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El himno de Bayamo

El doctor Eusebio Leal Spengler ha dicho que si los padres de hoy explicasen a los niños el significado de la letra de nuestro himno, contribuiríamos a forjar hombres que sepan anteponer el deber y la virtud a cualquier otro bien.

Nuestro José Martí, también en nobles palabras, hizo referencia a la ciudad que vio nacer a nuestro Himno Nacional.

Yo tengo de Bayamo el alma intrépida y natural, diría Martí.

El 14 de agosto de 1967 e indisolublemente relacionado con el proceso de génesis de la contienda libertadora de Cuba, nació el Himno de Bayamo.

Luego de una reunión entre varios revolucionarios en la que se aprobó la constitución de un comité que encausara la insurrección, Francisco Maceo Osorio conminó a Perucho Figueredo a que compusiera nuestra Marsellesa.

En la madrugada del 14 de agosto de 1867, al decir de José Maceo Verdecia, descendieron de lo alto las estrofas revolucionarias del Himno de Bayamo.

Se le llamó la Bayamesa con el fin de evocar a la Marsellesa, himno nacido en Marsella, Francia, que se había convertido en símbolo para todos los oprimidos y además por haber nacido en la ciudad de Bayamo.

Luego de crear la partitura para piano, Perucho Figueredo visitó al músico Manuel Muñoz Cedeño, el 8 de mayo de1868, para encomendarle la orquestación del himno.

Nada le diría entonces de su verdadera significación. Días después varios patriotas, reunidos en la casa de Cedeño, escucharían, por vez primera, la ejecución ya orquestada de las notas del Himno Nacional cubano.

Fue en la Iglesia Mayor de Bayamo, durante un solemne Te Déum y ante una gran concurrencia, que se estrenó nuestro himno el 11 de junio de 1868.

Quienes conocían su contenido patriótico, se sintieron invadidos de enorme regocijo.

Otros, como Udaeta, gobernador de la plaza, presintieron, por su vehemencia, el oculto significado del himno.

No soy músico, pero tenga la seguridad de que no me engañó, le diría Udaeta a Perucho Figueredo cuando lo interrogaba acerca del significado del himno.

Otra vez más escucharía el susodicho gobernador, antes de la toma de Bayamo, las notas de nuestro himno y tampoco pudo desterrar de sí la certeza de que aquella marcha no era sino un himno de guerra.

El 20 de octubre, consumado el triunfo en Bayamo, acabaría de nacer, con la letra, nuestra Bayamesa.

El historiador José Maceo Verdecia cuenta que en medio del torbellino ululante que enardecido celebraba la victoria de Bayamo el 20 de octubre de 1868 , apareció, radiante de júbilo, Perucho Figueredo.

La multitud, como obedeciendo a un impulso común, comenzó entonces a tararear la melodía de la que él era autor.

Sin embargo, llegó el momento en que no conforme con la música empezó a solicitar a Figueredo, a grandes voces, la letra.

Y Perucho los complació.

Cuenta Maceo Verdecia que la copia, volando de mano en mano, hizo brotar de cien labios a la vez el himno a la Patria.

Pedro Figueredo Cisneros, Perucho, que de ese modo se hacía para Cuba inmortal, dotó finalmente a los bayameses de su marcha redentora, hoy, de todos los cubanos, glorioso Himno Nacional.


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