso, que se ahonda cuando tienen que
apelar al toque de queda para tratar de impedir que mueran o asesinen a los
estadounidenses más jóvenes, y cuando ese paso corrobora hasta qué punto allí se está
desgranando un modo de vida.
En 40 años de Revolución en Cuba jamás ha sido coartada
la libertad de movimiento diurno o nocturno de niños o adolescentes, en ningún momento
han sido forzados a permanecer en sus hogares ni por 60 segundos de un día. Eso, al igual
que se hace en otros frentes, es respetar en concreto un derecho humano.
Efectivamente, muchas son las diferencias que hay entre el
sistema económico, político y social existente en Cuba, y el que impera en los Estados
Unidos. Acabamos de ver una.
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