Evitemos la
anexión, exijamos resueltamente
y desde ahora que ningún gobierno pueda vender una nación a espaldas
del pueblo!
¡No puede haber anexión si hay plebiscito! Sembremos conciencia del
peligro y de
lo que significa el ALCA
Discurso pronunciado por Fidel
Castro Ruz, Primer Secretario del Comité Central del Partido
Comunista de Cuba y Presidente de los Consejos de Estado y de
Ministros, con motivo del Día Internacional de los Trabajadores, en
la Plaza de la Revolución.
Ciudad de La Habana, 1º de
mayo del 2001, "Año de la Revolución victoriosa en el nuevo
milenio".
(Versiones Taquigráficas –
Consejo de Estado)
Distinguidos invitados;
Queridos trabajadores;
Compatriotas:
Hace un año exactamente,
nos reunimos aquí en histórica concentración. Ese día, después de
41 años se cambió el desfile tradicional del Primero de Mayo por
Tribuna Abierta. Aquel fue un inolvidable acto de una inolvidable
lucha.
Las imágenes fílmicas de
aquel memorable día deberán preservarse con esmero para que las
futuras generaciones conozcan cómo sus padres forjaron la victoria, y
puedan vivir en parte las emociones de aquella jornada.
No hubo tregua cuando el
padre regresó con el niño. Entonces la lucha apenas comenzaba.
Tomamos conciencia de que la causa que originaba aquellas y otras
tragedias permanecería indemne y no nos detendríamos, como juramos
en Baraguá, hasta que fuesen erradicadas todas.
Después de heroica
resistencia, a 42 años de bloqueo genocida y cruel, entrábamos al
nuevo milenio con energías renovadas y multiplicadas fuerzas.
Una nueva era de lucha
estaba comenzando. El imperio, mucho más poderoso, había devenido
superpotencia única; pero nuestro pueblo, recién salido de la
neocolonia, saturado de mentiras y propaganda macartista, poco
instruido y casi analfabeto políticamente, había dado un colosal
salto en la historia: había erradicado el analfabetismo y graduado
cientos de miles de profesionales universitarios que poseían una
cultura política muy superior a la de su adversario histórico; un
pueblo que alcanza ya el más alto grado de unidad que había tenido
jamás, que acumula gran experiencia política y colosal fuerza moral,
patriótica e internacionalista; un pueblo que había soportado
inconmovible la invasión de Girón, la Crisis de Octubre, la guerra
sucia, un bloqueo económico cada vez más riguroso, la desaparición
de la URSS y del campo socialista, los pronósticos de una imposible
supervivencia y un derrumbe seguro.
Hoy estamos frente a un
adversario poderoso en todo menos en ética e ideas, sin mensaje ni
respuesta a los graves problemas políticos, económicos y sociales
que agobian al mundo actual.
Nunca hubo tanta confusión,
descontento e inseguridad en la esfera internacional. Al borde de una
profunda crisis política y económica, el imperialismo no puede
escapar de su propia sombra. Está condenado a saquear cada vez más
al mundo y a promover el descontento y la rebelión universales,
incluidos sus propios aliados.
La población autóctona y
los pueblos de América Latina y el Caribe han sido víctimas, durante
casi dos siglos, de la política expansionista de Estados Unidos hacia
el oeste y el sur del territorio original de las 13 Colonias, que se
declararon independientes del dominio inglés en 1776. Primero, casi
exterminó a los indígenas en su avance hacia el oeste. Más tarde,
en 1835, promovió la independencia de Texas, en la que numerosos
colonos norteamericanos previamente se habían asentado. En 1847
invadió y desató una brutal guerra contra México, como resultado de
la cual, en febrero de 1848, se apoderó del 55 por ciento de su
territorio. Así, exterminando indios y desalojándolos de las tierras
donde habían vivido quién sabe cuántos siglos, comprando
territorios de antiguas metrópolis europeas, anexándolos como hizo
con Texas y conquistándolos como los que arrebató a México, Estados
Unidos, nutrido con grandes migraciones procedentes de Europa en la
segunda mitad del siglo XIX, se había convertido ya en poderosa y próspera
nación, mientras los Estados que surgieron del imperio colonial español
desde la Patagonia hasta las fronteras de Canadá tras las luchas
iniciadas por Venezuela en 1810, permanecían divididos y aislados.
El 20 de junio de 1898,
Estados Unidos interviene militarmente en Cuba que, tras heroica y
prolongada lucha de sus mejores hijos, estaba a punto de alcanzar su
independencia frente a una exhausta y arruinada España. Nuestro país
es ocupado por Estados Unidos durante casi cuatro años.
En 1902, sus tropas
abandonan la Isla, tras dejar implantada una neocolonia cuyos recursos
naturales, tierras y servicios quedaron en sus manos, garantizados por
una Enmienda impuesta a nuestra Constitución que le daba derecho
legal a intervenir militarmente en el país. El glorioso Partido
creado por Martí había sido disuelto; el Ejército Libertador, que
luchó durante treinta años, fue desarmado. Su lugar lo ocupó una
institución militar organizada y entrenada por Estados Unidos a
imagen y semejanza de su propio ejército. El arbitrario derecho a
intervenir con cualquier pretexto fue más de una vez utilizado.
Puerto Rico, hermana
gemela de Cuba en el empeño libertador como "de un pájaro las
dos alas", fue convertida en colonia de Estados Unidos, triste
condición que ha perdurado hasta hoy. Haití, República Dominicana,
Guatemala, Nicaragua y otras naciones de Centroamérica, e incluso México,
fueron más de una vez militarmente intervenidas directa o
indirectamente por Estados Unidos. El istmo de Panamá fue ocupado
para concluir y garantizar el estratégico Canal que administró
durante casi un siglo. La penetración en el resto de las naciones de
Sudamérica se produjo mediante grandes inversiones, golpes de Estado,
gobiernos militares y creciente injerencia política, ideológica y
cultural. Después de la Segunda Guerra Mundial, las manejó todas a
su antojo.
El primer gran freno al
expansionismo y al dominio político y económico de América Latina
se produjo en Cuba con la Revolución del Primero de Enero de 1959. De
ella surgió una nueva etapa en la historia de este hemisferio. El
precio pagado por nuestra Patria hasta hoy es conocido. Incluso, por
ello estuvo a punto de verse envuelta en una guerra nuclear.
Todo cuanto hicieron los
gobiernos de Estados Unidos en este hemisferio hasta el momento actual
estuvo fuertemente influido por su obsesión y temor ante la presencia
desconcertante de la Revolución Cubana, desde los días de la invasión
mercenaria de Playa Girón y la Alianza para el Progreso hasta la
declaración de Bush en el búnker de Quebec, en la que invoca el
nombre de José Martí, al que atribuye una frase equivocada sobre la
libertad. Mas, si el triunfo de la Revolución Cubana los desconcertó,
su admirable resistencia durante más de cuatro décadas a veces da la
impresión de haberlos desquiciado.
Con una abyección
repugnante que pasará a la historia como ejemplo sin precedentes de
infamia, todos los gobiernos latinoamericanos, con excepción de México,
se sumaron con mayor o menor resistencia al aislamiento y al bloqueo a
Cuba. La OEA fue herida de tal forma, que no pudo restablecerse otra
vez. Cuando se está fraguando ya una gigantesca anexión de los países
de América Latina a Estados Unidos, nadie sabe por qué existe todavía
y se gasta dinero en esa repugnante institución, invalidada
moralmente para siempre por el entreguismo y la traición.
Lo que la OEA hizo
entonces como instrumento de Estados Unidos, es lo que el imperio
quiere hacer hoy con el ALCA; pero no para aislar a Cuba, sino para
liquidar la soberanía, impedir la integración, devorar los recursos
y frustrar el destino de un conjunto de pueblos que suman, sin incluir
a los anglófonos, más de 500 millones de habitantes con lengua
latina, cultura e historia comunes.
Si un día la OEA entregó
su alma al diablo, traicionó y vendió a Cuba recibiendo los países
latinoamericanos, como premio, la cuota azucarera cubana, ascendente a
varios millones de toneladas de azúcar en el mercado norteamericano y
otras mercedes, ¿qué se puede esperar hoy de unos cuantos gobiernos
burgueses y oligárquicos, sin principios políticos ni éticos, que
votaron junto a Estados Unidos en Ginebra, por oportunismo o cobardía,
para servirle en bandeja de plata pretextos y justificaciones a un
gobierno de extrema derecha de Estados Unidos, con el objetivo de
mantener su bloqueo genocida, e incluso podrían servir como excusa
para agredir al pueblo de Cuba?
Arrastrados por esa
nefasta corriente anexionista, nada de extraño tiene que otros
muchos, en la desesperación de enormes e impagables deudas y de una
total dependencia económica, sean conducidos al suicidio del ALCA.
Hay políticos
latinoamericanos que edulcoran sus almas cuando oyen hablar de libre
comercio, cual si vivieran todavía a mediados del siglo pasado cuando
sólo dependían de las exportaciones de productos básicos y clamaban
por la supresión de las trabas arancelarias de Estados Unidos. No se
dan cuenta de que el mundo ha cambiado, que muchos de aquellos
productos como las fibras, el caucho y otros materiales han sido
sustituidos por productos sintéticos, o un alimento como el azúcar
de caña por la fructosa procedente del maíz, con más poder
edulcorante y menos calorías, preferida por muchas personas, o
sabores artificiales como el de la vainilla, la fresa y otros muchos
que imitan los de frutas tropicales y semitropicales. Sus mentes están
congeladas en las demandas de hace medio siglo. El veneno neoliberal y
otras falsedades los ciega incurablemente, e incluso engañan todavía
a importantes sectores de la población que no comprenden la esencia
de los problemas que sufren, a los cuales no se les explica nada, o
les ocultan la información.
No cabe la menor duda de
que al menos los gobiernos de dos países de los más importantes de
América Latina, como la Venezuela bolivariana y Brasil, la mayor y más
poblada nación latinoamericana, comprenden estas realidades y
encabezan la resistencia.
Para Cuba, es
absolutamente claro que el llamado Acuerdo de Libre Comercio de las Américas
en las condiciones, plazo, estrategia, objetivos y procedimientos
impuestos por Estados Unidos, conducen inexorablemente a la anexión
de América Latina a Estados Unidos. Tal tipo de asociación entre una
gigantesca potencia industrial, tecnológica y financiera, con países
que padecen un alto grado de pobreza, subdesarrollo y dependencia
financiera respecto a instituciones que están bajo la égida de
Estados Unidos, que controla, rige y decide en el Fondo Monetario
Internacional, el Banco Mundial, el Banco Interamericano de Desarrollo
y otras, impone tales condiciones de desigualdad, que sólo implicará
la absorción total de la economía de los demás países de América
Latina y el Caribe por la economía de Estados Unidos.
Todos los bancos, compañías
de seguros, las telecomunicaciones, los servicios navieros y las líneas
aéreas serán norteamericanos. El comercio pasará a manos
norteamericanas, desde las grandes cadenas de comercialización hasta
las ventas de pizzas y McDonalds.
La industria química, la
automotriz, la de producción de maquinarias y equipos y otras que son
fundamentales, pasarán a ser industrias norteamericanas.
Los grandes centros de
investigación, la biotecnología, la ingeniería genética y las
grandes empresas farmacéuticas serán propiedad de las
transnacionales de Estados Unidos. Las patentes y tecnologías, casi
sin excepción, serán norteamericanas. Los mejores científicos
latinoamericanos trabajarán en laboratorios norteamericanos.
Las grandes cadenas de
hoteles serán norteamericanas.
La llamada industria de
recreación será monopolio casi total de Estados Unidos. Hollywood
producirá, como suministrador casi exclusivo, películas y seriales
para los cines, las emisoras de televisión y los video cassettes de
América Latina; nuestros países, que ya alcanzan un consumo de
alrededor del 80 por ciento, verán crecer aún más el uso de esos
productos destructores de sus valores y sus culturas nacionales. ¡Y
qué maravilloso: dos o tres Disneylandias serán con seguridad
construidas en Centro y Sudamérica!
Los pueblos
latinoamericanos seguirían siendo fundamentalmente productores de
materias primas, creadores de bienes primarios y colosales ganancias
para el gran capital transnacional.
La agricultura
norteamericana recibe subsidios que alcanzan 80 mil millones de dólares,
y seguirá recibiéndolos en el futuro de una u otra engañosa forma.
Su productividad por hombre y por hectárea, con empleo de grandes y
sofisticadas máquinas y abundantes niveles de fertilización, es
mucho mayor. Cultivarán granos genéticamente transformados, con
rendimientos mucho mayores, independientemente de que sean o no
compatibles con la salud humana.
Como consecuencia, los
cultivos de maíz, trigo, arroz, soya y otros granos casi desaparecerán
en muchos países latinoamericanos; no habrá para ellos ninguna
seguridad alimentaria.
Cuando una gran sequía u
otras calamidades afecten la producción agrícola en regiones enteras
del mundo, grandes países como China, con abundantes reservas en
divisas convertibles, o la India, con menos reservas pero con
determinados recursos financieros, pueden verse obligados a comprar
decenas de millones de toneladas de granos. Si eso ocurre, los precios
pueden adquirir niveles inalcanzables para muchos países
latinoamericanos, si sus producciones de granos son liquidadas por el
ALCA. Por grandes que sean las cosechas, Estados Unidos sólo puede
producir una pequeña parte de los alimentos que necesita una población
mundial creciente, que hoy alcanza más de 6 mil 100 millones de
habitantes. La disminución de la producción de los alimentos en América
Latina puede afectar no sólo a esos países, sino también al resto
del mundo.
Latinoamérica seguirá
desempeñando, en condiciones cada vez más difíciles e
insoportables, el triste papel de suministradora de materias primas y
mano de obra cada vez más barata, comparada con los salarios que se
pagan en Estados Unidos, 15 ó 20 veces mayores que los que las
grandes transnacionales pagan en las fábricas que instalan en la región,
las que además emplean cada vez menos personas por el nivel de
automatización y la productividad que alcanzan. Es ilusoria, por
tanto, la idea de que traerían abundantes puestos de trabajo. La
agricultura, que suele ocupar en cambio un número de trabajadores más
elevado, se vería afectada por las razones señaladas. El desempleo,
por tanto, crecería considerablemente. En Alemania y otros países
europeos padecen desempleos de hasta un 10 por ciento, a pesar de la
enorme cantidad de industrias y servicios que poseen.
Las naciones
latinoamericanas estarían llamadas a convertirse en enormes zonas
francas que no pagan impuestos, o sólo muy reducidos. Los países han
sido puestos a competir entre sí buscando a cualquier precio las
inversiones extranjeras. Se les invita a producir vegetales de estación
y frutas tropicales, que podrían suministrar a todo el mercado
norteamericano con menos de un millón de hectáreas de tierras bien
cultivadas.
Tal vez reciban un número
mayor de turistas norteamericanos que viajarán por el inmenso
territorio de Centro y Sudamérica, que se alojarán en hoteles
norteamericanos, viajarán en líneas aéreas o en cruceros
norteamericanos, utilizarán servicios de comunicación
norteamericanos, comerán en restaurantes norteamericanos, comprarán
en tiendas norteamericanas mercancías producidas en empresas
norteamericanas con petróleo y materias primas latinoamericanas;
exportarán combustible, cobre, bauxita, carne (si no hay fiebre
aftosa), bananas y otras frutas si no hay medidas proteccionistas no
arancelarias, y quizás algunas artesanías.
¿Qué irá quedando? La
condición de trabajadores de las empresas norteamericanas en los
empleos por lo general peor remunerados y más duros, o como
sirvientes de las casas de los ejecutivos y jefes norteamericanos, los
profesionales de alta calificación, o de lo que quede de las burguesías
locales. Sólo minorías de burgueses privilegiados y sectores o capas
medias de aristocracia obrera tendrán algo que ganar. Habrá grandes
masas de fuerzas laborales excedentes, como ocurre hoy en Argentina,
cuyos índices de desempleo alcanzan entre el 15 y el 20 por ciento y
no tendrán subsidio alguno. En eso pueden apreciarse los frutos de la
globalización neoliberal, a pesar de las decenas de miles de millones
de dólares de capital extranjero invertidos, la privatización y
venta a empresas foráneas de la casi totalidad de las empresas
estatales y la enorme deuda contraída por grandes préstamos
recibidos.
El ALCA significará más
neoliberalismo, menos protección a la industria y a los intereses
nacionales, más desempleo y problemas sociales.
Es absolutamente seguro
que las monedas nacionales desaparecerán. Ninguna podrá sostenerse;
serán sustituidas por el dólar. Aun sin ALCA, hay ya una fuerte
corriente en esa dirección, que involucra a varios países a partir
de la decisión adoptada por Ecuador. La Reserva Federal de Estados
Unidos dictará la política monetaria de cada uno de ellos. El ALCA,
que beneficia sólo al gran capital transnacional, tampoco beneficiará
a los trabajadores norteamericanos, muchos de los cuales quedarán sin
empleo. Por eso también sus representantes protestan en Quebec con
creciente fuerza, y protestaron antes con gran furia contra la OMC en
Seattle.
Si Cuba no hubiese sido
soberana en política monetaria, no habría podido jamás revalorizar
siete veces el valor del peso entre 1994 y 1999, ni habría sido
posible vencer el período especial.
Dos factores fueron
decisivos: no pertenecer al Fondo Monetario Internacional y tener una
política monetaria independiente.
A partir del instante en
que lo dicho anteriormente sobre el ALCA ocurra, ya no podría
hablarse de independencia y la anexión comenzaría a ser una
realidad. No hay un ápice de exageración en lo que hasta aquí he
afirmado.
Lo peor, lo más triste, cínico
e hipócrita, es que este monstruoso paso se pretenda llevar a cabo
sin consultar al pueblo. Esa es toda la democracia que pueden concebir
el imperio y sus lacayos.
Si bien albergo la más
firme convicción de que América Latina y el Caribe podrán ser
devorados, pero no digeridos por el decadente imperio, ya que los
pueblos harían renacer las naciones de nuestro continente de sus
propias cenizas para integrarse entre ellas, como deben integrarse y
unirse en busca de un destino superior y más decoroso, sería mucho
mejor que los cientos de millones de latinoamericanos y caribeños nos
ahorremos una durísima etapa de posterior lucha por nuestra liberación.
¡Evitemos la anexión,
exijamos resueltamente y desde ahora que ningún gobierno pueda vender
una nación a espaldas del pueblo! ¡No puede haber anexión si hay
plebiscito! Sembremos conciencia del peligro y de lo que significa el
ALCA.
Reavivemos la dignidad y
los sueños de Bolívar, la dignidad y los sueños de San Martín,
O’Higgins, Sucre, Morazán, Hidalgo, Morelos, Juárez y Martí
(Aplausos).
¡Que nadie se haga
ilusiones de que los pueblos se cruzarán de brazos y permitirán ser
vendidos como esclavos en subasta!
Hoy haremos la primera
protesta. Con centenares de miles de cubanos, dentro de unos minutos
partiremos en marcha latinoamericana de protesta ante la Oficina de
Intereses de Estados Unidos, con la consigna de ¡Anexión no,
plebiscito sí! ¡Anexión no, plebiscito sí! ¡Anexión no,
plebiscito sí! (Aplausos y Exclamaciones de: "¡Anexión no,
plebiscito sí!" ) Que resuene bien alto y se escuche en
Washington.
Digamos hoy, en compañía
de cientos de líderes y representantes de los trabajadores de América
Latina, del Caribe, Estados Unidos, Canadá, Europa, Asia y África:
¡Independencia de América Latina y el Caribe o Muerte!
¡Hasta la victoria
siempre! (Aplausos y Exclamaciones de: "¡Fidel, Fidel!")
¡Venceremos!
(Ovación)
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