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DISCURSO DE FIDEL CASTRO RUZ EN LA CLAUSURA DEL SEGUNDO ENCUENTRO MUNDIAL DE EDUCACIÓN ESPECIAL

Teatro "Karl Marx", La Habana,  20 de junio de 1998


 Veo que la mayoría son mujeres (Risas y aplausos.); por lo tanto, debo comenzar diciendo:

Queridas delegadas;

Queridos delegados (Risas.) —no los vamos a olvidar ahora—;

Queridas y queridos maestros cubanos invitados a esta actividad (Aplausos.):

Sé que he llegado un poco tarde, porque ya los brasileños se nos fueron. Ustedes querían que el primer día yo les dijera algunas palabras y yo les hice una seña, no era una despedida, sino que tenía pensado volver por aquí. Pero, además, soy la persona menos indicada para pronunciar estas palabras finales, porque no he participado en las reuniones, ni en las conferencias científicas, ni en los debates que ustedes han tenido.

He podido seguir lo que se ha publicado por la prensa, por la televisión, noticias que llegaban, pero muy breves. Sí tuve oportunidad de escuchar las palabras iniciales de nuestro Ministro y del Presidente de la Asociación, que nos honró ahora con la inmerecida placa que me han entregado (Exclamaciones y aplausos prolongados.), y que recibo únicamente en nombre de los que se lo merecen: nuestros maestros. (Aplausos.) De los de hoy... (Del público le dicen: "Y los de ayer.") ¿Cómo adivinaron? ¿Tienen algún equipo para saber lo que uno va a decir? (Risas.) Bueno, si necesito alguna palabra, acudo a ustedes para que me la presten. Eso quería decir: De los de hoy y los de ayer. No podemos olvidarlos, a todos los pedagogos y a todos los científicos que trabajaron en nuestro país; es decir, pedagogos científicos, investigadores, para alcanzar los logros que aquí se han mencionado, para poder intercambiar las experiencias que aquí se han intercambiado, para poder celebrar eventos como este que aquí se acaba de celebrar. Y, por lo que escuché, parece que en el año 2 mil vamos a tener otro.

Hablar de educación en nuestro país sería un tema muy extenso. Baste simplemente recordar que partimos casi de cero, baste recordar que teníamos un 30 por ciento de analfabetos y un 60 por ciento de semianalfabetos. Nadie sabe los que aquí realmente sabían leer y escribir, porque cumplir un primer grado, un segundo, un tercer grado, saber firmar y escribir algunas frases o hasta una carta, no quiere decir que una persona esté alfabetizada, o que haya recibido una instrucción, o se le pueda llamar, realmente, una persona instruida.

Le estuve preguntando a nuestro ministro, a Gómez (Se refiere al Ministro de Educación, Luis Ignacio Gómez.), si por casualidad recordaba cuántos maestros había en Cuba cuando triunfó la Revolución, y él me dijo que alrededor de 29 mil. Me añadió que aproximadamente 10 mil —y esa cifra sí la recuerdo— estaban sin empleo, no tenían aula ni presupuesto para la educación.

Había algunas escuelas llamadas normales, a las que agradecemos mucho, porque formaron aquellos maestros, y como siempre hay de todo, pues en la educación de aquellos maestros esa conciencia del deber de estar en cualquier lugar del país no existía, o no se aportaba en la formación pedagógica de nuestro país. De modo que, aun cuando al triunfo de la Revolución se designaron recursos, de los pocos que teníamos, para enviar maestros a las montañas y al campo, no teníamos maestros suficientes dispuestos a marchar a las montañas y al campo.

Siempre había un grupo que se incorporaba, pero no estaban educados nuestros maestros para esa tarea; sin embargo, aquellos que sí estaban dispuestos a trabajar en la ciudad y en el campo, fueron la semilla de donde emergió este árbol, relativamente grande, que constituye nuestro sistema educacional y, además, los logros alcanzados en estos años. Hay que recordarlos a ellos también como semilla que fueron de lo que tenemos hoy.

No se aprendió de un día para otro en esta materia, ni se podía adivinar lo que había que hacer. Sí comprendimos que había que alfabetizar primero que nada, y esa tarea se cumplió con el apoyo de los maestros —de aquellos pocos maestros que teníamos— y la participación del pueblo, principalmente los estudiantes, estudiantes de secundaria, de preuniversitario, universitarios, y voluntarios de la población que tuvieran un nivel de educación suficiente para enseñar a leer y a escribir en un año prácticamente, en un año, a los que nunca fueron a una escuela.

Ellos, los que iban a ser maestros de analfabetos, recibieron sus cursos sobre los métodos a emplear y se marcharon a todas partes del país.

Ya teníamos el bloqueo, pero ya teníamos también bandas mercenarias organizadas en muchos lugares del país, organizadas por Estados Unidos, bandas armadas que, desgraciadamente, asesinaron a algunos de aquellos maestros, cuyos nombres hoy se recuerdan en los nombres de escuelas y otras instituciones; se recuerdan y se recordarán siempre. Incluso, algunos de aquellos estudiantes, casi adolescentes, que fueron a las montañas o a los llanos a enseñar a leer y a escribir, más de 100 mil personas. Fue un incalculable número, yo digo 100 mil, es un mínimo, pero si sumamos a todos. Por ahí alguien debe tener la cifra, calculo que por lo menos unos 150 mil participaron en aquella campaña.

Se logró la proeza, que creo que no ha logrado ningún país, de alfabetizar a aquel porcentaje de analfabetos enorme que teníamos. Enseñar ese primer grado, digamos, a todos aquellos que no sabían leer ni escribir y que estuvieran todavía en condiciones físicas de poder aprender algo, y sé que alfabetizaron a personas hasta de más de 80 años. Desde luego, muchos de los que se alfabetizaron, especialmente los más jóvenes, fueron después maestros, profesores y graduados universitarios, en general, muchos; llegaron a graduarse en las universidades un número de ellos, porque más importante que la alfabetización fueron los planes de continuación, los programas de seguimiento, como les llamaban entonces.

Así, después de aquel año, siguió un enorme esfuerzo, durante mucho tiempo, para que aquellos fueran alcanzando el segundo, el tercero, el sexto grado, la secundaria básica, y muchos, muchos lo alcanzaron, a pesar de los pocos maestros y profesores que teníamos.

Hubo que convertir en maestros también a muchos bachilleres o a gente que tuviera algún nivel suficiente de escolaridad, mientras formábamos nuevos maestros. Incluso teníamos tan pocos alumnos de secundaria básica que los primeros aspirantes a maestros que reclutamos en masa entre los estudiantes tenían sexto grado. No había suficientes graduados de secundaria para enviarlos con nueve grados a estudiar la noble profesión de maestros.

Además, a muchos de los estudiantes o graduados de bachiller no los reclamó solo el frente de la educación, fueron reclamados por todos los frentes. La defensa del país reclamó jóvenes con cierta calificación para aprender a manejar determinadas armas con que teníamos que defendernos de ese poderoso vecino; vecino que en plena campaña de alfabetización, en el año 1961, nos invadió con tropas mercenarias, porque la famosa invasión de Girón tiene lugar en el mes de abril del año 1961, el Año de la Alfabetización, y ni siquiera la invasión mercenaria —que, por cierto, fue liquidada en menos de 72 horas, por muy asesorada, preparada y apoyada que estaba desde el exterior, y frente a la escuadra norteamericana, al parecer lista para desembarcar, aunque no tuvieron ni tiempo, puesto que no llegaron a constituir un gobierno allí, no les dimos oportunidad—, ni siquiera en esas circunstancias se suspendió la campaña de alfabetización. Creo que fue uno de los grandes méritos de ese año, que ni entonces suspendimos la campaña.

Les digo que la defensa, la administración pública, las actividades de todo tipo, reclamaron un número elevado de estudiantes de bachillerato y de bachilleres, de modo que, aunque se abrieron las puertas de las universidades, no teníamos suficientes bachilleres para llevar a las universidades. Fue necesario desarrollar planes masivos de formación de maestros; planes masivos de construcción de pequeñas escuelas, sobre todo en el campo y en las montañas, que fueron las primeras, para la enseñanza primaria de nuestros niños. Casi rápidamente se pudo cubrir las necesidades de la enseñanza primaria, y a veces en un bohío o a veces hasta debajo de un árbol estaba la escuela, porque allí se impartían clases. Habíamos aprendido en las montañas que se podía enseñar a la gente hasta en un bosque.

Después se empezaron a graduar en masa de sexto grado. Tuvimos que lidiar con los problemas del retraso escolar, tremendo, hasta ponernos a tono con la edad de los niños. Pasaron muchos años para lograrlo totalmente y después, del sexto grado, en masa, ingresaban en la secundaria, pero no había suficientes escuelas. Hubo años en que la Revolución construyó más de cien escuelas secundarias, con capacidad para 50 mil nuevos alumnos; pero ya teníamos las escuelas y no disponíamos, sin embargo, de los profesores suficientes para ellas. Tuvo que acudir la Revolución de nuevo a los estudiantes de bachillerato, a la juventud, para reclutar estudiantes para ser profesores de secundaria, que ya requerían otro nivel, y tuvimos que establecer un sistema de estudio y de trabajo con los estudiantes para profesores. Es decir, aquellos alumnos estudiaban una parte del tiempo su carrera como profesores y otra parte del tiempo enseñaban a los estudiantes de secundaria. Fue un camino largo.

Entonces, las estadísticas hablaban sobre cuántos tenían títulos; por ejemplo, cuántos maestros de los que estaban enseñando tenían ya título de maestros. Y hubo épocas en aquellos primeros años, que habían coincidido con una explosión demográfica al triunfo de la Revolución, que de cada cien maestros en primaria, si mal no recuerdo, 70 era personal no titulado, y así por el estilo. A eso se añadió después otra cifra estadística, el dolor de cabeza de todos los años: cuántos profesores de secundaria son titulados y cuántos de pre son titulados.

Esto pasó también en las universidades, porque nos llevaron muchos profesores universitarios, los atrajeron, les abrieron las puertas de entrada para que un país tan rico como Estados Unidos, que podía pagar salarios mucho más altos, se los llevara. Nosotros aceptamos la prueba, permitimos que se marcharan los que quisieran marcharse. Como nos llevaron la mitad de los médicos, entonces teníamos 6 mil.

No podíamos graduar masivamente médicos, teníamos que esperar a tener suficientes bachilleres, y para tener suficientes bachilleres teníamos que avanzar en masa hacia la secundaria y después hacia el preuniversitario, construir y construir, graduar y graduar profesores; convertir en profesores universitarios a estudiantes recién graduados, entre los que tenían los mejores expedientes, y crear facultades en todas partes. Había solo dos o tres lugares en Cuba donde existía la enseñanza universitaria, después se extendió la enseñanza superior a todo el país. Incluso, cuando las seis viejas provincias se convirtieron en catorce, ya en cada una de esas catorce provincias había instituciones de nivel superior. Y de escuelas de medicina, por ejemplo, se crearon 21 facultades; la Ciudad de La Habana sola tenía varias, no recuerdo si cinco o seis, otras tenían dos, y las más pequeñas por lo menos tenían una facultad universitaria. Así logramos alcanzar la cifra actual de más de 60 mil médicos.

Cuando uno compara aquellos tiempos con estos, en que cada provincia, por pequeña que sea, prepara a sus médicos y prepara a sus especialistas incluso, podemos apreciar el avance entre entonces y ahora. Dicen que con las glorias se olvidan las memorias. A veces hay que recordar un poco que el camino fue largo para alcanzar lo que hemos alcanzado, y, sin embargo, nos parece corto el camino, porque sabemos que nos falta mucho, mucho todavía por alcanzar.

Después vino la época de los licenciados, de los que buscaban un título superior al universitario, de masters, de doctores, que hay, ¿cuántos? No me atrevería a decir ahora una cifra exacta —no sé si Rosa Elena estará por ahí (Se refiere a Rosa Elena Simeón, Ministra de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente) o alguien que me pueda ayudar, o un adivino de los que estaban por acá—, pero los doctores o con títulos ya superiores al de graduado universitario, me atrevería a decir que pasan de 10 mil.

(Le dicen que hay 4 mil.)

¿Hay 4 mil? ¡Qué lejos estaba yo de la meta! ¿Hay 4 mil qué, doctores? ¿Los masters están también incluidos? (Le dicen que no.)

¿No es un grado superior al universitario? (Le responden que sí.) Bueno, sí, yo no digo tantos doctores, yo digo ya con el postgrado. (Le dicen que tienen que estar entre 11 mil y 12 mil.)

Dicen que 11 mil. Al fin y al cabo acerté y me quedé corto. (Risas.)

Once más cuatro, quince. ¿No es así? Eso es lo que estoy juntando, los once más los cuatro. (Risas.) Los once masters más los cuatro doctores multiplicados por mil, desde luego, para simplificar las cosas.

Sí, es un número alto, pero se siguen preparando.

Entre los 29 mil maestros que mencioné, no se contaban los profesores universitarios, que eran muy pocos. Actualmente la enseñanza superior debe tener más de 20 mil profesores, ¡más de veinte mil! Por ahí anda Vecino, a lo mejor dice que no, ¿o sí? ¿Cómo es, Vecino? (Se refiere a Fernando Vecino, Ministro de Educación Superior.) Dilo en voz alta para que te escuchen.

(Vecino le responde que 21 mil.)

Bueno, está bien, es preferible quedarse corto que exagerar. (Risas.)

Yo sé que tienen bastantes y más de una vez les he dicho: Oigan, ¿cuántos profesores van a tener ustedes? Y ellos siempre defienden la tesis de tener; porque nunca sobra nadie en ninguna parte. Eso lo aprendimos con los mismos maestros, después de aquella historia que les conté. Ya llegó un momento en que todos eran graduados, y llegó un momento en que en vez de ingresar de sexto grado ingresaban de secundaria básica, y llegó un momento en que en vez de secundaria básica ingresaban graduados de preuniversitario. Hoy los estudiantes para maestros ingresan con ese nivel y tienen que estudiar cinco años para ser maestros de primaria, tienen que estudiar lo que hoy necesita estudiar un profesor de secundaria y de preuniversitario.

Llegó un momento en que teníamos tantos maestros que entonces pudimos darnos el lujo de crear una reserva de maestros. ¿Para qué? Para que los demás maestros estudiaran, y entonces aquellos que habían ingresado de sexto grado pudieran adquirir, incluso, una licenciatura universitaria, y se les pagaba su salario durante años, un salario completo, para que estudiaran, y se fueron haciendo licenciados muchos de ellos. Es decir, se fue emparejando el nivel de todos aquellos maestros. Así fueron acumulando experiencia. Por eso es justo decir que primero que todo merecen reconocimiento nuestros maestros. (Aplausos.)

El país hizo lo que pudo y hace lo que puede en la educación, y ha sido capaz de mantener lo que tenemos a pesar del recrudecimiento del bloqueo, y cuando nosotros perdimos nuestros mercados —como aquí señaló Gómez el primer día— empezamos a soportar un doble bloqueo. ¿Cómo se logró eso? Bueno, por el pueblo, por nuestro pueblo, ese pueblo instruido y ese pueblo patriota, que ha sido el actor de esta épica lucha durante casi 40 años. Pero ni siquiera en este momento se quedó un aula sin maestro, ni un alumno sin maestro. No importa que fueran cinco, seis o siete niños, esos cálculos no se hacían, si estaban en un lugar apartado, allí había un maestro.

No menciono, sería muy largo, la gran variedad de instituciones creadas para formar maestros, para formar profesores, para formar de todo, pudiéramos decir, en todo el país. Eso, por el esfuerzo de nuestro pueblo y porque es un deber sagrado de la Revolución. Ni siquiera merecemos que se nos felicite, en todo caso feliciten al pueblo por ser revolucionario, porque nada de esto habría sido posible sin una revolución, sinceramente. (Aplausos.)

No los estoy exhortando a ustedes a hacer una revolución, que no nos acusen de querer estar promoviendo la subversión. Además, no hace falta, el neoliberalismo la promueve mejor que nosotros (Aplausos.), la pobreza, el abandono.

Yo les contaba esta historia larga, que nos condujo a disponer hoy de una cifra entre 250 mil y 300 mil maestros... Y no hay más porque, lógicamente, el maestro también era muy solicitado, porque como tenía un nivel de preparación, muchas veces la administración, las empresas económicas, trataban de llevarse al maestro, porque el maestro sabía. Esa fue otra lucha. Por eso hubo que formar tantos maestros.

Pero da una idea del esfuerzo realizado el hecho de que hoy día, entre la educación especial y la educación inicial y preescolar, hay casi 40 mil maestros, el doble de los que había dando clases en el país. Los tiene hoy la educación hasta los seis años, o un poquito más, si quieren, porque ya en las escuelas especiales tienen más edad; pero sin contar los maestros de primer grado, de segundo, de todo el resto del sistema educacional.

En la educación inicial y preescolar hay alrededor de 25 mil docentes, en círculos infantiles, aulas, etcétera. En la educación especial hay 13.500, que sumados dan alrededor de 38.500, si la aritmética que me enseñaron a mí no está equivocada. Si se compara esa cifra con el número total de maestros que había en el país, se ve el esfuerzo realizado en esa dirección. Y lo digo no para vanagloriarnos de eso, más bien nosotros lo que estamos es quejosos y siempre inconformes con lo que hemos hecho; lo digo un poco para explicar el esfuerzo que en este campo ha hecho la Revolución, a ustedes, que en su inmensa mayoría viene de los países de América Latina, donde en casi 200 años de independencia no se ha podido erradicar totalmente el analfabetismo. Ustedes lo saben.

Han venido aquí a discutir sobre estos dos temas esenciales: la educación especial y la educación inicial y preescolar, y yo no quiero ser muy extenso, pero meditaba sobre algunas cosas que expresan los avances alcanzados. Meditaba, por ejemplo, en el hecho de que al triunfo de la Revolución había una matrícula de 134 alumnos en la educación especial. Estoy seguro de que en otros países hermanos de América Latina, si no tan pocos, puede haber una situación, en algunos de ellos, parecida. ¡Ciento treinta y cuatro, frente a 57 mil que tiene hoy el país! Si ustedes multiplican 134 por 400, me parece que se aproxima a la cifra de 57 mil alumnos los que tenemos en las escuelas especiales, las 425 instituciones mencionadas ya aquí.

Lamentablemente, se produce la debacle del campo socialista, la pérdida de nuestros mercados, entramos en el período especial, cuando estábamos llevando a cabo tremendo programa de construcción de círculos infantiles y de escuelas especiales. Ustedes han visitado algunas. Teníamos un programa completico en todo el país.

A veces algunas de estas escuelas están en edificaciones que no son perfectas. ¡Ah!, una escuela para los niños sordomudos, por ejemplo, es una escuela que requiere laboratorio, requiere equipos, requiere muchos medios, una escuela bien hecha, instalaciones adecuadas. Estas fueron diseñadas para eso.

Las escuelas para niños ambliopes —que no son los ciegos— tienen que ser diseñadas especialmente. Nosotros, que las hemos visitado en más de una ocasión, vemos todos los campos de juegos que tienen; es imposible reunir en otra escuela, ¡imposible!, los medios que tienen. Niños a los cuales se les salva la vista, porque muchos de ellos tienen problemas que si no se atienden pierden la visión. Las escuelas para niños ciegos y débiles visuales requieren igualmente instalaciones y equipos muy especiales. Me maravillo de ver después lo que aprenden esos niños y lo que hacen en esas escuelas tan humanas.

Tenemos también para ciegos adultos algunas escuelas que los preparan para muchas tareas, son particularmente impresionantes.

Hay, desgraciadamente, algunas enfermedades tristísimas que privan de la vista a un niño, como el famoso tumor ocular que padece un determinado número de niños. ¡Lo que sufren las familias con esos casos!, cuando una criatura, en dos, en tres años, se queda ciega, si es que la salvan. Hay que salvar a ese niño, en primer lugar, atenderlo a tiempo para que no progrese la enfermedad y si progresa, operarlo para que no se vaya a extender al resto del organismo, y después educarlo, educarlo de forma que se sienta de verdad útil y llegue a sentirse feliz. Ahí está el gran éxito, ahí está la gran proeza: lograr que aquel niño que alguna vez vio llegue a sentirse feliz; a veces tienen cuatro años o un poco más y posiblemente muchos de ellos recuerden cuando veían.

Hay algunos que nacen ciegos, nunca tuvieron visión. Pienso que el fenómeno de adaptación para ellos sea más natural. Ahora, ¿se puede realizar algo más humano que enseñar a ese niño, por ejemplo? Eso requiere instalaciones, y nosotros queríamos que todas las instalaciones para las escuelas especiales fueran modernas, con todo su equipamiento. Aquel programa tuvo que interrumpirse, pero las escuelas se crearon desde muy temprano donde pudimos hacerlo.

Las escuelas de niños con retraso mental ya no requieren esas instalaciones tan especiales, o las escuelas de niños con problemas de retardo en el desarrollo psíquico son menos complicadas. Esos son temas que pueden los especialistas discutir si lo envían para una escuela o para otra. Yo no conozco mucho este tema, por ejemplo, de los casos de retardo en el desarrollo psíquico, creo que habrán discutido y se discute; pero no tengo la menor duda de que los niños con retraso mental requieren escuelas especiales, requieren especial atención, no tengo la menor duda. Ya las otras los especialistas sabrán, pero las han defendido mucho, tienen los recursos, y es algo transitorio.

Hay también las escuelas que tienen algunos alumnos que requerirían tratamiento especial, pero ya por cuestiones de criterio habrá que ver si los de trastornos de conducta, por ejemplo, deben estar allí.

A veces llegan las quejas de los padres de los alumnos con relación a los casos de muchachos con trastornos de conducta en una escuela común y corriente. Conozco algunas escuelas especiales para adolescentes con marcados trastornos de conducta. He conversado con los muchachos, los he visto, muchos de ellos con notable inteligencia, simpáticos. Tienen gran éxito con ellos esas escuelas. Esos son los frutos de la buena pedagogía; es para eso, para transformar a ese muchacho que puede tener tendencia a la violencia o a otras cosas, para eso existe. En las escuelas especiales para trastornos de conducta, hay alrededor de 2 mil alumnos, según estuve viendo en los datos de las matrículas, un poquitico más de 2 mil.

Con problemas de la visión, ciegos, o muy débiles visuales, los que no ven, son alrededor de mil los matriculados en esas escuelas. En las de sordomudos hay alrededor de 2 mil; si sumas los alumnos sordomudos con los débiles visuales o ciegos, los que padecen enfermedades de ambliopía o estrábicos, son alrededor de 4 mil; de atraso mental, alrededor de 29 mil y tantos; con problemas del desarrollo psíquico, alrededor de 20 mil; los que tienen trastorno del lenguaje, alrededor de 600.

Todas estas escuelas, sobre todo las que requieren una instalación particularmente especializada, las estábamos construyendo, las más modernas, y llegamos a construir un número de ellas en las distintas provincias; queríamos, además, que las instalaciones para todas las demás escuelas especiales fueran óptimas. Ese programa se nos interrumpió, pero algún día lo continuaremos y tendremos las instalaciones óptimas. Mientras tanto, afrontamos las necesidades totales del país con los mejores locales disponibles en cada lugar.

En estas escuelas especiales, hay un docente por cada cuatro alumnos —no creo que me equivoque, son 13.500 los maestros especializados ocupados en esa noble y humanísima tarea, pienso que en algunas escuelas el número de docentes por alumno es mayor—; pero en nuestro país hay maestros que, incluso, van a los hospitales o a los hogares en determinado momento para atender a los niños que puedan necesitarlos por alguna causa.

Yo me preguntaba, ¿qué más podemos hacer? ¿Qué más puede hacer la Revolución? Bueno, habría que ir un poco hacia atrás, empezar a educar a los niños antes de nacer; hay una fórmula: educar a los padres, educar a las madres, a las que van a ser madres. Así que todavía queda. Hasta ahora las atienden bien: 9 ó 10 consul-tas durante el embarazo, parto institucional casi al ciento por ciento, pero no he oído hablar de cursos o programas para enseñar a las madres a serlo, porque sería útil que conocieran lo que pueden hacer desde los primeros meses para contribuir a los programas estos de educación inicial.

Pienso que la enseñanza especial, uno de los temas fundamentales que ustedes han analizado en estos días, es extraordinariamente humana; pienso que ningún Estado, ningún gobierno con un poco de recursos debe dejar de cumplir ese deber elemental. En Estados Unidos, ¿todos los niños que necesitan esa enseñanza, acaso la tienen? Y es el país más rico del mundo; entre 8 y 10 millones de millones de dólares es su Producto Interno Bruto. Luego el problema está en el sistema, no es otra cosa.

No vine aquí a hacer propaganda por ningún sistema, estoy simplemente afirmando mi punto de vista de que el problema está en el sistema: un sistema educado en la mentira y que educa en la mentira, un sistema enajenante que educa a las masas en el egoísmo, el individualismo, en la antítesis de la solidaridad. No puede hacer otra cosa porque el sistema está diseñado así, y nadie lo diseñó, fue un producto de la historia, del desarrollo de la sociedad humana, que pasó por otros sistemas muy duros también en otras épocas, dicen que peores que este, pero este que nosotros conocemos es difícil imaginarlo peor.

No sé si el feudalismo pudo ser peor, uno no está completamente seguro, porque en la época del feudalismo había castillos, señores feudales y todas esas cosas, pero no existía una economía globalizada, no existía el neoliberalismo y hasta los señores feudales se ocupaban de sus siervos, no les convenía que murieran de hambre o enfermedad los siervos. Al monopolio capitalista no le importa si se mueren los trabajadores, lo que les ocurra, su suerte, siempre hay una reserva de desempleados que pueden sustituirlos, o de inmigrantes cuando hacen falta, o de países con abundante mano de obra barata donde invertir.

Los esclavistas del sistema anterior al feudalismo en la historia, o en la edad moderna, después de la conquista de América, se ocupaban de sus esclavos, eran una propiedad y como tal se ocupaban de ella. El obrero es una propiedad en este mundo capitalista moderno, porque así lo tratan; se compra la fuerza de trabajo, o se vende, o se despide, o se lanza a la calle, fenómeno que ocurre hasta en países muy industrializados, con un índice de desempleo por encima del 10 por ciento, bastante alto; algunos con más, con 12 por ciento o superior. Es un dilema insoluble, mientras más se tecnifican y más se desarrollan, más desempleo; no resuelven ni pueden resolver esa contradicción.

Tal sistema no se ocupa del hombre ni le importa el hombre. Mentiras y mentiras, sí, eso sí, y nosotros lo sabemos bien, porque llevamos muchos años luchando contra la mentira que estos señores divulgan a nivel mundial, contra el país que más ha hecho por el hombre, que más ha hecho por el ser humano, no solo por el niño, sino también por los ancianos; no solo por los hijos, sino también por los padres y por las madres; y no solo por los hombres, sino también, y mucho, muchísimo, por las mujeres, todo lo que ha podido, sin que hayamos logrado alcanzar todo lo que aspiramos. Observamos el entusiasmo creciente y la conciencia multiplicada con que hoy están luchando las mujeres en el mundo y las conquistas que están alcanzando incluso determinadas leyes, por Europa y en el propio Estados Unidos, resultado de sus luchas.

Lo que Cuba ha realizado por el hombre lo ha hecho con métodos extraordinariamente humanos. En este país bloqueado no se conoce un solo desaparecido a lo largo de la historia; en este país bloqueado no se conocen escuadrones de la muerte que, incluso, matan niños de la calle; en este país bloqueado nadie puede hablar de un caso de asesinato político. Y algo más, como le digo a mucha gente: en este país, que lucha contra ese imperio, no hay un solo caso de torturado, un solo caso, y, sin embargo, a este país lo llevan a juzgar en las comisiones de derechos humanos. ¿Quiénes? Los culpables de todas las calamidades que hoy sufre el mundo, los culpables de los 30 mil desaparecidos en Argentina (Aplausos.), de los miles de desaparecidos y asesinados en Chile (Aplausos.), y de los 100 mil desaparecidos y casi 50 mil asesinados en Guatemala (Aplausos.), país donde no se conocía la categoría de presos.

Hoy se sabe quién ocasionó todo eso, quién instruyó en el arte de la tortura y del crimen a las fuerzas represivas de esos países. Existían los manuales, hasta fecha muy reciente, en que alguien desempolvó uno de esos manuales y les dio tanta vergüenza a estos "ángeles" defensores de los derechos humanos que suprimieron el manual, creo que lo quemaron; pero da lo mismo: el sistema que defienden engendra la violencia, engendra la injusticia, engendra el crimen, porque no se inspira en el más mínimo sentido humanitario.

Esa es la causa, el sistema, no se puede culpar a los hombres o a los individuos.

Son los dueños, además, de los medios de divulgación masiva; ustedes los latinoamericanos lo saben bien, pero los europeos también. Allá los seriales que se ven por la televisión son hechos en Estados Unidos, y las películas, casi todas las que se ven en los cines de Europa —ya no hablo de América Latina, porque en América Latina se puede decir que es todo—; en Europa un porcentaje altísimo de las películas que se exhiben proceden de Estados Unidos, y allá llevan su ideología, su doctrina; igualmente ocurre en la mayoría de los países del Tercer Mundo, deslumbrando gente allí donde el hambre reina y falta todo, haciendo propaganda sobre lujosos automóviles, joyas, vestidos, la sociedad de consumo.

¿Qué sentido tiene ir al África con su modelo de sociedad de consumo y despilfarro, a lugares donde la gente no tiene ni un bohío, ni un maestro para recibir clases, donde hay millones de personas que mueren todos los años porque falta atención médica? Esa es la propaganda que llevan, a través de sus poderosos medios de divulgación, la televisión, el cine, sus revistas y otros medios.

En nuestro continente, ¿cómo anda el cine y cómo anda la televisión latinoamericana? ¿Dónde hacen todo ese material y qué enseña? Los maestros educando por un lado y las películas, los seriales y los anuncios norteamericanos deseducando, deformando a la gente por el otro, llenándole el cerebro de ambiciones imposibles, igual que en el resto del mundo, con una humanidad que tiene ya 6 mil millones de habitantes y en una naturaleza que está siendo destruida por la salvaje agresión que tal sistema y sus mecanismos económicos han impuesto al planeta.

Ahora han descubierto, ¿saben qué cosa? En años recientes, hace dos o tres años, han comenzado a hablar de educación y de salud, ¡a estas horas, caballeros!

Ya les conté el trabajo que pasamos nosotros cuando empezamos —y estábamos más o menos como estaban los demás países del hemisferio—, y ahora el Banco Mundial habla, y allá se reúnen en una cumbre en Río y hablan de salud y educación. Si lo que les impone a los gobiernos es restricción de presupuesto, y el primer presupuesto que rebajan es el de educación y el de salud. (Aplausos.)

¿Cómo pueden hablar de educación y salud si han reducido al mínimo los presupuestos, si quieren reducir las pensiones, si quieren reducir los subsidios al desempleo, si quieren olvidarse de los ancianos, de los jubilados, en todas partes?

El neoliberalismo es una ofensiva contra todas las conquistas que aun dentro del capitalismo habían logrado las masas, la clase obrera, los trabajadores, y, sobre todo, después de la Segunda Guerra Mundial, porque existían países socialistas y tenían miedo, estaban en una lucha desesperada contra los cambios revolucionarios. Cuando desaparecieron el campo socialista y la URSS, ellos perdieron su miedo, ¡y de qué manera lo han perdido! Quieren arrasar con cuantas conquistas sociales habían logrado los pueblos. Han acabado hasta con los sindicatos, hay países de Europa donde el número de trabajadores activos sindicalizados no alcanza el 10 por ciento, destruyendo los instrumentos que tienen los pobres para defenderse. Ellos enseñaron todas las medidas más represivas y brutales que ha padecido el mundo en sus luchas sociales; fueron los maestros, los defensores del sistema y los propugnadores de este neoliberalismo, y son los que les dicen al Fondo Monetario y al Banco Mundial lo que tienen que imponerles a los países, solo que ahora se practica a nivel mundial, global y total.

Ustedes han expresado muy sabiamente, muy progresistamente, y hasta me atrevería a decir, si no los perjudico, muy revolucionariamente, la idea de la mundialización de la solidaridad y la necesidad del apoyo entre los pueblos. En realidad, el sistema prevaleciente es la antisolidaridad y está llevando al mundo hacia el callejón sin salida de la globalización neoliberal, brutal. Claro, eso los conducirá a la crisis, inevitablemente, el sistema no se salva, y mientras más avance por ese camino menos se salvará; obligará a los pueblos en todas partes a luchar, impulsará a las masas a luchar. Por eso vale tanto la conciencia.

Ustedes decían: crear conciencia en los Estados y en los gobiernos de que presten atención a la salud, de que presten atención a la educación. Y ya les dije ahora que, hipócritamente, en algunas reuniones han hablado de estos temas; pero tienen que hablar también de veinte temas más, estos no son los dos únicos, ¿comprenden? Tienen que hablar de empleo, tienen que hablar de vivienda, tienen que hablar de agua potable, tienen que hablar de alimentación y tienen que hablar de medio ambiente, porque guiados por la ley ciega y salvaje del mercado, acaban con las tierras agrícolas, acaban con el agua potable, acaban con la naturaleza, acaban con la atmósfera, acaban con los mares, fuente importantísima de alimentación para el mundo, acaban con todo.

El mundo no va a seguir por ese camino, el mundo está aprendiendo mucho, y hasta los analfabetos aprenden. Y nosotros tuvimos esa experiencia, porque en nuestra lucha una gran parte de los campesinos que nos encontramos en las montañas eran analfabetos, y entendieron lo que era la Revolución, se dieron cuenta. ¿Quién los enseñó? El capitalismo: los abusos, las injusticias, los atropellos, los desalojos; fueron ellos. Y al mundo también lo están enseñando. Nos alienta ver cómo el mundo aprende, y lo vemos en las reuniones internacionales que tienen lugar.

¿Y qué va a hacer el Banco Mundial? ¿Va a prestar dinero para que hagan escuelas? Y luego, el presupuesto de las escuelas, cuánto hay que pagar por ese dinero, porque todos estos países latinoamericanos, por ejemplo, deben ya 600 mil millones de dólares.

Yo quiero que ustedes sepan que cuando triunfó la Revolución Cubana en América Latina no había deuda externa, si acaso unos miles, tal vez menos de 10 mil millones, y hoy son 600 mil millones. ¡Ah!, sí, que van a prestar. Lo que tienen es que donar, ¡donar, no prestar!, y donar de verdad.

¿Qué decían los caballeritos del Norte y sus representantes allá en la cumbre de Santiago? Ah, que había que trabajar por la educación. ¿Y dónde están los recursos? Van al África y dicen lo mismo. ¿Dónde están los recursos?

En las Naciones Unidas un día acordaron solicitar el 0,7 por ciento del Producto Interno Bruto de los países ricos como asistencia al desarrollo, una cifra que contribuiría considerablemente a liquidar el analfabetismo, a desarrollar los programas de salud, la educación y el desarrollo económico y social del Tercer Mundo. Hay un país, como Noruega, que aporta ahora cerca del 0,9 por ciento y se propone el 1 por ciento. Si cada uno de los países industrializados diera el 1 por ciento se podrían reunir 200 mil millones de dólares cada año, y entonces se podría hacer un programa. ¿Pero saben lo que están haciendo los países ricos?: disminuyendo la asistencia al desarrollo; disminuye por año. Este año alcanza solo el 0,22 por ciento; hace un tiempo llegaba al 0,34. Está disminuyendo la asistencia al desarrollo; no el préstamo para endeudar a los países o para desarrollar los ingresos de las transnacionales; no las inversiones del gran capital financiero, éstas por el contrario crecen.

El que menos aporta de todos los países industrializados como asistencia al desarrollo es Estados Unidos. Creo que está a nivel de 0,08 por ciento, es decir, por debajo del 0,1. Sé que el promedio en este momento de asistencia por parte de los países ricos es 0,22 por ciento. Y se trata de los campeones de la democracia y los derechos humanos, un país donde hay ciudadanos que tienen hasta 50 mil millones de dólares; en un mundo donde 378 ricos poseen tanto dinero como el que ganan en un año 2.600 millones de personas. ¡Trescientos setenta y ocho ricos frente a 2.600 millones de personas! Ese es el mundo que prometen, ese es el cielo que prometen; eso es lo que promete la globalización neoliberal: más ricos cada vez algunos países, más pobres cada vez el resto, y dentro de los países, minorías cada vez más ricas y mayorías cada vez más pobres. Esa diferencia crece entre países y crece dentro de los países.

Si quieren hablarnos de educación y de salud; si quieren hablarnos de un mundo humano, justo; si quieren hablar de un mundo verdaderamente democrático, que renuncien sencillamente a su sistema, que cese el saqueo, que cese la explotación del hombre por el hombre y la explotación de los países pobres por los países ricos, y que los seres humanos sean hermanos y no fieras devorándose entre sí o luchando por un pedazo de pan.

Y, en parte, es lo que ustedes dicen, cuando solicitan que los Estados y gobiernos tomen conciencia y se ocupen por lo menos de educación, salud y otros aspectos sociales; pero no se van a ocupar —eso es algo que puede asegurarse—, y lo podrían hacer perfectamente con todo el dinero de que disponen.

Ahí está la pregunta que hizo la compañera chilena con sus sencillas palabras, cuando dijo que cómo es posible que un país pobre como Cuba lo haya podido hacer. Y recordó también el acto de anoche. No pude presenciarlo, pero he conversado con algunas personas y me dijeron que estaban impactadas por aquel acto, donde estaban mezclados los niños de escuelas normales con los niños de la escuela especial "Solidaridad con Panamá". (Aplausos.) Ya el simple nombre de esa escuela nos recuerda una de las barbaries del imperio cuando invadió a ese país y mató no se sabe a cuánta gente. No fueron capaces ni de reconstruir las casas que destruyeron a bombazos. Les podríamos sugerir que hicieran aunque sea una escuela como la de "Solidaridad con Panamá", para que los niños con limitaciones físicas y motoras puedan tener la educación que tienen los niños que ustedes vieron anoche, que creo que es una importante comprobación de las formas de integración que debemos buscar, ¡de las formas de integración que debemos buscar! (Aplausos.)

No hay ningún dogma, busquemos lo mejor siempre y aprendamos a encontrar lo mejor, perfeccionemos lo que estemos haciendo a medida que los investigadores comprueben y avancen. Porque si algo me ha gustado mucho es poder comprobar en los materiales y en palabras que aquí se pronunciaron cómo se ha trabajado en la investigación pedagógica y cómo se ha ido llegando a nuevos conceptos, y no fue de un día para otro.

La educación prescolar aquí propiamente comienza con otro propósito prácticamente: por los círculos infantiles que se hicieron para ayudar a las madres trabajadoras.

Ahora que mencionamos los círculos recuerdo que también teníamos un programa de construcción de círculos nuevos junto con las otras escuelas especiales de las que les hablé antes. Baste decir que en un solo año, por aquellos tiempos, construimos en La Habana 110 círculos para 200 niños cada uno, y se construyeron ese mismo año otros en todo el país, cosa que no podemos hacer ahora, desgraciadamente. Antes teníamos más recursos, teníamos más comercio, teníamos mejores precios por nuestros productos, antes de la situación que vino después. Pero lo que hicimos, con las uñas, con los dientes, lo defenderemos.

Hoy tenemos alrededor de 160 mil niños en los círculos. (Alguien dice una cifra de círculos.) Los círculos son mil y tantos, lo sé; pero no quiero atiborrar a los que me escuchan de números exactos, estoy diciendo cosas aproximadas. Empezaron por los círculos para ayudar a las madres trabajadoras, después en los círculos descubrieron que era una institución magnífica para preparar a los niños para el ingreso a la escuela. Existían ya algunas aulas prescolares, unas pocas; se fueron desarrollando las aulas prescolares todo lo posible. Hoy hay como cinco mil ciento y tantas o 5 mil —lo he visto en unos papeles que andan por ahí— aulas de prescolar en las escuelas primarias, además de los más de mil círculos. Pero me impresionó mucho, se lo digo sinceramente, la cifra de más de 27 mil grupos no formales de iniciación escolar.

Ustedes usaron dos palabras: no institucionales o no formales, y por ahí dicen que había 886 mil niños incorporados a ese programa, y también que más del 90 por ciento de los niños posibles están comprendidos —alguien habló del 98 por ciento—; ustedes dijeron que la mitad de esos grupos estaban en el sector rural. A mí me impresiona, yo no conocía esa cifra. Sé que ustedes siguieron trabajando en educación; pero esa cifra impresiona, la idea, la creatividad que expresa esa cifra.

Hay un párrafo por ahí que me llenó de orgullo, no de orgullo cubano, no somos ni podemos ser chovinistas, me llenó de orgullo revolucionario cuando dijeron que Cuba ocupaba el lugar más alto entre todos los países, en lo que se refiere a la enseñanza inicial y prescolar, que fue el otro tema que ustedes discutieron aquí. (Aplausos.)

Me produjo satisfacción ver ya con toda claridad que, a partir de aquellos modestos esfuerzos de los primeros años, hoy la enseñanza inicial y prescolar constituyen un sistema educacional; han llegado a convertir en sistema esa enseñanza, esa atención a los niños hasta los seis años, y han demostrado, además, que lo que hace falta es el hombre, lo que hace falta es el maestro.

Ustedes hablaban de un trípode para alcanzar este elevado objetivo, pero no un trípode de ametralladora, sino un trípode para educar, para la paz, el trípode del maestro, la familia y la comunidad.

Créanme que aprendí mucho cuando vi esos materiales, porque es una bella idea, un concepto y una clara explicación, sintética, sobre ese trabajo y por qué han llegado a un porcentaje tan alto de niños beneficiados. Esos grupos son una creación, realmente, de nuestros pedagogos. No fue la Revolución, la Revolución cuando empezó no soñaba todavía con eso, en esa época todo se concentraba en el analfabetismo y en los demás problemas; pero son las ideas en pleno desarrollo y evolución.

Es por eso, queridas amigas y queridos amigos que nos visitan, que nosotros defendemos y defenderemos con tanta decisión la obra y las conquistas de la Revolución. (Aplausos.) Es por eso que no nos desalienta lo que haga el poderoso enemigo y su bloqueo, es por eso que no nos desalienta la calumnia, sus campañas y su propaganda infame, sus mentiras repugnantes, porque no se podrá tapar el sol con un dedo. Ellos no podrían discutir aquí, podrían invitar ustedes a una reunión como esta a muchos de estos señores, y tengan la seguridad, porque los he visto, que entran por un rincón, una puertecita, dicen unas palabras y salen corriendo. ¿Debate? Ah, no, debate no, eso es mucho; para estos "grandes estadistas" el debate sí que no; un discurso, que puede ser muy idílico, no un razonamiento.

Nos gustaría que pudieran explicarles a ustedes aquí unas cuantas cosas, entre ellas las que ocurren en Europa; pero no en Europa, en Europa están más avanzados en lo social que en Estados Unidos, mucho más avanzados. Claro que el neoliberalismo quiere también poner sus fueros allí, pero son países desarrollados, se pueden defender mejor, ahora se están uniendo para defenderse; pero allá ellos tienen muchos problemas.

Entre otras cosas, recientemente leí que del número de madres que son jefes del hogar, bien porque sean madres solteras, bien porque sean divorciadas, bien porque sean viudas, por cualquier razón, en los últimos años el porcentaje de madres que abandonan el trabajo para atender a los niños por falta de círculos ha crecido un 60 por ciento. En esa misma información leí que lo que tiene que pagar una madre trabajadora en Estados Unidos por el círculo infantil son 500 dólares mensuales.

Aquí se cobra una pequeña suma, al cambio ese que ellos mencionan, porque les gusta mencionar no las realidades, cuando ellos dicen que el salario es muy bajo. Sí, es bajo, nosotros no lo negamos; pero más que reducirse ha perdido poder adquisitivo. Mejor se podría comprender si digo que tenemos menos recursos materiales que entregar a cambio de esos salarios, muchos de los cuales antes se distribuían lo más equitativamente posible, gran parte de ellos subsidiados por el Estado.

Ellos no toman para nada en cuenta que, por ejemplo, el 85 por ciento de las familias cubanas son dueñas de su vivienda gracias a las leyes revolucionarias. Por esa misma vivienda, cualquier ciudadano norteamericano tiene que pagar mil dólares o más al mes; incluso los que son dueños de casas tienen que pagar impuestos altísimos. Aquí ni siquiera impuestos pagan los dueños de viviendas.

Claro, ellos acostumbran a usar, como hacen en muchos países para valorar la capacidad adquisitiva de los salarios, las tasas de cambio internacionales con el dólar. Utilizando ese mismo método arbitrario, lo que aquí se paga por el círculo infantil es menos de dos dólares al mes, ¡menos de dos dólares! Están subsidiados totalmente, y la razón de cobrar una pequeña cantidad por el círculo fue más bien simbólica y educativa ante la gran demanda de personas que no tenían incluso necesidad de círculo por disponer de otras posibilidades en el ámbito familiar. Cada círculo infantil tiene además su médico de la familia.

Mencionaba la escasez crítica de círculos infantiles en Estados Unidos. Voy a decir, para ser honrado, que este Presidente, al que se le pueden hacer críticas, desde luego, con toda razón, ha querido realizar algunos programas sociales en ese país; no lo dejaron.

Habló recientemente de la necesidad de un programa de construcción de círculos infantiles, para dar un poco de alivio a esas madres que tienen que abandonar el trabajo para ir a sus casas porque no pueden pagar el círculo, más la vivienda, más todos los demás gastos que tienen; pero no ha podido, el sistema se lo ha impedido allí. ¡Ni eso! Algunas ideas que tenía, un poco más progresistas, no ha podido. Es que hay una derecha fuerte, que domina el Congreso de ese país y se opone a cualquier medida de esa índole.

Por cierto, que hizo una declaración hoy mismo —lo estuve leyendo en los cables— que me llamó la atención: declaró que Estados Unidos no puede seguir estableciendo sanciones unilaterales. Que se ha convertido en el país de más sanciones en el mundo, y tiene ya el hábito de estar sancionando a cualquier nación. Fue, pienso, un cierto desafío a corrientes demasiado derechistas allí y un desquite —predicando en el desierto aquel—, tal vez, ante las trabas que les han puesto a los planes de introducir algunas mejoras sociales.

Cosa curiosa: declaró que los alimentos no debían ser objeto de sanciones. Debió haber añadido algunas cosas más, los medicamentos; debió haber dicho que ningún país debe ser objeto de bloqueos económicos, porque es un hecho genocida, es un hecho criminal. (Aplausos.)

Ahora mismo, en Roma se está discutiendo la creación de un tribunal penal internacional para juzgar crímenes de guerra y muchos países han propuesto distintas cosas. Incluso la UNICEF propuso que se considerara crimen de guerra las violaciones de menores, o los abusos sexuales de menores.

Hay una discusión allí porque Estados Unidos pretende que dicho tribunal quede subordinado al Consejo de Seguridad. En ese órgano de Naciones Unidas hay cinco miembros permanentes, potencias nucleares todos y con derecho al veto.

La Organización de Naciones Unidas es una institución necesaria a la humanidad, llamada a desempeñar un papel cada vez más importante a medida que se desarrolla aceleradamente el proceso de globalización. Pero el Consejo de Seguridad ha usurpado funciones que deben corresponder enteramente a la Asamblea General, donde están representados todos los países del mundo, y la presencia de cinco miembros permanentes, con derecho al veto en ese Consejo, le resta todo carácter democrático a las Naciones Unidas. Basta la decisión uno solo de los miembros permanentes para anular cualquier acuerdo de la Asamblea General.

En la cuestión del bloqueo a Cuba, alrededor de 150 naciones votaron en la Asamblea General a favor de la resolución cubana contra el bloqueo; solo tres países, incluido Estados Unidos, votaron en contra. Vean ustedes qué diferencia, de 3 a 150. Otros se abstienen. Abstenerse es en realidad una expresión de desacuerdo con la política de Estados Unidos hacia Cuba; no todo el mundo se atreve a desafiar a Estados Unidos expresándose abiertamente a favor de una resolución que se opone a esa política, por temor a las represalias de cualquier tipo que puedan tomarse contra ellos. Estados Unidos se pone furioso cuando se le contradice en este sensible tema. A pesar de eso, hay mucha gente que se atreve a desafiar su furia.

Nuestra delegación, que está en Roma, va a proponer que el bloqueo económico contra cualquier país sea calificado y penalizado como crimen de guerra. (Aplausos.) Lo va a proponer allí. Sí señor, el bloqueo es tan cruel y tan injusto que constituye un genocidio. El intento de rendir por hambre y por enfermedad a un país es un gran crimen de carácter masivo, y debe ser prohibido, condenado y juzgado como tal.

Apoyamos totalmente la creación de ese tribunal; de un tribunal independiente, no como quiere Estados Unidos, bajo la dirección del Consejo de Seguridad. No, no, allí existe el derecho al veto tantas veces utilizado por Estados Unidos, más que todos los demás miembros permanentes juntos. Si ha de crearse un tribunal para juzgar los crímenes de guerra, tiene que ser absolutamente independiente. (Aplausos.) Sería algo realmente bueno.

Hice este paréntesis para reconocer, dentro de todo, algunas de las cosas positivas que pueda tener el actual Presidente de Estados Unidos. Esa declaración que leí hoy es importante, me pareció constructiva, incluso valiente. ¿Qué caso le hará la derecha reaccionaria? ¡Ninguno! No puede, o es muy poco lo que puede. Tampoco el gobierno de Estados Unidos podría controlar las leyes que rigen un proceso de globalización en el que cree y por el cual lucha. El sistema que promueve está sometido a las leyes ciegas del mercado, son las que realmente mandan en el mundo. Una bestia salvaje gobierna al mundo: el mercado, y lo conduce inexorablemente hacia la globalización neoliberal.

Volviendo a nuestro tema, como les decía, cuánto cuesta hacer aquellas cosas de que hablábamos, al analizar los logros alcanzados en nuestro país relacionados con la educación inicial y prescolar. Cuánto nos ha costado, digamos, convertir esta educación en un sistema.

¿Qué cuesta organizar esos grupos no formales de atención a los niños en la educación inicial? Sí, hace falta un número de maestros, pero no son necesarias grandes inversiones, ni mucho menos; cuesta muy poco. Claro que habrá que hacer otras muchas cosas antes de lograr el gran avance alcanzado por Cuba en el campo de la educación. En primer lugar habría que formar millones y millones de maestros. No alcanzarían los que hay hoy en América Latina. Tal vez necesiten el doble o el triple si fueran a hacer un programa de educación como el que ya, afortunadamente, tiene y defiende nuestro país en circunstancias muy difíciles.

Nadie va a engañar a nadie aquí, excepto aquellos que quieran dejarse engañar. Hay otro refrán, muy popular, que dice que no hay peor ciego que el que no quiera ver.

Hay algunos adultos que necesitan educación especial, digamos, los hay (Risas y aplausos.); que necesitan ética para ser menos egoístas y para comprender lo que significa el sistema capitalista. Tiene atractivos, sí, sí, un país capitalista rico y desarrollado, ¿para quiénes? Para la clase millonaria y privilegiada de esos países y también para cientos de millones de gente con bajo nivel de ingreso o sin empleo alguno en los países del Tercer Mundo. Hay también los que deslumbran con las noticias y los anuncios publicitarios que les hacen llegar las sociedades de consumo. Si Estados Unidos hubiera hecho con el resto de América Latina lo que hizo con Cuba, abrir de par en par las puertas para todo el que se quisiera marchar para el que era y es el país más desarrollado y rico del mundo, desafío que la Revolución supo soportar con gran dignidad y heroísmo; si se llevaban médicos, profesores, profesionales de nivel superior, técnicos y obreros calificados, nuestra respuesta fue formar masivamente médicos, profesores, profesionales de nivel superior, técnicos y obreros calificados. Y formar sobre todo patriotas. Libertad para emigrar, dijimos.

Lo que gana como salario promedio un trabajador en Estados Unidos es treinta veces más que el salario mínimo de un trabajador latinoamericano. Si hubieran abierto las puertas a todo el continente empobrecido y saqueado por el imperialismo, más de la mitad de la población de Estados Unidos sería hoy latinoamericana y caribeña. ¡Qué bueno!, digo, al menos la riqueza estaría mejor distribuida en este hemisferio. Pero ellos construyen una gigantesca muralla en la frontera de México con Estados Unidos para impedir la inmigración de los del sur. No hay puertas abiertas ni residencia automática para ellos. La clase dirigente de Estados Unidos tampoco quiere teñir la sangre pura, anglosajona y aria, europea y blanca que constituye la mayoría de la población de aquel país, y vive asustada porque su propia población negra se multiplica más y los latinoamericanos se multiplican más.

Sí, hay una presión migratoria económica tremenda. Si a los chinos les hubieran dado las facilidades que les dieron a los cubanos, que simplemente con pisar el suelo norteamericano, sin visas, sin pasaporte, sin nada, recibían residencia automática, ¿cuántos chinos habría en Estados Unidos? ¿O indios de la India?, no me refiero a los indios nuestros.

Tratan de presentar como virtud del sistema —el sistema que ha explotado y ha saqueado—, como atractivo del sistema, las necesidades materiales que tienen miles de millones de personas en el mundo.

Es largo el camino, pienso, para ustedes y para los países del Tercer Mundo, muy largo el camino; pero aun a lo largo del camino se pueden ir haciendo cosas. Por qué un hemisferio, cuya independencia se obtiene a principios del siglo pasado ha quedado tan rezagado. La primera declaración de independencia se produce en 1812, una de las primeras; bueno, realmente la primera fue la de Haití, en los días de la Revolución Francesa, pero la de Venezuela fue en 1812, y se fueron independizando en el período que dura hasta la batalla de Ayacucho. Digamos que faltan unos 20 años, quizás hasta menos, como promedio, para cumplir dos siglos de independencia. ¿Qué hicieron en América Latina —estoy hablando ahora de nuestro hemisferio— en esos casi 200 años? ¿Cuántos millonarios surgieron del saqueo del tesoro público? ¿Cuántas dictaduras militares sufrieron? ¿Y quién las apoyó? El capitalismo, el imperialismo inglés primero y más tarde el surgido en el Norte, que después de arrebatarle a México más de la mitad de su territorio, ocupó el istmo de Panamá, se apoderó de Puerto Rico, frustra la independencia de Cuba, instala una base militar en su territorio, interviene en Centroamérica y en todos los países latinoamericanos del Caribe y domina políticamente al resto del continente al que ha saqueado sin piedad. ¿Qué progreso podíamos alcanzar?

Somoza, famoso tirano, ¿quién lo llevó a Nicaragua y le entregó ese país sobre la sangre de Sandino y de los patriotas nicaragüenses? Fueron ellos.

¿Quién instauró a Trujillo en una de esas intervenciones en Santo Domingo? Fueron ellos. ¿Quiénes instauraron todos los regímenes de terror en este hemisferio y los apoyaron, y mantuvieron a sus países balcanizados y divididos? ¿Quiénes impidieron su desarrollo económico y social? Fueron ellos y aquellos que se lo permitieron, y aquellos que se doblegaron ante el imperio, a veces de manera vergonzosa, porque el mero hecho por ejemplo de excluir a Cuba —como si nosotros estuviéramos en el planeta Marte y no aquí en el Caribe— de las reuniones latinoamericanas, capricho yanki puro, es una vergüenza para este hemisferio; no digo para todos, porque hay algunos que, realmente, se oponen. Los del Caribe unánimemente se oponen a eso, y unos cuantos de América Latina, pero las órdenes realmente las dan estos caballeros del Norte, y yo pregunto: ¿Qué quieren castigar de Cuba, que tan tenaz y heroicamente ha resistido esa política? Nosotros tenemos cosas que decir, cosas que hacer y cosas que exponer en este mundo.

Hemos desarrollado nuestra conciencia internacionalista y nos preocupan los problemas no solo de América Latina y del Caribe, sino de todo el mundo, y de Africa en especial. Allí se derramó nuestra sangre luchando contra el colonialismo, luchando contra el apartheid.

Como se dijo aquí, 26 mil maestros o docentes cubanos han prestado servicios internacionalistas. Voy a decir algo más: cuando Nicaragua pidió 2 mil maestros, se ofrecieron 30 mil maestros voluntarios de Cuba, muchos de los cuales fueron a enseñar a las montañas, no a Managua, sino a las montañas de Nicaragua, en lugares donde había que caminar hasta tres días para llegar; y cuando las bandas contrarrevolucionarias, organizadas por Estados Unidos, asesinaron a algunos de aquellos maestros, se ofrecieron 100 mil maestros cubanos, ¡100 mil! (Aplausos.) Y por ahí están los volúmenes con las firmas de 100 mil maestros cubanos.

Se hizo algo más que formar maestros capaces de ir a nuestras montañas y a nuestros campos, se formaron maestros capaces de ir a cualquier lugar del mundo, a cualquier montaña del mundo, a cualquier llano del mundo, incluso a cualquier desierto del mundo, porque en la República Arabe Saharauí muchos maestros han estado durante muchos años dando clases, en el desierto. Y eso es más que formar maestros, eso es formar al ser humano como debe ser el ser humano, no una persona egoísta, individualista; el ser humano verdaderamente solidario es ese que va a cualquier parte a enseñar, a sembrar la salud, o a derramar su sangre por una causa justa.

La Revolución ha hecho algo más que eso, más de medio millón de cubanos han cumplido misiones internacionalistas, siendo Cuba un país pequeñito y bloqueado. Si suman todas las misiones de paz o grupos de paz de Estados Unidos, creados después del triunfo de la Revolución Cubana, y por temor a la Revolución Cubana, que fue cuando crearon los Cuerpos de Paz, Cuba sola, solita, ha enviado por el mundo más personas a cumplir la misión de enseñar, educar, trabajar por otros pueblos, que Estados Unidos desde que se crearon los famosos Cuerpos de Paz; o si no que alguno de ellos, allá en ese país tan dado a las estadísticas, saque la cuenta; ellos que tienen computadoras y todo que hagan el cálculo. Me alegraría si tienen los datos y los comparan con más de medio millón de ciudadanos de este país.

La Revolución no solo ha hecho una obra en lo material, ha hecho una obra en la conciencia, en el alma de la gente, preparando al ser humano, que debe ser el ser humano del mañana, del futuro, y luchando contra la mentira, luchando contra la más sucia y grosera propaganda, luchando contra los bloqueos, y luchando contra el hostigamiento para tratar de debilitar la Revolución, para tratar de debilitar su moral, su conciencia.

Algún día la historia tendrá que examinar por qué ha resistido este pueblo, que tiene un nivel de educación más alto que ningún otro país del Tercer Mundo, un nivel de educación más alto incluso que muchos de los países desarrollados, porque en países tan desarrollados como Estados Unidos hay analfabetismo, del real, del que no sabe ni leer ni escribir, e incluso del llamado funcional, que no puede leer ni un periódico.

No estamos contra la globalización, no se puede estar, es una ley de la historia; estamos contra la globalización neoliberal, la que quieren imponer al mundo y que será insostenible, se derrumbará, y hay que ayudar a derrumbarla, y para ayudar hace falta conciencia, porque la conciencia es lo esencial; es con mucha conciencia que se ha llevado a cabo la obra de la Revolución.

Este ha sido un encuentro —distintas tareas, entre ellas las conferencias científicas— que ha tenido una curiosa característica: ha comenzado hablando de poesía y de poetas y ha terminado hablando de poesía y de poetas. Gómez recordaba a Neruda cuando habló de la esperanza nacida en Cuba y su confianza de que esa esperanza se mantuviera en nuestra patria. ¡Cuántos años han pasado desde que él dijo aquello! Y aquí está, en condiciones tan adversas, tan duras, en un mundo dominado por Estados Unidos, en un mundo unipolar, se mantiene inconmovible. Estoy seguro de que Neruda no pudo imaginar cuán difícil batalla libraría este pueblo para llegar hasta aquí.

En la declaración de ustedes hablaron de Gabriela Mistral —creo que dos veces la han mencionado, tú y ella (Señalando a dos compañeras que lo precedieron en el uso de la palabra.)—, sus conceptos y sus ideas sobre la educación, que ustedes han dejado entre nosotros aquí como legado de este encuentro. Cuánto nos satisface que muchas de aquellas cosas con que ella soñó se hayan podido convertir en realidades.

Yo no soy poeta y, por lo tanto, mi resumen no terminará con una poesía sino con un tributo y un homenaje a aquellos que vieron desde tan lejos, diciéndole a Gabriela Mistral: "Aquí, en medio de increíbles dificultades que tú no podrías siquiera imaginar, está la obra de la Revolución, en este que es también tu hemisferio y tu país, porque Cuba se considera un hermano, un miembro —y esa condición no nos la puede quitar nadie— de la familia latinoamericana."

Y diciéndole a Neruda: "¡Gracias por la esperanza que pusiste en Cuba! No te hemos defraudado, y llevamos con satisfacción y orgullo el honor de haber resistido y haber defendido nuestras ideas, que fueron también tus ideas, mucho más de lo que tal vez te imaginaste el día que pronunciaste las nobles palabras que tanto enaltecen y aún hoy alientan a nuestro pueblo, cuando expresaste tu inmensa confianza en aquella revolución que acababa de nacer. ¡No traicionaremos jamás ni la confianza ni la esperanza!" (Aplausos.)

¡Honor y gloria a todos los que con infinita abnegación y nobleza trabajan en la educación especial, tan necesaria y tan extraordinariamente humana! Aplausos.)

¡Honor y gloria a los docentes que han participado en esta reunión procedentes de veinticuatro países! (Aplausos.)

¡Honor y gloria a los heroicos maestros cubanos! (Aplausos.)

Nosotros acostumbramos a terminar los discursos con dos frases, yo las mantengo, hace mucho tiempo que las dije y en tiempos difíciles hay que repetirlas más todavía, porque no renuncio a ningún principio y no renuncio ni siquiera a una frase revolucionaria. (Aplausos.) Y por eso suelo decir:

¡Socialismo o muerte!, pero convencido de que habrá socialismo, de que triunfará el socialismo. (Aplausos.)

¡Patria o muerte!, expresión de nuestra determinación, pero con la más absoluta convicción de que habrá patria, patria revolucionaria y patria socialista. (Aplausos.)

¡Venceremos!

(Ovación.)


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