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La anécdota que más dolió a Kid Chocolate

por Elio Menéndez
Kid Chocolate
Eligio Sardiñas (Kid Chocolate), (1910-1988), se convirtió en una de la primeras figuras boxísticas de todos los tiempos. Con dos fajas mundiales (ligero junior-1931 y gallo-1932) decía: "El boxeo soy yo" y su mayor orgullo era bajar del ring fresco y sin despeinarse, como si nada hubiese sucedido.

 

Medio siglo después, Kid Chocolate me contaba, aún conmovido, la dolorosa anécdota que le ocurriera el día de su debut en los Estados Unidos.

El estreno del cubano en rings de Norteamérica se produjo el primero de agosto de 1928, en el campamento militar de Mittchefields, una base aérea en las afueras de New York. Su rival, Eddie Enos, fue el primero en subir al cuadrilátero, y lo hizo bajo una atronadora salva de aplausos y gritos como estos: "hey, Eddie, termina pronto con el negro, que esta noche estamos de pase y las chicas no gustan de esperar".

La gran diferencia en talla y peso era notable. El propio Eddie Enos lo comprobó al volver la cabeza hacia la esquina opuesta, en la que su adversario posaba para los fotógrafos. Mientras el americano saludaba a cuantos le vitoreaban, Chocolate hacía fintas y más fintas, lanzaba golpes al aire y se movía intranquilo. Su pelo bien asentado tenía la raya cuidadosamente hecha a un lado, la trusa y la bata eran impecables y muy lustrosas las zapatillas.

El kid de 18 años semejaba, más que un gladiador, un dandy salida de las calles del habanero barrio de Belén.

Suena el gong, va a comenzar el combate. El negrito recién llegado de Cuba domina desde el primer momento, con una esquiva de prodigio y dos puños que parecen centellear. Los militares no dan crédito a lo que ven. Alientan al suyo, pero los ojos, bien abiertos, siguen los movimientos del Kid, que golpe a golpe va labrándose su primer triunfo en los Estados Unidos.

Entre tantas voces en inglés, hay una que llega a los oídos de Chocolate en claro español: "Eso es, así se pelea, cubanito". En el minuto de descanso, el Kid pregunta a sus segundos por esa voz que le anima, pero ni pincho Gutiérrez -su mentor y mejor amigo- ni Moe Fletcher tienen respuesta.

El segundo round es una copia fiel del anterior. El dominio del cubano se torna cada vez más evidente y, no obstante el ensordecedor rugir de la multitud, llega nuevamente a Chocolate aquella voz tan diferente a las otras: "No le des tregua, cubanito". El Kid ganó por knock out en el tercer episodio. Ya camino de los vestidores, se volvió varias veces para tratar de identificar al dueño de aquella voz que tanto le alentara y sólo consiguió escuchar de nuevo: "Bravo por ti, cubanito".

A la mañana siguiente, y pese a que sólo llevaba 50 días en New York, el Kid visitó su ya habitual tertulia de Lafayette. Entre las coristas trasnochadas y amigos de la colonia latina, festejaba su triunfo cuando cayó en sus manos un diario.

Buscó ávidamente en las páginas deportivas y en una de ella halló el titular con su victoria sobre Eddie Enos, acompañado de una alerta: "Cuidado, de Cuba ha llegado una Nube Negra, le llaman Kid Chocolate".

Pero la alegría se volvió tristeza al leer en primera plana del propio matutino, desplegada en grandes caracteres, la dolorosa noticia: "De retorno a su patria, en viaje desde la base militar de Mittchefields a Ciudad de México, murió en accidente aéreo el capitán de aviación mexicano Emilio Carranza".


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