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LES ADVERTIMOS A NUESTROS ENEMIGOS QUE CUBA ESTÁ CADA DÍA MENOS SOLA, QUE CUBA CADA DÍA ESTÁ MÁS ACOMPAÑADA

Discurso pronunciado por Fidel Castro Ruz, Primer Secretario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba y Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, en la conmemoración del 40 aniversario del Instituto de Deporte y Recreación (INDER) y en la inauguración de la Escuela Internacional de Educación Física y Deportes.

La Habana, 23 de febrero del 2001, "Año de la Revolución victoriosa en el nuevo milenio".

(VERSIONES TAQUIGRÁFICAS – CONSEJO DE ESTADO)


No se hagan ilusiones, que no voy a hacer un discurso largo (Risas y exclamaciones).

Distinguidos invitados;

Queridos estudiantes:

Tengo un problema, y es que hoy estamos conmemorando dos cosas: el 40 aniversario del INDER (Aplausos) y la inauguración de la Escuela Internacional de Educación Física y Deportes (Exclamaciones). ¿Qué hago? ¿De qué hablo? Y todo ha sido fruto de la casualidad, porque esta escuela no se inauguró hace dos o tres meses porque no hubo tiempo. Ahora vino a coincidir la posibilidad con este aniversario, y las dos cosas, a mi juicio, son muy importantes.

Del INDER y sus 40 años puede hablarse mucho. Algunos compañeros han recordado parte de esa historia. Humberto también mencionaba algunas cuestiones relacionadas con el INDER, pero lo mejor habría sido separar los dos acontecimientos: el INDER y su aniversario, la escuela y su inauguración.

Yo preferiría no hablar tanto de nuestra historia deportiva. Cuando entraba a la sala de exposición donde nos esperaban cuatro de los mejores alumnos: una mozambicana, una haitiana, un venezolano y una boliviana, que me dijo que practicaba natación, y después al ver fotos y más fotos sobre nuestros excelentes atletas, sobre gloriosos minutos del deporte revolucionario, meditaba y me preguntaba: ¿Por qué tantas fotos? ¿Es que estamos haciendo la apología del deporte cubano con espíritu chovinista? ¿No estaremos, de cierta forma, humillando a los atletas, o a los jóvenes, o a los estudiantes de otros países, exaltando las victorias cubanas? Es que en ese momento realmente no me acordaba que se estaba conmemorando también el 40 aniversario del INDER. Ahora me explico que hayan puesto tantas fotos sobre nuestro deporte.

Hemos avanzado, se han alcanzado muchos éxitos. ¿Nos sentimos orgullosos? No, todavía no. ¿Nos sentimos satisfechos? No, nunca podremos estar totalmente satisfechos.

Sin embargo, no se apartaba de mi mente la impresión de que este era un gran día, porque si ha sido bueno nuestro deporte, si ha sido meritoria nuestra historia deportiva es porque, precisamente, hemos acumulado la experiencia y el prestigio suficientes para crear esta Escuela Internacional de Educación Física y Deportes.

Sí, uno puede sentir satisfacción al ver esta escuela. ¿Uno puede sentir orgullo? No. Llamémoslo convicción y confianza de lo mucho que puede hacerse en el futuro.

Si de algo podríamos lamentarnos es de que la escuela nos parece pequeña en cuanto a su capacidad de estudiantes.

Yo venía insistiendo en la idea de que alcanzáramos una capacidad de 2 000, porque son cinco años y eso podría garantizar una matrícula un poco mayor, 450 ó 500; pero en presencia de la maqueta, que estaba allí a la entrada en un pequeño salón, me di cuenta de que no debemos ampliar la matrícula.

Yo tenía idea de la escuela. Conocía este lugar, al que viajé muchas veces, recorrí todo este terreno, hasta más allá, del otro lado de las colinas, porque estábamos desarrollando centros genéticos de ganadería, por eso en las proximidades hay muchas lecherías.

Aquí, donde hubo años atrás —bastantes años atrás— un central azucarero pequeño, creo que se llamaba Portugalete, ya no había caña en esta área. Recuerdo que leyendo sobre la campaña de Máximo Gómez en la provincia de La Habana, mientras Maceo marchaba hacia Pinar del Río, él recorrió estos territorios; aparece, en las crónicas de aquella heroica guerra, el nombre de aquel central. Vean cuán relativamente cerca estaban los mambises de la capital.

Gómez realizó grandes proezas y llevó a cabo audaces operaciones militares. Cuando regresaba Maceo de Pinar del Río, aquí en la misma provincia, libraron cerca de esta zona, antes de llegar al pueblo de Madruga, un combate muy importante en el que participaron ambos. Todos estos sitios están llenos de historia, mas en el gran esfuerzo por fortalecer la defensa del país, un día hubo necesidad de construir aquí una escuela y otras instalaciones militares, talleres de equipos ópticos, relacionados con la artillería, y por último, incluso, una escuela de comunicaciones y defensa química.

Pasaron los años, vinieron tiempos difíciles, se cambiaron muchas concepciones relativas a la defensa, y con motivo de ello se fue reduciendo el personal permanente de las fuerzas armadas y quedaron liberadas importantes instalaciones. Esta era una de ellas.

Y vean qué casualidad, fue precisamente en una de las instalaciones de las fuerzas armadas, una gran escuela de oficiales para la Marina, tanto militar, mercante, como pesquera, y no solo de oficiales, sino de técnicos en equipos para la navegación, que quedó liberada al formarse aquel personal en otras escuelas más pequeñas, y gracias al excelente estado en que se mantuvieron esas instalaciones fue posible destinarlas a una escuela internacional de medicina. Aquello coincidió con dos huracanes: uno que arrasó Santo Domingo, golpeó duramente a Haití, y ya debilitadas sus fuerzas por la elevada cordillera que separa a Haití de la República Dominicana llegó a Cuba un poco disperso, y se reorganizó, aunque con menos fuerzas, y atravesó casi la mitad de nuestra isla. Venía como un automóvil o un camión, exactamente por la ruta de la Carretera Central hasta que torció hacia el norte.

Pocas semanas después, tal vez cuatro semanas, un huracán mucho más fuerte cruzó, a determinada distancia de nuestras costas, por el sur, con fortísimos vientos, alcanzó el territorio continental a la altura de Honduras; fue el Mitch, que ocasionó decenas de miles de víctimas y grandes destrucciones. Los hondureños saben, deben haber estado allí estos jóvenes que aquí exhibieron la cultura y la danza de su país, lo terrible que fue aquel huracán y el daño que hizo no solo allí, sino también en Guatemala, Nicaragua, El Salvador, en mayor o menor grado —los tres primeros que mencioné fueron los más azotados—; ello originó la idea de enviar un contingente de médicos a Centroamérica, elaborada sobre la base de la posibilidad de salvar cada año, en esa área, tantas vidas como las que había liquidado el huracán. Así surgió la oferta de enviar 2 000 médicos a Centroamérica.

No habíamos olvidado a Haití ni a Santo Domingo, les propusimos cooperación. Una brigada estuvo allí en Santo Domingo, y otra después, mucho más numerosa, ha permanecido hasta hoy en Haití.

Estábamos proponiendo planes integrales de salud a largo plazo y no simplemente hacer, como hacen muchos, que envían un equipo de salvamento, un pequeño equipo médico 10 días, 15 días; nosotros ofrecíamos un programa por años, programas integrales de salud, a partir de los datos que conocíamos de la mortalidad infantil en el primer año de vida y entre los 0 y 5 años, bastante elevada.

Cuando nosotros afirmábamos que se podían salvar tantas vidas cada año como las que se habían perdido en aquella catástrofe, estábamos razonando sobre bases sólidas. Hoy se ha demostrado que en el primer año de trabajo se logró reducir la mortalidad infantil, en algunas áreas donde estaban trabajando los médicos, de 42 por cada 1 000 nacidos vivos a 16.

Pero más que en aquellos momentos, estábamos pensando en el futuro y de ahí surgió la idea de la Escuela Latinoamericana de Ciencias Médicas, para jóvenes latinoamericanos (Aplausos), latinoamericanos no, en este caso centroamericanos. Habíamos ofrecido 500 becas, y fue tanta la demanda que fue necesario conceder más de 1 000 becas a los países centroamericanos para estudiantes de medicina.

No es que falten médicos en los países latinoamericanos, más bien podía decirse que sobran; pero realmente la medicina en el mundo se ha comercializado extraordinariamente, como está ocurriendo con el deporte, y, en consecuencia, los médicos se acumulan en las capitales y en las grandes ciudades. No hay médicos para ir a los pequeños poblados, a las aldeas y mucho menos a las áreas rurales, y menos aún a las mesetas o a las montañas, donde hay víboras, cosa que no se conoce en nuestro país —me refiero al tipo de serpientes venenosas—, insectos peligrosos; en ocasiones incluso hasta felinos agresivos, y, desde luego, horas y a veces días de camino a pie para llegar a lugares donde no hay electricidad ni nada que se parezca. Sí es muy alto, con mucho frío, y, además, en ocasiones, mosquitos abundantes, donde el trabajo de un médico se convierte realmente en un acto heroico.

Ustedes preguntarán por qué hablo de la Escuela Latinoamericana de Ciencias Médicas, que se fundó con la idea de formar médicos en un nuevo concepto verdaderamente humano y solidario, de la que es tal vez, junto a la educación, una de las mejores y más nobles actividades de un profesional. Sin embargo, es triste ver lo que ocurre prácticamente en todas partes, y no es que los médicos sean malos, hay médicos capacitados; no es que les falte bondad, pero el dinero, los intereses puramente económicos y materiales, opaca aquellos sentimientos que son indispensables en todas las profesiones, podríamos decir, pero fundamentalmente en la profesión del médico o del educador.

Los ingenieros pueden estar en las ciudades, ingenieros industriales, ingenieros civiles, especialistas en construcción de puentes o de grandes instalaciones; en ninguna meseta, en ningún campo, en ninguna aldea hace falta un ingeniero, ni un arquitecto. Puede hacer falta un agrónomo, no hacen falta investigadores ni científicos, excepto que vayan a recoger alguna muestra o hacer algunas pruebas. Pero en los campos, en las montañas, en los lugares más apartados y en los pueblitos más pequeños no se puede prescindir del médico, ni se puede prescindir del maestro.

El maestro es todavía una profesión más humilde, tiene más tradición de trabajar en los campos. El médico es una profesión de más categoría, nivel universitario, y los maestros no lo eran. Hoy nuestros maestros, en su inmensa mayoría, tienen un nivel universitario y contamos con numerosas facultades docentes para formar licenciados en enseñanza primaria, no solo profesores de secundaria básica.

Cuando la Revolución triunfó no había médicos para marchar a los campos, ni maestros para enviar a las montañas y a los lugares apartados; en cambio, había 10 000 maestros sin empleo en las ciudades.

Al triunfo de la Revolución, les abrieron las puertas de par en par en Estados Unidos a los médicos que quisieran marcharse y de 6 000 solo quedaron 3 000 en Cuba; de los profesores de la escuela de medicina se llevaron más de la mitad. Se llevaron también maestros y profesores de otras facultades universitarias, o del reducido número de preuniversitarios con que contábamos, escuelas medias, escuelas secundarias. No hablo de escuelas técnicas, porque en el país había unas pocas escuelas técnicas, y sí recuerdo una categoría de escuela de nivel medio existente, las llamadas escuelas del hogar. Hoy podríamos preguntarnos cuáles son las escuelas del hogar. ¿Acaso escuelas para amas de casa? ¿Acaso escuelas para muchachas que no desempeñarían otra tarea que la de atender al marido y a los niños?

Muy mal estaba la enseñanza en nuestro país. Hoy existen más graduados universitarios que graduados de sexto grado al triunfo de la Revolución. Y vaya usted a saber con qué niveles de graduación en la situación desastrosa en que estaban nuestras escuelas públicas.

Hoy nuestro país dispone de un sistema de enseñanza muy bueno; pero añadiríamos, igualmente, que no por ello estamos satisfechos, aunque nuestros alumnos de primaria, de esas edades de los niños que hicieron hoy aquí ejercicios gimnásticos, alcanzan casi el doble de puntos del promedio que desgraciadamente alcanzan nuestros niños latinoamericanos.

La educación tiene una importancia enorme porque de ella parte todo, y los motivos que expresé originaron aquella Escuela Latinoamericana de Ciencias Médicas. Se vuelve latinoamericana porque desde otros países nos solicitaron becas para esa escuela. Aquellas instalaciones tenían bastante capacidad, y ya el segundo año vinieron más de 2 000, la escuela se había convertido en latinoamericana; y este año, en este semestre, debe alcanzar alrededor de 5 000 alumnos. Pero allí tenemos capacidad, y en las proximidades hay otra escuela de ciencias básicas, en ellas estudiarán los dos primeros años de la carrera, aparte de un semestre inicial que debe utilizarse en la nivelación de los alumnos y en determinada preparación para entrar con los conocimientos adecuados en esos dos años que constituyen el obstáculo más difícil para un estudiante de medicina.

No todas las escuelas preuniversitarias en nuestra área son iguales, unas son mejores que otras, y es por ello necesario dedicarle esos seis meses a la nivelación; pero en nuestros métodos de la enseñanza médica, desde el primer año los alumnos comienzan a entrar en contacto con las instalaciones hospitalarias. En este caso, desde el primero y segundo años, en policlínicos, consultas de los médicos de la familia, donde aprenden a organizar un expediente, una hoja clínica, y obtienen una serie de conocimientos prácticos como parte de su preparación. Los últimos cuatro años van a facultades de medicina que están en las proximidades de los principales hospitales, o de la capital del país, o de las capitales de provincias, o de otras ciudades importantes del país.

De esa experiencia surgió un día la idea de crear una escuela internacional de deportes, cuando nos percatamos de que estaban disponibles estas instalaciones. Hacía más años que ya había cesado en sus funciones como escuela y como centro de preparación de personal para la defensa, y estaba bien cuidada, bien conservada, aunque con más tiempo sin usarse. Vimos que era un lugar que nos parecía excelente, tenía espacio, construcciones, aulas, talleres, almacenes, solo era necesario una reparación, una adaptación como escuela, la preparación de campos deportivos y la disponibilidad de un número de albergues suficientes para los primeros cursos.

Cuando comenzó la escuela en septiembre ya teníamos alrededor de 400 alumnos, porque no todos los países a los cuales se les concedieron becas tuvieron la posibilidad de enviar los alumnos. Se les había ofrecido un número de becas a los 43 píses africanos; pero muchos de ellos disponen de tan pocos recursos que no todos pudieron enviar los alumnos, utilizar las becas ofrecidas. Naturalmente no podían ser muchas, la distancia es grande, la separación de los familiares es más prolongada; no es lo mismo que en nuestra área donde hay países, digamos, como Haití o Santo Domingo que están muy cerca, o México y Centroamérica y el norte de Suramérica. Con las instituciones deportivas de los países latinoamericanos, teníamos muchas más relaciones; disponían de más instalaciones deportivas estos países, un mayor desarrollo deportivo; tenían, incluso, una necesidad mayor de profesores de educación física y deportes.

Así se distribuyeron las becas. Pero veíamos que había una capacidad adicional, nos parecía útil utilizar esas capacidades excedentes. Fue en esa ocasión, y dadas las relaciones existentes y la colaboración que se está desarrollando entre Cuba y Venezuela en materia del deporte, dijimos: Esas capacidades que no se van a ocupar este año debemos utilizarlas, pues si ingresaban 200 alumnos más, todavía quedaría un excedente de 400 disponible para el otro curso, y les ofrecimos 200 becas a los jóvenes venezolanos; esa es la razón por la cual casi un tercio de los estudiantes son venezolanos. Que levanten la mano los venezolanos (Exclamaciones). Vean ustedes, parece un bosque de manos (Aplausos).

Claro, como principio, las becas disponibles se deben utilizar a partir de proporciones y normas. Esta fue la situación excepcional de este año, donde había una capacidad subutilizada. Tenemos que estudiar muy bien la distribución del próximo curso.

Hay que ver que para un país pequeño, como Honduras, digamos, o El Salvador, 10 estudiantes significan más para el desarrollo deportivo del país en el futuro que 150 brasileños; con una población de 160 millones de habitantes, 100 becas para Brasil estaría lejos de ayudar a resolver algún problema.

En realidad, cuando se trate de un país grande, más que necesitar ese país de becas en una escuela como esta, es la escuela la que necesita un número de estudiantes brasileños, por el principio de que estén representados todos los países del hemisferio.

México tiene 100 millones, 10 becas, 15 becas para México no es nada; pero hacen falta 15 becados, un número de becados mexicanos para que México esté presente aquí, ya que estas escuelas no tienen como único destino formar profesores de educación física y deportes, tienen como destino, y quizás principal, hermanar los países latinoamericanos y del Caribe, desarrollar una red de profesionales del deporte óptimamente preparados, que en el futuro podrán comunicarse unos con otros y ayudar a formar un poderoso movimiento deportivo entre pueblos que están llamados a unirse, y más que llamados, obligados a unirse, si es que quieren preservar su identidad, su cultura, su independencia y su esperanza de llegar a constituir un día, como lo soñaron los grandes próceres, a principios del siglo XIX, una gran nación; una gran unión de naciones que hablan el mismo idioma, tienen costumbres similares, creencias religiosas similares, mucha más comunidad cultural que los países de una variadísima Europa que, después de siglos de guerra entre sí, prácticamente barren las fronteras, buscan una moneda común y se unen; porque en este mundo, y con el orden mundial existente en la actualidad, ningún país pequeño y solitario tendría posibilidades de sobrevivir y desarrollarse.

Aquí no estamos hablando de ciencia, aquí estamos hablando del deporte, con la vista puesta en el horizonte, con la vista puesta en el futuro, y formarse en una doctrina del deporte, como se están formando aquellos estudiantes de medicina, en una doctrina verdaderamente humanista. Tendremos que luchar contra la vil y vulgar comercialización del deporte.

Si trágico es convertir la salud en una mercancía, trágico es convertir algo tan noble como el deporte y el ejercicio físico, tan relacionado con el bienestar y la salud humana, en una mercancía. Contra eso, Cuba lucha hoy prácticamente en solitario contra un repugnante mercachiflismo que se ha introducido en el deporte, que no tiene ya nada de amateur, ni en las Olimpiadas.

Bien sabemos lo que son las Olimpiadas; muchos países que no se han ocupado de cultivar el deporte se dedican a comprar atletas, atletas de países que no tienen ni instalaciones deportivas, ni entrenadores, a muchos de los cuales no les queda otra alternativa que marchar por ese camino del deporte profesional y el mercantilismo deportivo.

Al menos experimentamos, más que el honor de las medallas ganadas en buena lid, y a veces contra jueces arbitrarios de las mafias creadas en distintos deportes —esas medallas de oro, de plata y de bronce o esos lugares que ocupa nuestro país y que lo convierten en el país que alcanza mayor número de medallas de oro per cápita que ningún otro país—, más que el honor de ganarlas en buena lid, repito, experimentamos el honor de que jamás hemos ganado una sola medalla, de ningún color, con atletas arrebatados a otros países; que a lo largo de 42 años de lucha revolucionaria y de 40 años de fundada esta institución —me refiero a nuestra institución deportiva—, todas las medallas las hemos ganado con atletas nacidos y formados en nuestro país a lo largo de los años, y tras una larga e infatigable lucha, para crear una cultura deportiva, para crear un movimiento deportivo como el que hemos creado, dedicando atención y recursos a formar profesores y a construir instalaciones. Eso es lo que ha llevado a nuestro país a un sitial en el deporte que ya nadie niega y que hoy es reconocido por el mundo.

Hay tres cosas que universalmente se le reconocen a nuestro país: su desarrollo en la educación, y lo sitúo en ese orden porque primero viene la educación general, comenzando por la alfabetización de un elevado porcentaje de ciudadanos que no sabían ni siquiera leer y escribir, para después graduarlos de sexto grado, de noveno grado y de nivel medio, y garantizar educación primaria, secundaria y media a todos los niños y adolescentes, y pasar muchos de ellos a estudiar después en las decenas de centros de enseñanza superior, creados también por la Revolución.

Es por ello que en el campo de la educación se le reconoce a nuestro país un lugar cimero en el mundo, del mismo modo que en la salud pública y en la educación física y el deporte se le reconocen a Cuba los sitiales cimeros.

He mencionado tres actividades, y sería difícil encontrar tres más humanas: la educación, la salud y el deporte (Aplausos), que prestan sus servicios a todos los niños y a todos los ciudadanos sin cobrar un solo centavo (Aplausos).

No es la única actividad desarrollada por nuestro pueblo en estos años. Están, por ejemplo, la cultura artística, la cultura literaria, que avanza en estos momentos más aceleradamente que nunca. Las ciencias no han sido olvidadas. Los científicos son indispensables y cooperan con la educación. No puede haber una educación o una medicina altamente desarrollada, e incluso un deporte ampliamente desarrollado sin el apoyo de la ciencia.

El esfuerzo de nuestro pueblo se ha encaminado no solo a superar la injusticia social, no solo a erradicar la miseria, y para lograrlo hemos tenido que soportar 42 años de bloqueo, porque el imperio no castiga la malversación de miles y miles de millones de dólares que han llevado a cabo los políticos en muchas partes —no quiero mencionar nombres, entre otras cosas, porque es muy difícil que haya excepciones entre los grandes magnates de la política—; no condena el imperio la injusticia, el crimen, los niños mendigando por las calles, o los mendigos durmiendo bajo los puentes o en los portales; no condena el hambre; no condena escuadrones de la muerte, no condena la corrupción; no condena aquellos sistemas o aquellos gobiernos donde los índices de analfabetismo y de pobreza asombran.

No condenó al apartheid, invertía y comerciaba con él; conocía y toleraba, incluso, la adquisición de armas nucleares en manos de los racistas y fascistas sudafricanos, con la esperanza de que pudieran ser utilizadas contra los combatientes internacionalistas cubanos que luchaban contra las agresiones de los fascistas y racistas sudafricanos en el sur de Angola.

Condenan a Cuba —sé que aquí hay diplomáticos, me enteré porque los oí mencionar—, hay que ver el cinismo que reina en este mundo y qué triste papel el de algunos de sus miembros; es decir, de los miembros de la comunidad internacional y de los gobiernos que pretenden impúdicamente condenar a Cuba en la Comisión de Derechos Humanos. A un país donde nadie podrá hablar jamás de un desaparecido, de un asesinato político, de un torturado. No importan las miles de veces que los mentirosos y calumniadores hayan afirmado que aquí se tortura. Podríamos pararnos delante de cien mil, medio millón de ciudadanos, y preguntarles si alguno de ellos alguna vez ha oído hablar de un ciudadano torturado en nuestra patria.

Me pregunto si pudiera haber algún otro país del mundo que se haya consagrado de tal forma al ser humano, a educar a todos los ciudadanos, que ahora ya, en una etapa superior, los vamos llevando a todos hacia una cultura general integral que, entre otros elementos, contiene algo de lo que carecen muchos países desarrollados, porque ser ricos no significa ser cultos, ser desarrollados no significa ser cultos.

Hay mucho cinismo en la política internacional. ¿Creen que acaso nos atemorizan con sus miserables maniobras allá en Ginebra? No se imaginan hasta qué punto nos reímos de sus ridiculeces, porque allí es donde se pone a prueba la poca ética, o la poca moral, o la poca dignidad, con que puedan contar algunos gobiernos que allí actúan como mafias, bajo la égida, la presión y el mandato del poderoso vecino del Norte, de la superpotencia única que hoy rige en el mundo.

¡Para vergüenza de aquellos que se doblegan, está aquí Cuba como ejemplo! (Aplausos), pequeño país a pocas millas de ese imperio que ha tenido el valor, el honor, la dignidad y la entereza de resistir 42 años de bloqueo y 10 años de período especial, para alcanzar este milenio con más unidad que nunca, más fortaleza que nunca y más capacidad de ser solidarios que nunca, más capacidad de compartir lo que tenemos que nunca, con más capital humano que ninguno (Aplausos).

Nuestro vecino del Norte no podría enviar 2 000 médicos a Centroamérica, a aquellos lugares donde van nuestros médicos. He dicho 2 000 y he exagerado extraordinariamente, estaría por probar si pueden enviar 1 000 no por una semana ó 15 días, sino por un año, dos años, o tres años, prestando servicios a otros pueblos del Tercer Mundo, los que fueron colonias, los que fueron saqueados durante siglos por aquellos que hoy presumen de civilizados y cultos, por aquellos que presumen de ser heraldos de la justicia; porque, realmente, lo que falta es cultura política, esa cultura que nuestro pueblo adquiere cada día más y más, para que no lo puedan engañar ni engatusar y mucho menos desmoralizar.

Ahora andan unos que otros hablando de supuestas posiciones comunes latinoamericanas. Sí, debiera haber una posición común digna, honorable, valiente, independiente, y esa sería no para apoyar bochornosamente al imperio, sino para oponerse a las infames maniobras del imperio contra un pueblo que ha escrito una página en la historia que será muy difícil de ignorar o borrar (Aplausos). Y mientras más se empeñen el imperio y sus acólitos en esa infamia, más fuerte será la decisión de Cuba y la voluntad de Cuba de luchar.

Y lo increíble es que en esa misma Comisión de Derechos Humanos —donde se votará, cuando llegue el día de discutir la resolución yanki, o de los miserables lacayos que la proponen en su nombre, o los que son aliados para apoyarla, ya que eso sí que no perdona el imperio, que le digan no en cualquier tema sobre Cuba— votan, por inmensa mayoría a favor de numerosas resoluciones presentadas por Cuba.

Cuba es el país que presenta más resoluciones en favor de los derechos humanos, y esas resoluciones son apoyadas por la inmensa mayoría, porque ya sería el colmo oponerse a ellas, y se queda solo Estados Unidos, o con tres o cuatro, o con un número mayor de socios en la explotación del mundo; pero que a veces no pasan de 10 o de 15, y las votaciones en favor de las resoluciones de Cuba siempre tienen 30, 35, 40 y más votos. Es así como funciona este mundo.

Pero ese mundo, el de hoy, al que saquean y oprimen el imperio y sus aliados más ricos con su orden económico despiadado, con sus instituciones financieras, con sus millones de millones de deudas impuestas a los países subdesarrollados, obligados a pagar cada año más que lo que se les presta, elevando exponencialmente una deuda que se multiplica, conduciendo a cientos de millones, a miles de millones de personas hacia un abismo sin esperanza, ese orden no se puede mantener, ese orden es insostenible, ese orden se derrumbará ya que no se puede seguir subestimando a los pueblos, no se puede seguir saqueando y despreciando a los pueblos que aprenden y toman cada vez más conciencia de su derecho al bienestar y a la vida.

Nuestro país ha demostrado lo que el pueblo de una nación pequeña es capaz de resistir y es capaz de hacer, y les advertimos a nuestros enemigos que Cuba está cada día menos sola, que Cuba está cada día más acompañada, que el pueblo cubano, a pesar de las mentiras, que es la única ideología, la única arma que pueden esgrimir aquellos que están huérfanos de ideas y carecen totalmente de razón, con las cuales no pueden ya vencer ni ocultar por mucho más tiempo la verdad sobre la Revolución Cubana ni la verdad sobre nuestra Patria, y no son pocas las personas, en cualquier rincón de la Tierra, que no expresen, de una manera o de otra, su reconocimiento, su admiración y muchas veces la gratitud al pueblo que cuando grandes potencias se derrumbaron y quedó solo, frente a todos los pronósticos, fue capaz de hacer lo que hicimos, fue capaz de resistir.

Es por eso que les señalaba que, más que un centro de estudio, este es un punto de apoyo al desarrollo del deporte en los países del Tercer Mundo (Aplausos), y principalmente en los países de América Latina y el Caribe, que son nuestros hermanos más cercanos. Y un país pequeño, bloqueado, que no ha salido todavía del período especial puede, gracias a su capital humano, hacer estas cosas, porque lo que a ellos les cuesta 100, a nosotros nos cuesta uno, porque el capital humano no se puede adquirir con ningún dinero, ni con ningún dinero del mundo se puede realizar lo que puede realizarse con capital humano.

En la mentalidad de nuestro pueblo, al ver una instalación, unos edificios que no estén ejerciendo ningún bien o no estén siendo útiles, puede surgir la idea de crear instituciones como esta o como la Escuela Latinoamericana de Ciencias Médicas; como puede igualmente enviar más médicos, a los países que lo necesitan, que Estados Unidos y Europa juntos. Fíjense lo que afirmo: más que Estados Unids y Europa juntos; y podríamos enviar también más instructores de deportes que Estados Unidos y Europa juntos (Aplausos); y podríamos enviar más maestros que ambos juntos; podemos dar más pruebas de solidaridad y de espíritu internacionalista —no digo más— que Europa y Estados Unidos juntos. No es posible la comparación, porque la noble y extraordinaria idea de la solidaridad y el internacionalismo no existe en el mundo capitalista desarrollado y rico. Tales ideas solo pueden surgir del corazón de una sociedad que lucha por la hermandad entre los hombres y los pueblos, que lucha por la justicia en el mundo.

Esa ha sido hasta hoy y será siempre nuestra conducta futura, porque confiamos en el pueblo. Aquellos que creen que cuando desaparezca un líder desaparece una revolución, han sido incapaces de comprender —y no sé si alguna vez lo comprenderán— algo que hace años dije: "Los hombres mueren, el Partido es inmortal." En este caso sería más correcto todavía decir: Los hombres mueren, los pueblos son inmortales (Aplausos). Las ideas de un hombre pueden desaparecer con él, lo que jamás puede ocurrir es que las ideas encarnadas en el alma y en el corazón de un pueblo puedan morir (Aplausos). Las ideas que aquí cualquiera de nosotros exprese no son simplemente sus ideas, son las ideas de millones y millones de personas, de la inmensa mayoría, de la casi totalidad del pueblo.

Ese afán de auto engañarse, esa puntería de creer en la existencia real de supuestas fuerzas auténticas de oposición demuestra desesperación, demuestra la necesidad imperialista de consolarse de los fracasos y derrotas que han sufrido a lo largo de cuatro décadas y que los lleva a buscar alguna ilusión de consuelo, creyendo que cuatro gatos mercenarios, amamantados con el dinero del imperio y sus aliados, constituyen una fuerza. La cultura política de nuestro pueblo comprende eso perfectamente, y los que tales fantasías se hacen no tienen idea siquiera de hasta qué punto la dirección de nuestra Revolución conoce el pensamiento y los sentimientos de nuestro pueblo.

Nosotros no andamos encaramados en una nube, tenemos los pies sobre la tierra; estamos conscientes, muy conscientes, de la fuerza invencible de nuestra Revolución (Aplausos).

Permítanme añadirles que cuando contemplaba la maqueta de la escuela, incluso pedí que me mandaran una réplica, porque viendo la maqueta y preguntando una por una por las instalaciones ya construidas y algunas que faltan para los ejercicios de gimnasia bajo techo y otros deportes, viendo aquella maqueta y analizando si debía incrementarse o no el número de alumnos, si se construía un edificio más —y no hallaba donde ponerlo, porque rompía la simetría, rompía la belleza del conjunto—, renuncié a la idea de incrementar la matrícula.

Al ver todo aquello, más algunos campos e instalaciones que hay que construir en futuro próximo, llegué a la conclusión de que no debía incrementarse la escuela en una sola capacidad adicional. Se nos podría acumular una cifra de alumnos un poco mayor de la óptima, y digo de la óptima porque llegué a la convicción de una satisfacción, de un aliento que me llevaré de esta escuela, y es que esta Escuela Internacional de Deportes, que felizmente en este lugar con estas edificaciones se ha podido establecer, cada una de ellas ya reales o incluidas en el programa próximo a concluir. Tomando en cuenta que nuestro país cuenta con más de 30 000 profesores de educación física y deportes y lleva a cabo un proceso de reunificación de las facultades de educación física y deportes disponibles, más el restablecimiento de determinadas capacidades para formar técnicos medios que después continuarán sus estudios. Sin contar esta escuela internacional que hoy se inaugura, en las facultades universitarias de educación física y deportes, nuestra capacidad gira alrededor de la cifra de 10 000 estudiantes para ser formados como profesores de esta especialidad.

Es por eso que pensé que si en cualquier momento a otros países hay que darles un número adicional de becas, disponemos de 10 000 capacidades para satisfacer las necesidades de los jóvenes que deseen estudiar esta honrosa carrera, ¿por qué aumentar uno más aquí, rompiendo lo que podía llamarse un equilibrio entre el número de alumnos y las instalaciones de que dispondrá esta escuela? No hay necesidad de romper ese equilibrio cuando tenemos la capacidad disponible expresada, con la cual podrían incluirse un número de alumnos adicionales procedentes del exterior.

Claro, nuestras escuelas no son tan buenas y modernas como esta; pero en ellas se han formado las decenas de miles de profesores que han formado, a su vez, los campeones mundiales, olímpicos y panamericanos cubanos; en ellas se han formado nuestros excelentes instructores o profesores de educación física y deportes, que han prestado servicio en decenas y decenas de países; los que enseñan a nuestros niños, a nuestros adolescentes, a nuestros jóvenes, a nuestros adultos, a nuestros jubilados, que se reúnen en los parques, en número creciente, para hacer ejercicios; porque si un niño necesita de los ejercicios, un hombre de la tercera o de la cuarta edad —y veo que Fernández está riéndose ahí, él y yo somos, más o menos, contemporáneos— necesita hacer ejercicios. De modo que todo nuestro pueblo recibe los servicios de nuestros profesores de educación física y deportes.

También se forman fisioterapeutas que trabajan en los hospitales de rehabilitación cuando hay un accidente; incluso accidentes naturales que se producen como consecuencia de determinadas enfermedades, o accidentes de cualquier tipo que afecten a una persona que requiere meses de rehabilitación. Nosotros hemos visto a esos fisioterapeutas, procedentes de nuestras facultades deportivas, trabajando ocho horas consecutivas por día para devolver la salud, o las posibilidades de moverse, de vivir normalmente, a muchas personas.

Hablar de deportes y de ejercicios físicos es hablar de salud, es hablar de disciplina, es hablar de formación del carácter de los jóvenes, es hablar de hábitos sanos, es hablar de luchar contra las drogas. El deporte es la antítesis de las drogas; el deporte es la antítesis del alcoholismo; el deporte y el ejercicio físico son el remedio preventivo de numerosas enfermedades que matan o invalidan, como el exceso de peso, o la disminución de capacidades de la persona.

Hablar de ejercicio y hablar de deporte no es hablar de campeones olímpicos y mundiales, es hablar de bienestar diario y constante, es hablar de plenitud de salud, es hablar de capacidad de estudio y de trabajo; hablar de educación física y deportes es hablar de una ciencia, de una actividad universal.

Ustedes pueden ser atletas; pero no han venido a esta escuela para ser atletas, sino para ser formadores de atletas, para impulsar el deporte en sus países. No se desalienten si son tres, cinco o diez; el Nuevo Testamento dice que Cristo buscó 12 pescadores. También uno de nuestros grandes patriotas dijo: "Con 12 hombres se levanta un pueblo." Y ustedes, no importa cuántos sean en sus países, conviértanse en apóstoles de la educación física y el deporte; luchen (Aplausos).

Ustedes serán educadores. Ustedes ostentarán el honroso título de profesores y portadores de bienestar y de salud para niños, jóvenes, adultos y ancianos. Créanme y compréndanlo, tomen conciencia de la extraordinariamente noble, beneficiosa y hermosa responsabilidad que ustedes van a tener y van a alcanzar con el sacrificio que hacen aquí, separados de su Patria, separados de sus familiares.

Conviertan esta en la mejor escuela de deportes, en la convicción de que, con los profesores con que cuentan y las instalaciones de esta escuela, algún día de cada uno de ustedes no dirán solo que son profesores y especialistas en esto y en lo otro, dirán: "Son graduados de la Escuela Internacional de Deportes." No está Cuba ahí (Señala hacia el nombre de la escuela), pero cuando se hable de la Escuela de Educación Física y Deportes, esta escuela, única, insuperable, todo el mundo sabrá que se trata de la Escuela Internacional de Educación Física y Deportes de Cuba (Aplausos y exclamaciones).

Así como economistas de Harvard, de Oxford, especialistas en la economía del capitalismo y del imperialismo, en primer lugar, independientemente de que es justo reconocer que algunos son creadores y algunos son muy buenos y no coinciden totalmente con esa locura y ese caos que significa tal sistema, gozan de la fama, envidio la fama futura de ustedes (Aplausos).

Mucho me gustó siempre el deporte, envidio no ser uno de ustedes (Aplausos).

Concluyo, porque hay carreras de 50 metros, con obstáculos y sin obstáculos; hay carreras de 100 metros, de 200 y de 400, de 800 y 1 500, de 3 000, de 5 000, y hay maratones. Permítanme ver el cronómetro: Debo estar a nivel de los 3 000 metros (Risas).

Y concluyo, no voy a decir Patria o Muerte; voy a decir: ¡Viva el internacionalismo! (Aplausos y exclamaciones de: "¡Viva!")

¡Viva la humanidad! (Aplausos y exclamaciones de: "¡Viva!") que, como dijo Martí, es la patria de cada uno de los seres humanos.

¡Viva la juventud! (Aplausos y exclamaciones de: "¡Viva!")

¡Viva el deporte sano y fuerte! (Aplausos y exclamaciones de: "¡Viva!")


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