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Nada ni nadie podrá ya detener nuestro destino, ni mediante las armas, ni por medio de la ignorancia,
el engaño y la demagogia


Discurso pronunciado por Fidel Castro Ruz, Primer Secretario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba y Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, en la Tribuna Abierta de la Revolución, efectuada en el área deportiva "Eduardo Saborit".

Ciudad de La Habana, 31 de marzo del 2001, "Año de la Revolución victoriosa en el nuevo milenio".

(Versiones Taquigráficas - Consejo de Estado)


Compatriotas:

Hace exactamente 15 meses y 26 días se inició en nuestra capital la movilización de masas más grande que ha conocido la historia de nuestro país. El brutal secuestro de un niño cubano, que no había cumplido todavía 6 años, fue la chispa que encendió esta lucha, transformada por el Juramento de Baraguá, en el que nos comprometimos a no cesar el combate mientras existan el bloqueo criminal y la guerra económica contra nuestro pueblo, las repugnantes leyes Torricelli y Helms-Burton, las cínicas enmiendas y perchas impuestas a importantes leyes que no admitían dilación, políticas de incesante hostilidad y agresión, una Ley asesina de Ajuste Cubano que viene matando jóvenes y ancianos, madres y niños, mujeres y hombres de cualquier edad desde hace 35 años, la ocupación ilegal de un pedazo de nuestro territorio desde hace 100 años. La lucha iniciada aquel 5 de diciembre de 1999 se ha convertido hoy en una colosal batalla de ideas que no se detendrá mientras exista el sistema imperialista.Ya no hay sitio en nuestra ciudad para convocar al pueblo capitalino. Este mar de pueblo, en el espacio más amplio que pudo encontrarse para una Tribuna Abierta en Playa, uno solo de los quince municipios que componen nuestra capital, demuestra la unidad y la fuerza alcanzadas. Este es el pueblo "esclavizado" cuyos derechos humanos reclama en Ginebra el imperio "democrático" de Estados Unidos, y lo hace con más furor que nunca, apenas tres meses después de que se protagonizara el fraude electoral y el robo más escandaloso del codiciado trono presidencial cometido jamás en ese país.

Nunca, en ninguna otra etapa de la vida política de nuestro país, la ideología del imperialismo ha sido sometida en el seno de nuestro pueblo a tan demoledora y profunda crítica.

La desaparición del campo socialista de Europa y la desintegración de la Unión Soviética significaron un durísimo golpe a las ideas progresistas y las justas aspiraciones de cambios sociales en el mundo, sembrando desaliento, confusión, e incluso desmoralización e importantes deserciones en las filas de muchas fuerzas de izquierda. Tras el fin de la guerra fría, cuando la única superpotencia ya existente comienza a ejercer su dominio hegemónico en nuestro planeta, y cuando se consideraba que nuestra Revolución dejaría de existir en cuestión de días, semanas o a más tardar meses, la heroica resistencia de Cuba demostró a todos los pueblos del mundo que las ideas justas defendidas con honor y firmeza por una pequeña Isla a pocas millas de la gigantesca potencia imperial no podían ser aplastadas.

Nuestro pueblo había soportado más de 40 años de bloqueo, invasión mercenaria, amenaza y peligro real de ataque nuclear, guerra sucia, guerra económica, guerra biológica, guerra política, todos los métodos imaginables de subversión y desestabilización, sin excluir cientos de fracasados intentos de descabezar nuestro proceso político mediante el asesinato de sus dirigentes.

Hoy en todas partes renace con fuerza la rebeldía de los pueblos, de millones de seres humanos cada vez más explotados y saqueados, cada vez más ultrajados por el creciente número de pobres y hambrientos, de más analfabetos, más personas carentes de atención médica, más desempleados, más niños deambulando por las calles y pidiendo limosna, más niñas prostituidas, más comercio sexual, más drogas, más delitos, y más enfermedades resistentes a los antibióticos, más SIDA, más medicamentos caros, más abusos, más corrupción política, más engaño, más publicidad enajenante, más mentiras, más contaminación ambiental, más disminución de recursos naturales, más envenenamiento de los ríos, de los mares, de la atmósfera; más desiertos, más tierras salinizadas; menos bosques, menos áreas cultivables, menos agua potable, menos racionalidad en la distribución de los recursos para un desarrollo sostenible, menos capacidad en los organismos financieros internacionales y en los propios gobiernos de los países ricos, creadores de las sociedades de consumo, que monopolizan casi todas las tecnologías y el dinero del mundo, sin voluntad alguna de enfrentar los crecientes y complejos problemas de la sociedad humana.

El más voraz e irresponsable de todos, que preside el país que consume el 25% de la energía mundial, acaba de proclamar unilateralmente que no respetará el compromiso alcanzado en Kyoto para reducir las emanaciones de gases contaminantes, reafirmando de este modo un desprecio absoluto por la opinión y los intereses del mundo, incluso del propio pueblo de Estados Unidos. Tal acción que ya había sido precedida por otras de siniestras consecuencias: la decisión igualmente unilateral de romper acuerdos que han sido vitales para la paz internacional, anunciando la determinación de construir un supuesto escudo total antimisiles que inevitablemente conducirá a una nueva carrera armamentista en el momento más inoportuno que podía concebirse, cuando el planeta —habitado ya por más de 6 100 millones de habitantes, de los cuales las tres cuartas partes son pobres— inicia un siglo que será sin duda el más difícil y crucial de la historia milenaria del hombre.

Los cubanos podemos sentirnos orgullosos de estar muy conscientes de la responsabilidad histórica adquirida por nuestro pueblo en su larga lucha por la libertad y la justicia. Contamos, además, con el espíritu internacionalista forjado en 42 años de continuo batallar contra el más poderoso imperio que haya existido, lo que nos hace acreedores al derecho de comprender cabalmente y hacer nuestro aquel extraordinario concepto de Martí cuando nos dijo: "Patria es Humanidad" (Aplausos).

No renunciaremos nunca a los principios que adquirimos en la lucha por traer toda la justicia a nuestra Patria poniéndole fin a la explotación del hombre por el hombre, inspirados en la historia de la humanidad y en los más preclaros teóricos y promotores de un sistema socialista de producción y distribución de las riquezas, el único capaz de crear una sociedad verdaderamente justa y humana: Marx, Engels y más tarde Lenin. Jamás hemos dejado de recordar sus nombres, como han hecho no pocos tránsfugas y cobardes.

Desde fecha tan temprana como el 16 de abril de 1961, víspera del artero ataque imperialista por Girón que pretendía ocupar un pedazo de nuestro territorio para instalar un gobierno cuya única misión era abrir paso a una sangrienta intervención de nuestra Patria por fuerzas extranjeras, tuve el privilegio de proclamar el carácter socialista de nuestra Revolución (Aplausos y exclamaciones de: "¡Fidel!, ¡Fidel!, ¡Fidel!"). Por tan sagrada causa derramó nuestro pueblo su sangre generosa, como supo exponer hasta su propia supervivencia con valor espartano en los días de la Crisis de Octubre de 1962, antes que hacer indignas concesiones. Con ese mismo valor fue capaz de cumplir gloriosas misiones internacionalistas, combatiendo contra el colonialismo y el repugnante régimen del apartheid, heredero del nazismo y socio estrecho de Occidente hasta el fin de su tenebrosa existencia. En lucha contra ellos también los cubanos derramaron su sangre, sin que tengamos allí, ni en Angola o cualquier otro rincón de Africa, una sola inversión, un metro cuadrado de tierra o el tornillo de una fábrica. Eso es lo que nos diferencia del imperio y sus aliados. Es lo que en la lucha de ideas eleva nuestra moral a la altura de las estrellas.

El pueblo que hoy libra esa batalla de ideas no cuenta con el 30% de analfabetos que encontró la Revolución el Primero de Enero, ni a ninguno de sus hijos les faltan maestros ni escuelas, ni oportunidad de estudio en las más variadas ramas de la ciencia y la cultura. Setecientos mil de ellos son profesionales universitarios. Contamos adicionalmente con miles de eminentes intelectuales y artistas. Hoy luchamos por una cultura general integral. En los próximos 10 años cuadruplicaremos los conocimientos que hemos adquirido en los pasados 42 años.

La Universidad para Todos, las Mesas Redondas, importantes Escuelas de Instructores de Arte recién inauguradas en todas las provincias, y en cada una de ellas centros de formación de Artes Plásticas, Música, Danza, Teatro y otras manifestaciones artísticas, miles de bibliotecas al alcance de cada ciudadano que serán creadas, y el empleo masivo de medios audiovisuales, convertirán a Cuba en el país más culto del mundo, cuyos hijos serán no solo poseedores de profundos conocimientos profesionales, científicos, técnicos y artísticos según la profesión de cada cual, y el dominio de varios idiomas, sino también de una amplia cultura política, histórica, económica y filosófica, que les permitirá comprender y enfrentar los grandes desafíos del futuro. Muy pocos en el mundo podrán dudar todavía de que cumpliremos tales metas.

Nada ni nadie podrá ya detener nuestro destino, ni mediante las armas, ni por medio de la ignorancia, el engaño y la demagogia. Haremos trizas sus cínicas e hipócritas mentiras y sus deshumanizadas y egoístas concepciones. Tardaremos años, tal vez unos cuantos, pero seguirán sufriendo derrota tras derrota y no obtendrán victoria alguna que no sea pírrica. A solo 19 días del 40 aniversario de aquella inolvidable batalla en que supimos defender la independencia de nuestra Patria y el derecho a una revolución verdadera, en la batalla de ideas nos atrevemos a pronosticar que a los imperialistas solo un gigantesco Girón los espera (Aplausos).

¡Gloria al pueblo heroico que tal proeza es y será capaz de realizar! (Exclamaciones de: "¡Gloria!")

¡Patria o Muerte!

¡Venceremos!

(Ovación)

 


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