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Cultura Reseñas

Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos

40 años de una novedosa mirada cubana

El Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC) celebrará su aniversario 40 en 1999. Con su nacimiento en 1959, gracias a la primera ley cultural de la Revolución Cubana, apareció en la sala oscura una nueva mirada hacia la sociedad cubana, a partir de la óptica de realizadores comprometidos con el proceso revolucionario.

Durante la década del '60, época prodigiosa en el planeta, nuestro cine vio nacer obras antológicas como Memorias del Subdesarrollo, La muerte de un burócrata o Lucía. Por primera vez, Cuba tenía una industria para el cine, un cine con vocación social y que, inserto en lo que se llamaría Nuevo Cine Latinoamericano, rompería esquemas y propondría una manera de vernos y asumirnos con orgullo, como parte de un continente pródigo en aportar talentos.

Hacer cine de autor o ideas es un reto porque, sumado a los recursos que requiere el cine, este género está condenado en un mundo donde el mercado y la maximalización de las ganancias rigen la distribución y la producción de las grandes empresas. De una u otra forma, antes de colapsar el Campo Socialista, la cinematografía cubana tenía financiamiento y recibía un notable apoyo estatal, pero con la crisis de los '90 éste se redujo y consecuentemente decreció la producción.

Sin embargo, en los últimos cuatro años, por el camino de las coproducciones y el autofinanciamiento, el ICAIC ha conocido un repunte y ha presentado nueve largometrajes nacionales y varios compartidos con otros países. Se han filmado 44 documentales, en video principalmente, y en el animado se han realizado dos largometrajes y 10 cortos. Para 1999 se espera concluir la filmación de las cintas Deja vu, de Humberto Solás, Las profecías de Amanda, de Pastor Vega, Operación Fangio y Paraíso bajo las estrellas, de Gerardo Chijona.

En este cuatrienio, además, el cine cubano ha continuado obteniendo premios internacionales en los festivales de Berlín, Sundance (Utah), Huelva, Biarritz, Cartagena, Gramado y por supuesto en el de La Habana. La revista Cine Cubano, que se publica desde los '60. se ha mantenido viva como memoria y ojo crítico de un cine que nació marcado por el compromiso con el arte y la realidad.

Un lugar para el patrimonio...

La Cinemateca de Cuba, creada por el ICAIC en 1961, es la única de su tipo en el Caribe y una de las más importantes de América. Téngase en cuenta que llegó a almacenar un volumen patrimonial que superaba las 80 mil bobinas, todo un valioso archivo histórico fílmico. En sus bóvedas, junto a la producción nacional, se hallan una significativa colección latinoamericana e internacional.

Hace ocho años se diagnosticó el riesgo de pérdida de ese notable patrimonio, amenazado también por las circunstancias económicas en que vive la Cuba de los '90. Sin embargo, se inició una campaña para dotar a la Cinemateca de los recursos tecnológicos que necesita.

La plaza del Nuevo Cine Latinoamericano

Cada diciembre, desde 1979 y sin interrupciones, se celebra el Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano, cuya vigésima edición transcurre en estos días. Por La Habana, en días de su festival, han pasado estrellas como Robert Redford, Coppola, Harry Belafonte, Geraldine Chaplin, Costa Gavras, los hermanos Coen, Terry Gilliam, Victoria Abril, Almodóvar y muchos otros grandes actores y directores del cine internacional.

La clave de su persistencia, aún en los años más álgidos de la crisis económica, se debe a su poder de convocatoria y a una política estatal cubana de no renunciar por nada a un evento de tanta importancia para la cultura nacional y continental.

El festival, junto a la labor durante años del ICAIC, devino plaza fuerte del cine latinoamericano, ha posibilitado una entrañable relación y el conocimiento del público cubano sobre las cinematografías continental, francesa, italiana, británica, irlandesa, japonesa, china y de otras latitudes. El público cubano, reconocido como conocedor y respetuoso por los artífices que presentan sus obras, es también considerado infalible termómetro para comprobar si un filme logra el supremo don de la comunicación.

Y aunque no vienen constelaciones de estrellas, aunque el festival de La Habana no tiene el glamour ni el despliegue lujoso e informativo de otros, tiene y ha tenido algo en sus veinte años que opaca a todo brillo superfluo: espacio para el cine verdadero, alma para el arte y las ideas, hospitalidad para quienes buscan las esencias, aplausos para aquellos que se comprometen en la búsqueda de los mejor del hombre.


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