Las
promesas económicas del plan Bush
(Comentó:
Nubia Piqueras)
Al
estilo de los grandes mafiosos o de los gobiernos republicanos,
que a principios y mediados del siglo pasado desangraron a Cuba,
el Plan Bush ahora pretende decirnos cómo debemos planificar
el presupuesto nacional para que la economía florezca.
Y
es que este macabro informe parte del supuesto de que la economía
cubana está en ruinas, y que su reconstrucción es
posible a partir de la manutención financiera del gobierno
norteamericano.
Sin embargo, la primera sorpresa estriba en que no existe ni un
solo planteamiento al respecto, por el contrario se plantea que
el peso de la reconstrucción económica de Cuba no
debe recaer completamente sobre los hombros de Estados Unidos.
Para ello sugieren otras fuentes de posible contribución
como el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial.
La falta de originalidad del Plan Bush no solo se expresa en su
redacción, sino también en el enfoque que sugiere
para lograr la reconstrucción económica de Cuba.
Las recetas sugeridas en este acápite resultan una copia
mecánica de los planes de ajustes neoliberales que fracasaron
en América Latina y otras partes del mundo.
Todo por supuesto en el escenario de un gobierno de transición,
al estilo iraquí, que convertiría a la economía
de la Isla en una especie de sucursal de La Florida.
Y como era de esperar, lo más importante en opinión
de los redactores de este Plan, no es desarrollar nuevas capacidades
productivas, exportaciones o actividades de alto ingreso y rentabilidad
para el país, sino que la pieza clave de la reconstrucción
económica es la devolución de las propiedades a los
batistianos explotadores.
Ratificando lo expuesto en la Ley Helms-Burton, el Plan Bush reconoce
como reclamantes a los estadounidenses que tuvieron propiedades
en Cuba, así como a los antiguos propietarios cubanos que
adquirieron después la nacionalidad estadounidense, incluso
los residentes en nuestro país.
Aún cuando este informe hace malabares para evadir la palabra
desalojo, por cuanto plantea que si la propiedad reclamada está
ocupada, el reclamante no podrá expulsar al ocupante por
un tiempo determinado; lo cierto es que una vez transcurrido el
período, 85% de los actuales cubanos propietarios de viviendas,
quedarían en la calle.
Sin lugar a dudas, esta es la llave que abre las puertas de la supuesta
y macabra reconstrucción económica en Cuba.
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