| Winnipeg, eco triste de la
globalización informativa Por Alina
Martínez (AIN)/ Agosto '99
Otra sombra, hostil, gritona y sensacionalista, se cernió como
jarro de agua fría sobre los XIII Juegos Panamericanos de Winnipeg, Canadá, al revelarse
con fuerza la globalización de la desinformación.
Atendiendo más a temas políticos y banales que a marcas,
tiempos, victorias y competencias en el terreno del deporte, medios de prensa convirtieron
la cita en un verdadero campo de agresiones durante 18 días de calendario.
Con la delegación cubana, el reflejo de la prensa
occidental, y sobre todo la local, tomó tonos dramáticos, con presiones inauditas y
sospechosos chismes de barrio en páginas y radioemisoras. Las denuncias de Cuba sobre tal
agresividad no pasaron inadvertidas para los participantes.
Los 42 jefes de misiones presentes en la cita deportiva
panamericana rubricaron un documento de repulsa a las acciones hostiles contra la
delegación cubana, que incluso hicieron necesarias medidas especiales para la protección
de los deportistas.
Muchos comenzaron a convencerse de que era una campaña
para desestabilizar a los atletas, cuando atónitos observaron en un diario que se
suponía netamente dedicado al deporte, indicaciones de cómo se podrían refugiar con
status político los atletas cubanos.
Tanta fue la alharaca y el desmedido afán por orquestar
una maniobra a la que se prestó la prensa globalizada y neoliberal, que (como se dice en
Cuba) el tiro les salió por la culata. Las sospechosas filtraciones de información, las
mentiras, el ambiente enrarecido y las trampas provocaron cuestionamientos de atletas,
delegaciones y periodistas que se respetan.
Una agencia noticiosa reconoció que algunos medios de
prensa escamotearon los valores reales de los Juegos Panamericanos de Winnipeg con la
manipulación informativa, al referirse más a temas políticos que a récords o
actuaciones destacadas.
Para colmo, y como triste botón de muestra de la
globalización de la desinformación, varios medios dedicaron despachos y páginas al por
mayor a lo que llaman el tema de la mercadotecnia: desde los precios de las entradas, lo
recaudado por el comité organizador, hasta el valor monetario de sellos y lo acopiado por
las tiendas figuraron como temas obligados de una prensa que se hace cada vez más
superficial y mercenaria.
Durante estos juegos, un órgano de prensa llegó a afirmar
que el mercado es el motor que da vida a una cita deportiva de este tipo. Como si los
atletas y su esfuerzo supremo no fueran lo esencial.
Pocos medios, sin embargo, destacaron la valía de las
cinco medallas de oro del gimnasta Erick López, el rey de Winnipeg, el récord mundial de
su coterráneo Aranda en las pesas, y casi ninguno estableció debate sobre las
imposiciones de cambios en los reglamentos de algunas disciplinas, algo que levantó duras
críticas de numerosas delegaciones.
No hubo allí uno solo que se preguntara por qué naciones
desarrolladas del norte, como Estados Unidos y Canadá, agruparon a no pocos atletas del
Sur de gran brillantez, a quienes, por demás, se les ofrecen mayores recursos de todo
tipo. Tal cadena de truculencias ha sido una de las páginas más sucias en la historia
del deporte regional y mundial. Aquellos que califican a los de Winnipeg como "los
mejores juegos de la historia" al parecer no estuvieron allí.
Después de todo, Cuba se mantuvo en el segundo puesto
regional, con 69 medallas de oro, 40 de plata y 47 de bronce, superada sólo por Estados
Unidos y aventajando a Canadá por 5 títulos. No valen presiones y manipulaciones cuando
hay grandeza deportiva.
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