| Al decir de un destacado intelectual
dominicano, el desarrollo de la vida literaria en Cuba está tan estrechamente ligado al
de la historia política que es imposible disociarlos. Este campo creativo es, además,
uno de los que más figuras y momentos altos ha tenido en el quehacer cultural insular. El costumbrismo, en auge en los siglos XVIII y XIX, es la base del nacimiento
de la novelística cubana. Es así que la primera novela conocida es Cecilia
Valdés, de Cirilo Villaverde, obra publicada en 1839 que narra el amor entre
una mulata y un blanco aristócrata teniendo de trasfondo un vivo retrato de la
realidad colonial. A Villaverde le siguen escritores de ambiente cubano como Nicolás
Heredia (Leonela, 1893) y Ramón Meza con Mi tío el empleado (1887),
además de Martín Morúa con Sofía (1891), quien introdujo el naturalismo pero de manera
mediocre.
Al Héroe Nacional, José Martí, corresponde la primera
novela modernista, Amistad Funesta (1885). Azul, del
nicaragüense Rubén Darío, fue publicada tres años después. En la corriente
naturalista de inicios del siglo XX, resaltan Miguel de Carrión con Las honradas
y Las impuras, así como Carlos Loveira (Generales y Doctores,
1920).
Viene luego una etapa realista que da paso más tarde a la
irrupción del novelista Alejo Carpentier (premio Cervantes 1977), quien
comienza su producción en la década del '30 con la novela de tema afrocubano
Ecué-Yamba-O, para después crear una obra (El reino de este mundo, Los pasos perdidos,
El siglo de las luces, El recurso del método, Concierto barroco, La consagración de la
primavera) muy vinculada al ámbito de lo real-maravilloso y que lo convertiría en uno de
nuestros principales novelistas y figura destacada de las letras a nivel hispanoamericano
y mundial, sin olvidar que forjó algunas de las obras cumbres de la cuentística cubana.
La novela cubana en su devenir, en esta segunda
mitad del siglo XX, incluye además a figuras de renombre y verdaderos clásicos de la
literatura hispanoamericana como José Lezama Lima (Paradiso),
y otros creadores también destacados como Severo Sarduy, Reynaldo Arenas, José Soler
Puig, Lisandro Otero, Pablo Armando Fernández, Manuel Cofiño, Luis Rogelio Nogueras,
Jesús Díaz, Eliseo Alberto Diego, Daniel Chavarría, Leonardo Padura, entre otros.
En cuanto a la poesía, el primer exponente, todo un
símbolo, fue de tema épico y se tituló Espejo de Paciencia, escrito
por Silvestre de Balboa en 1608. La poesía civil comienza con un canto a la libertad, Oda
al Niágara, de José María Heredia (1803-1839), uno de los pilares del
romanticismo castellano. Resaltan en el siglo XIX José Jacinto Milanés, Gertrudis Gómez
de Avellaneda (también clave en el teatro hispanoamericano), José Martí
(iniciador del modernismo en las letras del continente), Juan Clemente Zenea, entre otros,
todos unidos por el amor a la isla y a su entorno y la defensa de la libertad.
Además de Martí, otro grande del modernismo fue Julián del
Casal, con una poesía en la que priman la tristeza y el desencanto. El siglo XX llega con
la poesía social (Regino Pedroso, Rubén Martínez Villena, Angel Augier, Félix Pita
Rodríguez); el tema afrocubano (Nicolás Guillén, el Poeta Nacional,
cuyos textos tienen una extraordinaria musicalidad y han sido musicalizados por cantantes
como Ana Belén); José Zacarías Tallet y los exponentes de la llamada poesía pura. Un caso singular es el de Dulce
María Loynaz (premio Cervantes 1996), lírica que no se adapta a ningún
movimiento o época y que además de su novela El Jardín escribió
poesía dotada de un aliento místico y muy íntimo recogida en volúmenes como Versos
(1938).
En 1948, Cintio Vitier, otro
de los grandes de la poesía cubana, publica la antología Diez poetas cubanos,
en la que incluye a los trascendentalistas. En esta corriente se destacan José Lezama
Lima (fundador de la importante revista Orígenes), Gastón Baquero, Fina
García Marruz, Virgilio Piñera (el principal dramaturgo cubano de la
centuria) y Eliseo Diego (Premio Juan Rulfo). En cuanto al
conversacionalismo, pueden citarse nombres como Fayad Jamís y Roberto Fernández Retamar,
actual director de la Casa de las Américas. 
De los años '60, conviviendo con los poetas anteriores,
sobresalen los coloquialistas, que tienen entre sus mejores exponentes a Luis Rogelio
Nogueras, Víctor Rodríguez Núñez, Raúl Rivero y Reina María Rodríguez.
Los '80 vieron el surgir de poetas menos coloquiales e
inclinados al símbolo, como Frank Abel Dopico, Antonio José Conte y Alberto Rodríguez
Tosca. La de los '90 es una generación que tiene sus raíces en la anteriores pero
explora nuevas formas, imbuida en los temas y métodos de la postmodernidad, con
exponentes y técnicas disímiles y una visión profunda de la realidad que viene
fraguándose desde hace décadas.
El cuento en Cuba ha sido pródigo. Del siglo XIX, lo más
brillante fue La Edad de Oro, de José Martí, narrativa para niños. El
primer libro íntegramente de cuentos fue Lecturas de Pascuas, de Esteban
Borrero, publicado en 1889. Su etapa de madurez comienza en la cuarta década del presente
siglo, con narradores como Virgilio Piñera (Cuentos Fríos, 1956), Alejo Carpentier (La
guerra del tiempo, 1958) y Onelio Jorge Cardoso (El cuentero, 1958), este último un
genial recreador de la vida sencilla del campo.
En los '60, tras el triunfo de la Revolución, la
cuentística recoge el ambiente épico de la época. En los '80, surgen figuras como Senel
Paz (El niño aquel), en cuyo cuento El bosque, el lobo y el hombre nuevo,
premio Juan Rulfo 1990, se basa el exitoso filme Fresa y Chocolate.
En cuanto al ensayo, éste ha tenido una larga trayectoria en
la isla, desde los grandes pensadores y filósofos de los siglos XVIII y XIX (Arango y
Parreño, Félix Varela (uno de los primeros ensayistas de la lengua
hispana por entonces y "el primero que nos enseñó a pensar", según otro
eminente ensayista, José de la Luz y Caballero), José Antonio Saco, referidos a temas de
entonces como el antiesclavismo, el nacionalismo y el antiescolasticismo, además de la
industria azucarera y los problemas de la colonia.
Hubo también poetas que se dedicaron felizmente al ensayo,
como Heredia, Zenea, Avellaneda y Milanés. El conflicto bélico con España, en la
guerra de independencia, trajo un despertar de la conciencia nacional, y por ende del
pensamiento, que llevó a una explosión del ensayo, entre cuyos representantes, el más
brillante de todos, estuvo nuevamente José martí.
En la pseudorrepública (dominación norteamericana), se
destacaron fundamentalmente Ramiro Guerra (historiador y economista), Emilio Roig de
Leuchsenring (Historiador de La Habana, uno de sus más conocidos análisis es Cuba
no debe su independencia a los Estados Unidos, de 1950) y Fernando Ortiz
(polígrafo especializado en temas afrocubanos, etnográficos e históricos) que escribió
obras como Azúcar y Población de las Antillas (1927) y Contrapunto
cubano del tabaco y el azúcar (1940).
En las décadas del '20 y el '30 surge una generación de
ensayistas muy combativa, en lucha frente a los falsos valores y por una radical
transformación del quehacer cultural en Cuba. Entre ellos, Juan Marinello, el propio Roig
de Leuchsenring, Carpentier, Raúl Roa (años más tarde prestigioso canciller del
gobierno revolucionario), Lezama Lima, Cintio Vitier y Fina García Marruz. Además,
Carlos Rafael Rodríguez (de gran trayectoria en el gobierno cubano), José Antonio
Portuondo, R.F.Retamar, Edmundo Desnoes (autor de Memorias del Subdesarrollo, novela en la
que se basa el importante filme homónimo de Tomás Gutiérrez Alea), Ambrosio Fornet y
Graziela Pogolotti.
La tónica era el nacionalismo, el estudio de las raíces
cubanas y de la nacionalidad, el antimperialismo, una nueva visión, más profunda, del
devenir cultural, político y socioeconómico de la isla, partiendo siempre de las raíces
y del propio desarrollo histórico de la nación.
Hasta la fecha, el ensayo es un género que tiene decenas de
cultivadores entre escritores, poetas y investigadores.
El desarrollo de Cuba en las letras no se detiene, año tras
año salen nuevos títulos de las imprentas y año tras año el Premio Casa de las
Américas, con sede en La Habana, se reafirma como un baluarte de la
literatura en el continente y más allá de las fronteras regionales. |