| El
genio imbatible de Capablanca
Se
dice que a los cuatro años, sin que nadie lo hubiera enseñado
a jugar, le corrigió al padre un movimiento, y que poco después
le ganó una partida.
El padre decidió entonces enseñarle todo lo que él
mismo sabía, que enseguida fue poco para el hábil
aprendiz. José Raúl Capablaca y Graupera, nació
en La Habana el 19 de noviembre de 1888, y su ascenso por el ajedrez
fue tan contundente que aún hoy los mejores jugadores del
planeta lo recuerdan con admiración.
Se sabe que en 1892 ya frecuentaba el Club de Ajedrez de La Habana,
una institución de fama en el mundo entero. Al verlo, tablero
por medio, frente a hombres hechos y derechos, su padre sonreía
con orgullo.
Creo que llegará lejos, dicen que expresó alguna que
otra vez. La posteridad le daría toda la razón.
Llegado
a los Estados Unidos, donde estudiaría en la Universidad
de Columbia, José Raúl Capablanca comenzó a
visitar el famoso Club de Ajedrez de Mahattan.
Sus continuas victorias hicieron que fuera invitado a un torneo
de ajedrez relámpago en el que tomarían parte 33 jugadores,
entre ellos Enmanuel Lasker, campeón mundial. El dieciséis
de abril de 1906, Lasker y Capablanca quedaron como únicos
contrincantes.
En una partida llena de sorpresas el campeón mundial vio
cómo el joven cubano lo dejaba tendido en el campo de batalla.
Es notable joven, le dijo estrechándole la mano, usted no
ha cometido errores. Quince años después José
Raúl Capablanca y Enmanuel Lasker volverían a contender
por el título del orbe. El ímpetu de Capablanca acorralaría
a Lasker hasta arrebatarle la corona.
Siendo ya campeón mundial de ajedrez, el cubano José
Raúl Capablanca contendió en cuanto torneo de importancia
se celebró en el mundo. Fue el rey indiscutible hasta finales
de 1928, cuando diversas circunstancias lo llevaron a perder la
corona frente al ruso Aliojin.
El nuevo campeón mundial le negaría entonces la oportunidad
de batirse por el título. Enfermo y con 48 años participó
en un torneo en Moscú, que concentró a los mejores
el mundo. Contra todos los pronósticos, el primer lugar quedó
en manos del cubano.
A Aliojin lo derrotó poco después en Inglaterra, dejando
claro que sólo la negativa del ruso le impedía recuperar
la corona. José Raúl Capablanca falleció en
Nueva York el 8 de marzo de 1942. Sus restos fueron traídos
a Cuba y honrados por todo el pueblo.
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