Cruzada
imperial
(Redactó:
Pedro Arturo Pérez).
La
fuerza militar actuó en las relaciones internacionales, como
opción casi única de los Imperios para imponer su
hegemonía, propiciando el establecimiento de bases militares
en el extranjero, que permitían avanzar el poderío
bélico, acercar los objetivos de ataque y alejar las amenazas.
Hoy, finalizada la guerra fría la administración Bush
ha ideado una supuesta cruzada contra el terrorismo que no solo
afianza sus antiguos enclaves militares, sino que propicia la implantación
de otros nuevos en un área llamada: “Arco de inestabilidad”.
Esa zona estratégica se extiende desde la región andina
en nuestro hemisferio, atraviesa el norte de África y continúa
por el Medio Oriente hasta llegar a Filipinas e Indonesia en el
Pacífico, coincidentemente con la ruta del petróleo.
Es
difícil conocer con exactitud la cantidad de bases militares
que tienen los Estados Unidos en el extranjero; no obstante, cifras
oficiales del departamento de Estado de ese país aseguran
que este año llegaron a 737, catalogadas como principales,
medianas y pequeñas.
Aunque parezca una vasta red de bases inexplicablemente el informe
no incluye sus instalaciones en Irak, Afganistán, Honduras,
Uzbekistán, Kirgistán, Qatar y Kosovo. No se incluye
tampoco en esa lista a los enclaves militares de nuevo tipo, como
son los sitios operativos avanzados y las instalaciones de seguridad
cooperativas, que constituyen soporte para el despliegue militar
y toda una artimaña para enmascararse ante la opinión
pública.
Además, en territorio norteamericano hay más de 6
mil bases militares, y desde luego, ninguna extranjera.
La administración Bush en su despliegue bélico deja
ver a las claras los intereses que persigue, no es casual que los
enclaves militares norteamericanos en el extranjero estén
en las áreas ricas en recursos geoestratégicos.
El petróleo, el agua y la biodiversidad son la causa por
la que el imperio intenta repartirse el mundo a través de
su influencia militar. Las reservas de petróleo del territorio
de los Estados Unidos solo alcanzan para once años de explotación.
Sus depósitos de aguas subterráneas están profundamente
deprimidos, mientras, en Latinoamérica se encuentra la mayor
biodiversidad del mundo, motivo suficiente para irrumpir con el
uso de disímiles pretextos, en esos países ultrajando
sus soberanías, infiltrando un arma mortífera: la
trans-culturización .
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