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Cultura Reseñas

Alicia Alonso, la más extraordinaria GiselleAlicia Alonso

Por Marta Gómez Ferrals

Hacia 1840 la corriente artística del romanticismo vivía su apoteosis en Europa. Teofile Gautier, escritor, poeta, crítico literario y arqueólogo francés, había quedado fascinado con el bello libro de mitos alemanes publicado por el inmortal Enrique Heine.

Al poco tiempo, Gautier se puso al habla con el famoso libretista Vernoy de Saint-George y le contó su sueño de hacer un ballet con el argumento del libro, donde aparecían hadas etéreas, espíritus y genios de las aguas y willis blancas como la nieve que bailaban con crueldad.

Días después, ya estaba escrito el guión de Giselle o Las willis. A la semana, el compositor Adolfo Adam finalizaba la partitura, que sirvió de fondo a la coreografía creada por Julio Perrot para su esposa, Carlota Grissi.

Así nació el ballet Giselle, a partir de la obra de Enrique Heine, al decir de Teofile Gautier "el más grande poeta lírico de Alemania". Acerca del origen del mito de las willis, escribió el propio Heine en el libro Tradiciones populares: "...es la tradición de la bailadora nocturna que se conoce en los países eslavos con el nombre de willis. Las willis son desposadas que han muerto el día antes de sus bodas. Las pobres criaturas no pueden permanecer tranquilas en sus tumbas".

La primera puesta en escena del nuevo ballet tuvo lugar en el teatro de la Opera, en junio de 1841. Fue, desde el comienzo, un ballet tocado por la gracia de los dioses. Una obra que debe estar en el repertorio de toda bailarina clásica que aspire a la perfección técnica y a la consagración.

De Grissi a la extraordinaria Alicia

Carlota Grissi, la primera intérprete del ballet Giselle, fue una bailarina excepcional. Sobre su actuación en la premiére, escribió la prensa de la época: "Imaginemos que desde el principio hasta el fin Giselle está flotando en el aire o sobre sus puntas. En el primer acto ella corre, vuela, salta sobre el escenario como una amorosa gacela, tanto que la paz de la tumba no parece demasiado profunda para tanta carrera ni tal cantidad de esfuerzo".

Y continuaba: "en el segundo acto no sólo tiene que bailar igual que en el primero, sino que debe ser mil veces más etérea e intangible, porque Giselle se ha vuelto una sombra. Ella no tiene espacio que pisar, ni punto de apoyo. Se abre paso a través del aire como una golondrina...Giselle es una sílfide que no tiene un solo instante de reposo".

Como la mayoría de los ballets románticos, el quehacer de Giselle descansa en la prima ballerina, quien debe ser dueña de virtuosismo técnico en el baile y al propio tiempo de una alta disposición para la mímica.

Aunque Giselle ha estado en el repertorio de bailarinas excepcionales como la Grissi, Fanny Elssler, Anna Pavlowa, la Markova y otras, se considera a la prima ballerina assoluta cubana Alicia Alonso como la más extraordinaria Giselle de todos los tiempos.

Alicia, en Giselle, ha dado muestras fehacientes de su genio irrepetible y su inmenso virtuosismo. La obra ha estado durante años en el repertorio del Ballet Nacional de Cuba, una compañía pródiga en la puesta en escena de los ballets clásicos más famosos y que en 1998 ha cumplido su primer medio siglo de existencia.

 


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