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a Cultura El cine en Cuba
Fresa y chocolate/ Dtores: T.Gutiérrez Alea y J.Carlos Tabío/ actor: Jorge Perugorría Memorias del subdesarrollo/ Dtor: Tomás Gutiérrez Alea/ Actor: Serio Corrieri La Bella del Alhambra/ Dtor: E.Pineda Barnet/ actriz: Beatriz Valdés

Aunque el cine llegó a Cuba a poco de entrado el siglo XX y la isla arribó temprano a la televisión y a las producciones cinematográficas, antes del triunfo de la Revolución se habían rodado unos ochenta largometrajes, la mayoría melodramas que no decían nada de la realidad del país.

Tras el   triunfo de la Revolución el 1 de enero de 1959, la primera ley cultural del gobierno revolucionario fue, el 24 de marzo,   la creación del Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos, ICAIC.  Los primeros diez años de la institución fueron llamados por la crítica como la Década de Oro del Cine Cubano, sobre todo por el año 1968, cuando Humberto Solás y Tomás Gutiérrez Alea (Titón), con el tiempo los más grandes directores del país, hicieron Lucía y Memorias del Subdesarrollo, esta última uno de los cien mejores filmes de la historia del celuloide según encuesta de la Federación Internacional de Cine-clubes.

En ese período, también se rodaron filmes como Juan Quin Quin (1967), de Julio García Espinosa, y La Primera carga al machete (1969), de Octavio Gómez. Vinieron luego años difíciles, en los que sin embargo se produjeron cintas como La última cena (1976), de Gutiérrez Alea; Un día de noviembre (1972), de Solás; Retrato de Teresa , de Pastor Vega; El Hombre de Maisinicú (1973), de Manuel Pérez; y De cierta manera (1974), de Sara Gómez, que falleció antes de terminarlo.Lucía/ Dtor: Humberto Solás/ Actriz: Raquel Revuelta

Llegaron los años '80, con 70 largometrajes en total, casi abrieron con Cecilia, de Humberto Solás, uno de los más polémicos filmes rodados en Cuba por su alto costo y su escasa popularidad. Siguieron cintas como Lejanía (1985), de Jesús Díaz; Clandestinos (1987), de Fernando Pérez, y, en 1989, Papeles Secundarios, de Orlando Rojas; Plaff, de Juan Carlos Tabío, y La Bella del Alhambra, de Enrique Pineda Barnet.

A finales de 1987, se organizan en el ICAIC los Grupos de Creación, nucleados en torno a figuras como Alea, Solás y Fernando Pérez para tener el control sobre medios de producción y más decisión en cuanto a las obras.   Los '90 abren con Alicia en el pueblo de Maravilla, otro filme controvertido, al que siguen realizaciones como Hello, Hemingway (1990) y Madagascar (1994), de Fernando Pérez; El Siglo de las Luces (1992), de Solás, y Adorables Mentiras (1991), de Gerardo Chijona. Ya en la segunda mitad de la década, sale a la palestra el joven director Arturo Soto con las cintas Pon tu pensamiento en mí y Amor Vertical.

Pero la nota más sobresaliente de los '90, y en gran medida del cine cubano en los últimos años, fue Fresa y Chocolate (1993) -codirigida por Alea y Tabío, que luego repetirían en Guantanamera- un filme sobre la intolerancia que narra la amistad entre un homosexual y un miembro de la Unión de Jóvenes Comunistas, y que dio a la isla su primera nominación para el Oscar.

Una de las vertientes más fuertes del cine cubano en los últimos 40 años ha sido el documental y los cortometrajes, en cuyos inicios quedó patentizada la relación de muchos directores locales con el movimiento neorrealista italiano. Para muchos, en este campo está el principal aporte de la cinematografía cubana, que incluso ha sentado escuela. El máximo exponente ha sido Now (1965), de Santiago Alvarez, según expertos el primer video clip de la historia, que combina una canción con una ininterrumpida secuencia de imágenes sobre la desigualdad racial en Estados Unidos.

No ha faltado tampoco la producción de dibujos animados. El primero se hizo en 1937, titulado Napoleón, el faraón de los sinsabores, con apenas 2 minutos. Vendrían luego El hijo de la Ciencia, en 1947, a lo cual seguiría años más tarde el aprendizaje de algunos directores en la agencia publicitaria Siboney.

El cartón para niños comienza a tomar fuerza en los '60, a veces dedicado a adultos,  y en 1970 el ICAIC decidió orientar la producción hacia el público infantil y tomar en cuenta el criterio de ese sector. En el '74 nace el héroe infantil por excelencia de los niños cubanos, Elpidio Valdés, personaje que representa a un mambí en lucha contra el régimen colonial español y del que hasta la fecha hay decenas de cortos y varios largometrajes. Otro éxito en este sentido fue Vampiros en La Habana, realizada en los '80.

Imprescindible en la historia del cine cubano, es el Noticiero ICAIC Latinoamericano, cuyo primer director fue Alfredo Guevara, actual presidente del ICAIC, y que más tarde pasaría a Santiago Alvarez, el más grande documentalista de la isla.

Nacido el 6 de junio de 1960 y proyectado entre una y otra tanda cinematográficas en las salas de todo el país, representó un serio y comprometido trabajo sobre la realidad cubana en todas sus vertientes, con la novedad de hacerlo en forma interpretativa y con un gran talento en su estructura y montaje. Algunas ediciones, como la 47 de 1960, Muerte al Invasor (sobre la invasión mercenaria por Playa Girón), son verdaderos documentales, lo cual se repetiría en otros números como el dedicado a la visita de Yuri Gagarin. El Noticiero ICAIC Latinoamericano fue también escuela de muchos cineastas que sobresaldrían desde los años '70 hasta la actualidad.Edificio del ICAIC, en La Habana

Otros detalles importantes del quehacer cubano en el cine son el Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano, que desde 1979 se celebra cada año en La Habana y es el más importante de su tipo en América Latina. El Mercado del Nuevo Cine Latinoamericano, surgido con el festival y que promueve la cinematografía regional por todo el orbe. La Escuela Internacional de Cine, Televisión y Video de San Antonio de los Baños, levantada en 1986 en un terreno donado por el gobierno cubano, auspiciada por la Fundación del Nuevo Cine Latinoamericano y con el apoyo de Gabriel García Márquez, en la cual han estudiado especialidades como dirección, guión, fotografía y edición cientos de jóvenes del Tercer Mundo. Por su parte, la fundación, también con sede en La Habana, tiene como objetivo garantizar la existencia y continuidad del cine en el Tercer Mundo mediante su fomento y distribución.

En cuanto a premios internacionales, la cinematografía cubana los cuenta en centenares y en plazas tan importantes como el propio festival de La Habana y los festivales de Melbourne, Moscú, Karlovy Vary, Viña del Mar, Milán, Tokio, Venecia, Cartagena de Indias, Chicago, Berlín, Friburgo, Leipzig, Huelva, París, Río de Janeiro, Bahía (Brasil), Latino de Nueva York. Otros premios en manos de cineastas de la mayor de las Antillas son el Rosenthal de la Asociación Nacional de Críticos Cinematográficos de Estados Unidos (para Memorias del subdesarrollo, en 1973); el Goya a la mejor película extranjera de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de España (a La Bella del Alhambra, en 1990, y a Fresa y Chocolate, en 1995 en la categoría de extranjero de habla hispana). 


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