| El siglo de los desplazados Por Néstor Núñez
A inicios de la década del '50, cuando todavía la pólvora de la
Segunda Guerra Mundial se respiraba en la devastada Europa, fue creado el Alto Comisionado
de la ONU para los Refugiados, ACNUR.
Por entonces, pese a la destructiva contienda, el número
de desplazados en el planeta apenas sumaba dos millones de personas, la mayoría
relacionada con los movimientos humanos que había provocado la ira nazi y su afán de
hegemonía universal.
Los más optimistas creyeron que en unos tres años el
asunto estaría resuelto, y que la ACNUR podría terminar sus funciones de inmediato. Casi
cinco décadas después la expectativa de que ello suceda no existe, y el mundo está
lleno de personas que se ven obligadas a huir de sus casas y países empujadas por una ola
de violencia nacida de apetencias y ambiciones imperiales.
Hubo quienes imaginaron que después de la II GM el reino
de la paz llegaría. Pero tal suceso era difícil en un planeta donde la idea fija de unos
es solazarse a costa de los padecimientos de otros.
Pasaron apenas unos años y las bombas volvieron a resonar
en el escenario internacional. Guerras de reconquista colonial, agresiones a países más
débiles, repartos forzosos de territorios, golpes de Estado para sumar acólitos,
formaron un mosaico que agregó más desplazados a la cifra casi irrisoria que existía en
1951.
Las armas, cada vez más destructivas, convirtieron a la
población indefensa en blanco predilecto, y para algunos estrategas hacer sufrir a los
inocentes resultó una forma de presión para lograr sus objetivos. La huida masiva fue
impuesta.
El mundo se aboca al próximo milenio con la nada agradable
cifra de 22 millones de refugiados en diferentes zonas de su geografía.
Desembocar en un planeta unipolar fue, al contrario de lo
que proclamaron hace unos años los voceros imperiales, adentrarse en el caos y en la
explosión de la brutalidad.
Las guerras no cesan, rebrotan viejos conflictos étnicos,
religiosos y de otros tipos alentados por una división geográfica dispuesta a capricho
por los poderosos, y el imperio hegemónico prefiere la fuerza al diálogo en la arena
internacional.
Como consecuencia, la gente huye masivamente y ante la
avalancha se cierran fronteras y caduca la capacidad de socorrer. Entre los funcionarios
de la ACNUR crece la incertidumbre. El drama se prolonga y nada indica que los cánones
actuales promuevan lo contrario.
Artículos anteriores
-El otro gran negocio
-¿Por
qué Yugoslavia y no Turquía?
-Mirando a fondo tras las bombas
-La Batalla por el Este de Europa
-Cuba en la avanzada educacional
-Mirando a fondo: ficciones a término de siglo
-Nuevas medidas de Estados Unidos: una acción con
fines subversivos
-Cuba por dentro: en beneficio de todos
-Ante una nueva maniobra yanki...Cuba no acepta limosnas
-Cubanos en el MIDEM Latino: Los oídos sordos de
Miami
-Estados Unidos, ¿un pedazo del Paraíso?
-La Florida hoy |