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Declaración Política del XVIII Congreso Obrero cubano 

(Leída en la multitudinaria manifestación de los trabajadores cubanos por el Primero de Mayo, en la Plaza de la Revolución José Martí, por Pedro Ross, secretario general de la Central de Trabajadores de Cuba).

Ciudad de La Habana, 1º de mayo del 2001, "Año de la Revolución victoriosa en el nuevo milenio".


El XVIII Congreso de la Central de Trabajadores de Cuba, al concluir sus sesiones, patentiza el juramento renovado de los más de tres millones de trabajadores, protagonistas de este proceso de ejemplar democracia sindical y revolucionaria, de defender por todos los medios, y en todas las trincheras, hasta el último aliento si fuera preciso, la causa del socialismo que Fidel proclamó y nuestro pueblo abrazó en los días heroicos de Playa Girón, que es la causa del patriotismo, de la plena independencia nacional, de la justicia social y la dignidad plena del hombre.

Somos y seremos siempre socialistas; un pueblo de trabajadores en el poder, con una obra realizada que nos llena de orgullo; un pueblo unido, solidario, libre, dueño de sus riquezas y de su porvenir: ¡un pueblo invencible!

El socialismo significa en nuestra tierra la fidelidad al legado de Céspedes, al batallar titánico de Maceo, al internacionalismo a toda prueba de Gómez, al pensamiento luminoso de Martí. Con él cobraron vida los sueños de Mella, Villena, Guiteras y tantos otros heroicos combatientes. En él triunfaron los gloriosos caídos en el Moncada, en la Sierra y en el llano. En sus rojas banderas se fundieron las ideas de la emancipación cubana con las de Marx y Lenin, para forjar una sola ideología de redención, humanismo y justicia.

Mientras exista el imperialismo y su ya bicentenaria pretensión de anexarnos, la Revolución no habrá terminado. Reafirmamos nuestra determinación irrevocable de defender esta causa en todos los frentes.

En el decisivo frente del trabajo, mediante el perfeccionamiento empresarial, el incremento de la eficiencia y la disciplina , la erradicación del delito y el desorden, la justa remuneración al trabajador por los resultados, el mejoramiento progresivo de sus condiciones laborales y de vida.

En el frente de las ideas, borde delantero de las batallas actuales, con la formación y profundización de la más sólida conciencia revolucionaria y el desarrollo ilimitado de una cultura general integral. Tal como juramos en Baraguá, no desmayaremos en nuestra lucha hasta hacer que cesen la Ley asesina de Ajuste Cubano, las leyes Torricelli y Helms-Burton, las enmiendas neo-plattistas, el bloqueo y la guerra económica contra Cuba y, en su momento, la devolución del territorio que ocupa ilegalmente la Base yanki de Guantánamo.

En el frente de la defensa de la Patria, ante el peligro nunca descartado de una agresión militar desde el Norte revuelto y brutal que nos desprecia, los trabajadores cubanos tenemos las armas al alcance de la mano y nos entrenamos regularmente, contribuimos a los gastos de nuestras propias unidades y cavamos túneles y trincheras para resistir y vencer, con la Guerra de Todo el Pueblo cualquier zarpazo imperialista.

En el frente de la solidaridad, asumimos a plena conciencia el concepto de que nuestras ideas y nuestra lucha no son sólo por Cuba: ésta es la causa de todos los trabajadores y pueblos oprimidos, de toda la humanidad, la causa bolivariana y antimperialista de Nuestra América.

Para nosotros, globalizar la solidaridad significa no sólo la acción conjunta frente al neoliberalismo, sino la disposición, fieles a nuestra historia internacionalista, al ejemplo imperecedero del Che, de acudir a cualquier rincón del mundo que reclame la modesta y desinteresada presencia de un médico, un maestro, un técnico, un trabajador cubano.

Ser solidarios quiere decir en nuestros días hacer conciencia de los problemas del mundo, fomentar la acción unida de los sindicatos y los pueblos, levantar un frente común en defensa de la vida y la protección del medio ambiente, por el derecho al desarrollo y a un orden económico mundial justo, dar la batalla por la democratización de la ONU y las relaciones internacionales, sometidas hoy a nuevas y brutales formas de totalitarismo.

Nuestra gratitud a las delegaciones fraternas presentes en este Primero de Mayo, por el aliento que nos brindan. Esa solidaridad con Cuba se patentizó con heroísmo en Québec, donde en protesta airada los representantes de los pueblos denunciaron al ALCA como la horca donde el imperialismo pretende colgar los despojos de la ya precaria independencia de los países de Nuestra América.

Proclamamos la victoria moral de Cuba, país de ejemplar respeto a los derechos humanos, y rechazamos indignados la repugnante Resolución impuesta en Ginebra contra nuestra Patria, tras las enormes y groseras presiones y las amenazas de represalias contra los países del Tercer Mundo, ejercidas sin ningún recato por Estados Unidos y sus aliados de la OTAN.

Nuestro desprecio a los lamebotas y a los criados a sueldo, que dieron una puñalada traicionera a Cuba a cambio de las migajas de sus amos yanquis.

No nos ofenden, porque Cuba está demasiado alta para los cobardes, los vendepatria y los gobernantes corruptos. No podrán tampoco doblegarnos, porque la Revolución Cubana no teme a nada ni se deja intimidar por nadie. Menos aún socavarnos, penetrarnos y debilitarnos moralmente, cuando nuestras ideas se yerguen hoy más fuertes y vigorosas que nunca, frente a la orfandad de argumentos y falta de ética de nuestros adversarios.

Los trabajadores cubanos, bajo la guía de Fidel y de nuestro Partido, organizados voluntariamente en nuestros sindicatos y en nuestra Central única, histórica y querida, la de Jesús y de Lázaro, reclamamos con este XVIII Congreso el derecho sagrado a seguir ocupando trincheras de vanguardia en esta batalla.

¡VIVA CUBA LIBRE!

¡VIVAN LOS TRABAJADORES CUBANOS!

¡VIVAN EL SOCIALISMO Y EL INTERNACIONALISMO!

¡VIVAN FIDEL Y RAÚL!

¡HASTA LA VICTORIA SIEMPRE!

¡PATRIA O MUERTE!

¡VENCEREMOS!


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