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a Cultura La música en Cuba
  
Chano Pozo Los Van Van Benny Moré Silvio Rodríguez

De muy hondo le viene la música al cubano, de muy adentro le llegan el ritmo, la cadencia, el talento para asimilar en gestos, contorsiones y notas la maravilla que encierra un pentagrama.

En Cuba la música se esparce como el aire. Como el aire, es indispensable a sus pobladores. Como el aire, la hay a raudales. Como el aire, quien viene a la isla la respira y queda impregnado de ella, escuchada en la radio, en un toque callejero, salida de orquestas cultas o populares, de instrumentos tradicionales o una simple caja o un machete o una lata. Todo sirve al cubano para hacer música. El secreto: siglos de mestizaje cultural, mezcla de culturas musicales que hallaron nuevos caminos en el panorama insular.

De los aborígenes quedó poco o nada. El colonizador español cortó de raíz la tradición de nuestros primeros habitantes. Ya las naves en que arribaron Cristóbal Colón y su expedición eran un muestrario cultural de la diversa España de entonces. África, cuyo influjo cubriría la isla con el arribo de miles de esclavos, era también un mosaico de pueblos y tradiciones musicales.

Así, en Cuba convivieron e interactuaron desde el temprano siglo XVI romances, puntos, zapateos, tonadillas y ritmos congos, yorubas, carabalíes, arará, a la par de los cantos religiosos de ambas corrientes.

Ya en el siglo XVII, el punto guajiro se escuchaba en los campos como expresión del criollo naciente. En el siglo XVIII, vivió Esteban Salas, maestro de capilla de la catedral de Santiago de Cuba, primer compositor culto de Cuba y autor de misas y villancicos. Ya había guarachas criollas y conjuntos típicos cuyos sones sonarían por mucho tiempo, y las claves eran bien conocidas. Mientras la aristocracia bailaba en los salones, los negros -y no sólo ellos- danzaban bailes de contoneos y movían escandalosamente sus cuerpos. La Habana era puerto de reunión de las flotas, y se mezclaban aquí las razas, las historias, los ritmos, las formas musicales y las jergas.

Tras la revolución negra, de Haití llegaron los franceses con el minuet, el rigodón y la contradanza, considerada esta última, al cubanizarse, el inicio de los géneros musicales criollos. Los negros que vinieron junto a sus amos trajeron, por su parte, el cinquillo, elemento rítmico fundamental en la formación de la música cubana. En el oriente de la isla, el cinquillo, con la regularidad rítmica y la simetría de las percusiones africanas, se unió a la contradanza y la diferenció de la modalidad que reinaba en La Habana.

Del siglo XIX se destacarían el violinista Claudio José Domingo Brindis de Salas, llamado el "Paganini negro" y altamente estimado en las más recias salas de concierto del Viejo Continente. Manuel Saumell, instrumentista, arreglista, ejecutor del piano, el violoncello y el órgano, autor de contradanzas de puro sabor criollo, protagonista del primer intento de realizar una ópera cubana y considerado padre de la tendencia nacionalista en la música cubana. Ignacio Cervantes, admirable pianista, estudioso incansable, dueño de la estimación de grandes como Lizst, Rossini y Paderewski, y cuya producción se reparte entre partituras sinfónicas, la ópera, la música de salón y la zarzuela. Aliado del ejército independentista, Cervantes debió ir al exilio.

De las cenizas de la tonadilla y el sainete españoles nacía el bufo cubano. Los personajes que en el escenario animaban entremeses y zarzuelas se hacían criollos, y seguidillas, boleras y villancicos daban paso a la guajira, a la décima campesina, a la canción netamente cubana.

En 1879, Miguel Faílde crea el primer danzón (Las alturas de Simpson), hasta bien entrado el siglo XX el baile nacional de Cuba, en cuyas letras se reflejaban sucesos importantes, desde el advenimiento de la república hasta la Segunda Guerra Mundial, pasando por amoríos e historias humanas. En los primeros años del siglo XX todo elemento musical aprovechable pasaba al danzón: boleros de moda, rag times, pregones callejeros, arias, cuplés y hasta melodías chinas. El guaguancó también nace con esta centuria. La trova tradicional, guitarra en mano, es cultivada por figuras como Sindo Garay, Manuel Corona, Rosendo Ruiz y María Teresa Vera, que dan forma a temas como Perla Marina y Longina.

En la segunda década del siglo arriba el jazz. Era la influencia norteamericana. Pero llegó entonces, maduro de siglos, desde el oriente cubano, el son: Marímbulas, bongoes, timbales criollos, cencerrros, contrabajo, ...La melodía de la voz era apoyada por la sonoridad y el ritmo de los instrumentos percusivos.

El son era revelación, tenía un enorme potencial de improvisación y renovación. Podía alargarse y complicarse hasta el cansancio de los bailadores, fue libertad para la expresión popular, un verdadero género cubano. Son imprescindibles conjuntos como el SextetoJoseíto Fernández, autor de la Guantanamera Habanero,  el Septeto Nacional de Ignacio Piñeiro y seres inolvidables como Miguelito Cuní, Miguel Matamoros y su famoso trío, Arsenio Rodríguez o Francisco Repilado (Compay Segundo), activo y cosechando éxitos aún en la actualidad. Se escuchan también la guaracha y su principal exponente, Ñico Saquito, sin olvidar la guajira y a Joseíto Fernández, padre de la famosa Guantanamera.

Rita MontanerEn 1929 nace el danzonete, original de Aniceto Díaz. El mambo, en 1939, por inspiración de Antonio Arcaño y plasmado por Dámaso Pérez Prado. En la década del '30, además, surge una corriente afrocubanista que incluye a músicos como Amadeo Roldán y Alejandro Caturla. Ernesto Lecuona irrumpe también con gran fuerza como compositor, a la par de figuras únicas de la canción como Rita Montaner o Bola de Nieve. Ignacio Jacinto Villa, Bola de Nieve

En 1951 Enrique Jorrín plasma el famoso Cha-cha-cha, género que hace famosa a la orquesta Aragón. El Feeling, que alude a sentimiento, a poesía, se expande con creadores de la talla de César Portillo de la Luz, José Antonio Méndez, Elena Burke, Rosendo Ruiz (hijo) y Frank Emilio, con sede predilecta en el singular callejón de Hammel, en la Habana. En los '50 ya andaba dirigiendo su orquesta, todo personalidad y genio autodidacta, uno de los emblemas de la música de la Mayor de las Antillas, Benny Moré.

Los '60, época de epopeyas, nacen con la Nueva Trova, ligada umbilicalmente a la trova tradicional de inicios de siglo y con los aires y temas de la nueva época que se abría al país. La Nueva Trova se convierte en referente para la canción protesta latinoamericana, que desde entonces halla en La Habana, y específicamente en la Casa de las Américas, sedePablo Milanés permanente de aliento y reunión. Intérpretes y compositores como Silvio Rodríguez, Pablo Milanés, Noel Nicola, Sara González y Vicente Feliú -que alcanzan en muchas ocasiones la altura de poetas-  inician un movimiento que mantiene una gran vitalidad posterior y continuidad con trovadores como Santiago Feliú, Carlos Varela, Gerardo Alfonso, Raúl Torres, Polito Ibañez, Ireno García y otros.

En 1970 nace el Grupo de Experimentación Sonora del ICAIC, GES, con la figuras de la Nueva Trova nucleadas en torno al director de orquesta, guitarrista y compositor -uno de los más prestigiosos de la música contemporánea- Leo Brower. El GES dejó una importante experiencia, obras notables y además temas para el cine. En el terreno de la experimentación, no ha faltado el cultivo de la música concreta y electrónica, por parte del propio Brower, Carlos Fariñas y Juan Blanco.

La Revolución trajo cambios en el panorama musical cubano. Géneros que antes no tenían apoyo y existían precariamente como la música sinfónica y los coros hallan soporte material y social. En los '60 surge, por ley y con apoyo estatal, la Orquesta Sinfónica Nacional. Surgen y se consolidan, además, el Coro Nacional de Cuba y otras agrupaciones de este corte como Exaudi, de renombre internacional, a la par de conjuntos sinfónicos en varios puntos del país. La Revolución ha impulsado también la educación musical hasta el punto de que, actualmente, es difícil hallar a un músico que no sea diplomado. Cuba posee, además, con una escuela autóctona de guitarra.

En la actualidad, la isla cuenta con directores como Leo Brower y Manuel Duchesne Cuzán, en la esfera sinfónica. La Camerata Romeu, dirigida por Zenaida Castro Romeu, está compuesta únicamente por mujeres y ha cosechado éxitos en otras naciones. La salsa cuenta con orquestas como Los Van Van, AdalbertoChucho Valdés Alvarez y su Son, Irakere (cuyo director, Chucho valdés, es uno de los mejores pianistas del mundo en la zona del jazz), Charanga Habanera y otras.

En el presente panorama musical de la isla no faltan el rock, la balada, la canción, la trova, el rap, el género de cabaret (Tropicana es reconocido en todo el orbe), experimentos exitosos como el afro-rock que cultiva el prestigioso grupo Síntesis, fenómenos singulares como Sampling (conjunto que hace música a capella imitando instrumentos), concertistas como Jorge Luis Pratts y su maestro Frank Fernández, uno de los más brillantes en la arena internacional, o una rica historia de música para cine y también para niños. Frank Fernández

No faltan tampoco personajes pintorescos como Faustino Oramas, viejo sonero octogenario conocido como "El Guayabero" y apodado "el rey del doble sentido". El jazz es un género que se ha cubanizado y cuenta con excelentes exponentes. Cada año la isla acoge a festivales internacionales de jazz y de guitarra.


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