Listos
los animadores del beisbol cubano
(Comentó:
Joel García).
Hace
solo unos días concluyó la integración de todos
los conjuntos para la venidera serie nacional de béisbol.
Las hostilidades se romperán en el estadio Latinoamericano
el próximo diecinueve de noviembre con un enfrentamiento
clásico: Industriales-Villa Clara.
Sin embargo, las nóminas anunciadas de muchos equipos hace
pensar que a estos dos punteros de las últimas temporadas
les saldrá más de una sombra.
Pinar del Río vuelve a tener juventud y experiencia como
ingredientes de triunfo, mientras Matanzas apuesta a una renovación
total con director incluido.
Metropolitanos reúne la nueva cantera de peloteros capitalinos,
en tanto Cienfuegos y Sancti Spíritus son casi idénticos
a los de la campaña anterior.
La
Habana enseña pretensiones de colarse en finales, algo que
sueña también la Isla de la Juventud con su ofensiva
oportuna.
De
los títulos más esperados por Cuba en los pasados
Juegos Olímpicos de Atenas estuvo el béisbol. La derrota
cuatro años atrás en Sydney había cortado la
respiración vital a muchos seguidores y atletas.
Pero todo regresó a la normalidad, gracias a un equipo que
supo ganar el juego bueno.
El último resultado internacional de esta disciplina ha sido
la obtención en Colombia del boleto para la Copa del Mundo,
prevista para el verano del próximo año en Holanda.
El mérito de este reciente éxito radicó en
la combinación de noveles jugadores con algunos de más
experiencia, y en la confianza sin límites de un director
triunfante como Jorge Fuentes, de nuevo al frente de una selección
nacional.
En casa, desde el viernes venidero, la serie nacional se colmará
de pasiones, revanchas, enojos, desvelos, asombros y por supuesto,
alegrías.
Basta
una mirada a los niños, jóvenes, adultos; estudiantes,
obreros, ingenieros; mujeres y hombres; ciudades y poblados; Cuba
entera, para concluir que es imposible vaticinar una fiebre beisbolera
más alta que la que se avecina.
Ni siquiera lo intentamos porque cada año pueden quedar reducido
a humo y cenizas tales pronósticos.
Una sola ambición queda intacta. La pelota se parece a la
vida, y sin ella los cubanos no sabemos vivir. Nuestros peloteros
seguirán siendo intrépidos, envalentonados, aguerridos,
intrusos y fieles herederos de “esa alma en el terreno”
que hizo al béisbol de la década del sesenta el más
idolatrado y querido por muchos aficionados.
Y
mientras esperamos por el nuevo campeón nacional, ¿Industriales
de nuevo?, envasemos la pelota en caja cuadrada y que gane el mejor.
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