| BOXEO La poca suerte de Kid Tunero
Por Elio Menéndez
Pocos púgiles profesionales han tenido la escasa suerte
del cubano Evelio Mustelier, "Kid Tunero", quien, pese a haberle ganado a cuatro
campeones mundiales, nunca tuvo un título.
Tunero, vamos a llamarlo así en lo adelante, combatía en
la división mediana, la de los 75 kg., no obstante lo cual enfrentó a boxeadores de los
semipesados.
En su momento de esplendor, el cubano venció a los
titulares del orbe Marcel Thill, Anton Christifodis, Ken Overlin y Ezzard Charles, este
último el hombre que arruinó el tardío regreso de Joe Louis, luego de que el célebre
"Bombardero de Detroit" decidiera retirarse con la corona aún sobre la testa.
Virtualmente desconocido en Cuba, Tunero se hizo de un
sólido prestigio en Europa.
Jack Johnson y Jess Willard
Contaba pocos años de edad Tunero cuando la familia se
trasladó a Banes, en el oriente de la isla, en busca de trabajo, y fue allí donde,
según contaba más tarde el Kid, le entró el boxeo por los poros.
Al muchacho de por entonces 8 o 9 primaveras le llamaron
poderosamente la atención dos muñecos de metal que pendían del techo de una bodega, y
que, accionados por el viento, semejaban el combate sostenido por Jack Johnson y Jess
Willard en el Hipódromo de Marianao (La Habana) en 1915.
No había efectuado una docena de peleas en Cuba, todas en
la categoría semiprofesional, cuando emigrante del hambre y el desempleo, el joven Tunero
empacó sus escasas pertenencias y viajó a Europa en busca de gloria y dinero. Corría el
año 1929.
Su más encarnizado rival
En el Viejo Mundo, Tunero se hizo pronto de un nombre,
convirtiéndose en auténtico ídolo, particularmente para los aficionados de Francia,
donde residió por mucho tiempo y contrajo matrimonio, del que tuvo dos hijos varones.
Pero, más que los adversarios de mayor renombre, hostigó
al cubano el reumatismo acrecentado por las frías temperaturas de la Ciudad Luz. Tanto
fue así, que en no pocas ocasiones tuvo que frotarse el cuerpo con ortigas y envolverse
en colchas antes de subir al ring.
A pocos le costó tanto trabajo convencer. Afuera, cuando
combatía frente a ídolos locales, se le consideraba extranjero, y cuando se presentó en
Cuba, su tierra, su escuela típicamente europea no gustó a sus compatriotas. No
obstante, tanta fue su clase, tanta su perseverancia, que triunfó aquí y allá.
Murió en la miseria
Kid Tunero pasó por un angustioso calvario de cinco años
sin saber de su familia, que había dejado en París para ir a combatir en Sudamérica,
sorprendiéndole la invasión a Francia de las hordas fascistas durante la II Guerra
Mundial.
En la mitad final de los '40, Tunero efectuó varias peleas
en La Habana. Su último combate lo celebró frente al panameño Hanking Barrows, y no
obstante ganar, decidió retirarse por lo mal que se sintió.
Al triunfo de la Revolución, en 1959, trabajó algún
tiempo como entrenador, pero al erradicarse el profesionalismo en la isla decidió marchar
a Barcelona.
El 9 de octubre de 1992 moría en la mayor pobreza en la
Ciudad Condal, aquel a quien llamaron Caballero del Ring.
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