Aunque el cine llegó a Cuba a poco de entrado el siglo XX y
la isla arribó temprano a la televisión y a las producciones cinematográficas, antes
del triunfo de la Revolución se habían rodado unos ochenta largometrajes, la mayoría
melodramas que no decían nada de la realidad del país.
Tras el triunfo de la Revolución el 1 de enero
de 1959, la primera ley cultural del gobierno revolucionario fue, el 24 de marzo,
la creación del Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos, ICAIC.
Los primeros diez años de la institución fueron llamados por la crítica como la Década
de Oro del Cine Cubano, sobre todo por el año 1968, cuando Humberto Solás y
Tomás Gutiérrez Alea (Titón), con el tiempo los más grandes directores del país,
hicieron Lucía y Memorias del Subdesarrollo, esta
última uno de los cien mejores filmes de la historia del celuloide según encuesta de la
Federación Internacional de Cine-clubes.
En ese período, también se rodaron filmes como Juan Quin
Quin (1967), de Julio García Espinosa, y La Primera carga al machete (1969), de Octavio
Gómez. Vinieron luego años difíciles, en los que sin embargo se produjeron cintas como
La última cena (1976), de Gutiérrez Alea; Un día de noviembre (1972), de Solás;
Retrato de Teresa , de Pastor Vega; El Hombre de Maisinicú (1973), de Manuel Pérez; y De
cierta manera (1974), de Sara Gómez, que falleció antes de terminarlo.
Llegaron los años '80, con 70 largometrajes en total, casi
abrieron con Cecilia, de Humberto Solás, uno de los más polémicos
filmes rodados en Cuba por su alto costo y su escasa popularidad. Siguieron cintas como
Lejanía (1985), de Jesús Díaz; Clandestinos (1987), de Fernando Pérez, y, en 1989,
Papeles Secundarios, de Orlando Rojas; Plaff, de Juan Carlos Tabío, y La Bella del
Alhambra, de Enrique Pineda Barnet.
A finales de 1987, se organizan en el ICAIC los Grupos
de Creación, nucleados en torno a figuras como Alea, Solás y Fernando Pérez
para tener el control sobre medios de producción y más decisión en cuanto a las obras.
Los '90 abren con Alicia en el pueblo de Maravilla, otro filme
controvertido, al que siguen realizaciones como Hello, Hemingway (1990) y Madagascar
(1994), de Fernando Pérez; El Siglo de las Luces (1992), de Solás, y Adorables Mentiras
(1991), de Gerardo Chijona. Ya en la segunda mitad de la década, sale a la palestra el
joven director Arturo Soto con las cintas Pon tu pensamiento en mí y Amor Vertical.
Pero la nota más sobresaliente de los '90, y en gran medida
del cine cubano en los últimos años, fue Fresa y Chocolate (1993)
-codirigida por Alea y Tabío, que luego repetirían en Guantanamera- un filme sobre la
intolerancia que narra la amistad entre un homosexual y un miembro de la Unión de
Jóvenes Comunistas, y que dio a la isla su primera nominación para el Oscar.
Una de las vertientes más fuertes del cine cubano en los
últimos 40 años ha sido el documental y los cortometrajes, en cuyos inicios quedó
patentizada la relación de muchos directores locales con el movimiento neorrealista
italiano. Para muchos, en este campo está el principal aporte de la cinematografía
cubana, que incluso ha sentado escuela. El máximo exponente ha sido Now
(1965), de Santiago Alvarez, según expertos el primer video clip de la historia, que
combina una canción con una ininterrumpida secuencia de imágenes sobre la desigualdad
racial en Estados Unidos.
No ha faltado tampoco la producción de dibujos animados. El
primero se hizo en 1937, titulado Napoleón, el faraón de los sinsabores,
con apenas 2 minutos. Vendrían luego El hijo de la Ciencia, en 1947, a lo cual seguiría
años más tarde el aprendizaje de algunos directores en la agencia publicitaria Siboney.
El cartón para niños comienza a tomar fuerza en los '60, a
veces dedicado a adultos, y en 1970 el ICAIC decidió orientar la producción hacia
el público infantil y tomar en cuenta el criterio de ese sector. En el '74 nace el héroe
infantil por excelencia de los niños cubanos, Elpidio Valdés, personaje
que representa a un mambí en lucha contra el régimen colonial español y del que hasta
la fecha hay decenas de cortos y varios largometrajes. Otro éxito en este sentido fue
Vampiros en La Habana, realizada en los '80.
Imprescindible en la historia del cine cubano, es el Noticiero
ICAIC Latinoamericano, cuyo primer director fue Alfredo Guevara, actual
presidente del ICAIC, y que más tarde pasaría a Santiago Alvarez, el más grande
documentalista de la isla.
Nacido el 6 de junio de 1960 y proyectado entre una y otra
tanda cinematográficas en las salas de todo el país, representó un serio y comprometido
trabajo sobre la realidad cubana en todas sus vertientes, con la novedad de hacerlo en
forma interpretativa y con un gran talento en su estructura y montaje. Algunas ediciones,
como la 47 de 1960, Muerte al Invasor (sobre la invasión mercenaria por Playa Girón),
son verdaderos documentales, lo cual se repetiría en otros números como el dedicado a la
visita de Yuri Gagarin. El Noticiero ICAIC Latinoamericano fue también escuela de muchos
cineastas que sobresaldrían desde los años '70 hasta la actualidad.
Otros detalles importantes del quehacer cubano en el cine son
el Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano, que desde 1979
se celebra cada año en La Habana y es el más importante de su tipo en América Latina.
El Mercado del Nuevo Cine Latinoamericano, surgido con el festival y que
promueve la cinematografía regional por todo el orbe. La Escuela Internacional de
Cine, Televisión y Video de San Antonio de los Baños, levantada en 1986 en un
terreno donado por el gobierno cubano, auspiciada por la Fundación del Nuevo Cine
Latinoamericano y con el apoyo de Gabriel García Márquez, en la cual han
estudiado especialidades como dirección, guión, fotografía y edición cientos de
jóvenes del Tercer Mundo. Por su parte, la fundación, también con sede en La Habana,
tiene como objetivo garantizar la existencia y continuidad del cine en el Tercer Mundo
mediante su fomento y distribución.
En cuanto a premios internacionales, la
cinematografía cubana los cuenta en centenares y en plazas tan importantes como el propio
festival de La Habana y los festivales de Melbourne, Moscú, Karlovy Vary, Viña del Mar,
Milán, Tokio, Venecia, Cartagena de Indias, Chicago, Berlín, Friburgo, Leipzig, Huelva,
París, Río de Janeiro, Bahía (Brasil), Latino de Nueva York. Otros premios en manos de
cineastas de la mayor de las Antillas son el Rosenthal de la Asociación Nacional de
Críticos Cinematográficos de Estados Unidos (para Memorias del subdesarrollo, en 1973);
el Goya a la mejor película extranjera de la Academia de Artes y Ciencias
Cinematográficas de España (a La Bella del Alhambra, en 1990, y a Fresa y Chocolate, en
1995 en la categoría de extranjero de habla hispana). |