| El deporte cubano Un genuino campo de honor
Por Miguel Hernández
Ninguna de las grandes estrellas del deporte cubano se ha vendido. El hecho
confirma los valores ético morales en la formación del atleta en nuestro contexto
social.
El deporte cubano entrará en el nuevo siglo como el más
agredido en el concierto mundial. En momentos en que es cada vez más violenta la
desenfrenada comercialización en la actividad física, en que la tentación por jugosos
contratos propicia éxodos en muchos países, Cuba, a pesar de la adversa situación
económica y la agresión política de Estados Unidos, es una excepción gracias a la
conciencia de sus deportistas, forjada sobre la base de los sacrificios de una nación que
defiende su identidad y soberanía.
La historia reciente del deporte cubano recoge en sus
gloriosas páginas ejemplos trascendentes. Cuando Teófilo Stevenson y Omar Linares
recibieron en repetidas ocasiones ofertas de millones de dólares para convertirse en
rentados, hubo una misma respuesta: no cambio mi país por ningún dinero.
La industria del profesionalismo estadounidense ha tenido
en la mira al boxeo y el béisbol cubanos. En toda competencia los buscatalentos han
intentado comprar a los atletas cubanos, cargados de títulos regionales, mundiales y
olímpicos. En los Juegos de Buena Voluntad de Nueva York, en julio de 1998, los
promotores no perdían de vista a los púgiles de la isla. A uno de los más codiciados,
Félix Savón, ya ni siquiera se acercan tras recibir tantas negativas.
Maracaibo: victoria deportiva y patriótica
A Venezuela, país de tradición beisbolera, llegaron
varios negociantes durante los Juegos Centroamericanos y del Caribe '98 para merodear
estrellas conocidas y otras prometedoras del equipo cubano. Y Chapellí, Videaux, Tabares
daban las mismas respuestas que sus legendarios compañeros de equipo como Linares,
Pacheco, Kindelán.
Más importante que la victoria deportiva fue la victoria
patriótica, dijo por entonces José Ramón Fernández, Presidente del Comité Olímpico
Cubano, al valorar la actuación del medio millar de atletas de la isla antillana que
asistieron a Maracaibo.
Para ellos, las desprestigiadas células anticubanas de
Miami diseñaron otro intento de compra de conciencias en el que el mercader y el mafioso
coincidieron en una misma persona, aunque con otra apariencia...Intento que mezclaba
intereses comerciales con el atávico deseo político de dañar la imagen y dignidad de
Cuba y que, otra vez, fue fallido.
Lo principal: la concepción del hombre
El mundo quedó asombrado ante la actitud del voleibolista
cubano Joel Despaigne, uno de los mejores del orbe en su momento, cuando declinó jugar
como profesional por priorizar su selección nacional.
El fallecido ajedrecista Guillermo García prefirió
renunciar al premio de 10 mil dólares del torneo de Nueva York porque, para cobrarlo,
estaba obligado a desertar y abandonar Cuba.
Decenas son los ejemplos y siempre serán muchos más que
las historietas de quienes desertan tras el dinero, a pesar de los millones de dólares y
los fuertes intereses puestos detrás del empeño de soborno. Por unas pocas monedas
algunos olvidan que gracias al sudor de muchos un campeón en Cuba no tiene que
preocuparse por su futuro ni el de su familia. Otros, los más, ponen por encima de
cualquier montaña de oro a su Patria y a su pueblo, la pureza del deporte. Esa gratitud
es también decoro, lealtad y dignidad.
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