El primer destino artístico de Agustín Lara –fuera
de México- fue Cuba. Y en la isla antillana, como en buena parte de
Iberoamérica, sigue recordándosele con devoción.
Del 30 de octubre al 4 de noviembre La Habana será
una de las anfitrionas del Festival Internacional que lleva el nombre
del pianista, cantante y –sobre todo- compositor de canciones
inmarchitables como "Noche de ronda", "Granada",
"Solamente una vez", "María bonita" y
"Mujer" (su preferida).
La celebración será compartida –en igual
fecha- por Ciudad de México, Veracruz y Madrid. Son cuatro sitios de
clara comunión sentimental con el recordado músico-poeta.
Incluso, en el entorno de la Alameda de Paula, frente
a la bahía habanera, una estatua de bronce realizada por el escultor
mexicano Humberto Peraza evoca la presencia de Agustín Lara entre los
cubanos.
Sentimientos compartidos...
"No puede hablarse de Agustín Lara sin
mencionar a la capital cubana, a la que dedicó temas como
"Habana" y "Sueño guajiro", recuerda Efrén
Callejas, en pleno ajetreo organizativo del Festival internacional que
se realizará simultáneamente del 30 de octubre al 4 de noviembre en
Ciudad de México, Veracruz, Madrid y La Habana.
Como coordinador del proyecto, anticipa que desde su
país viajará a la capital cubana una delegación artística integrada
por: la Sonora "Santanera", el Mariachi Juvenil de Tecalitlán,
un improvisador conocido como "El Jaranero Solitario" y tres
grupos de niños veracruzanos cultores del son jarocho.
Está previsto que Ela Calvo se presente en la
clausura del festival en el Palacio de Bellas Artes de Ciudad de
México, y otros artistas cubanos -como Anaís Abreu y un cuerpo de
baile- lo harán en Veracruz.
Una vida intensa y azarosa
Agustín Lara decía haber nacido en Tlacotopán,
Veracruz, en 1900, pero al parecer su alumbramiento ocurrió tres años
antes, en la capital mexicana.
Desde muy joven se dedicó a la música. Para ganarse
la vida tocó el piano y cantó en cafés, cantinas, burdeles, centros
nocturnos. Su vida fue, realmente, intensa y azarosa. Flaco, desgarbado,
con una cicatriz que le cruzaba el rostro (una marca dejada por el
navajazo de una mujer despechada).
Así se recuerda físicamente a Agustín Lara.
"Fue un castigador y un castigado", diría el escritor Juan
José Arreola. El hombre a quien seducían las cosas de la vida, las
flores, una sonrisa, se autodefinió así: "Soy ridículamente
curso, y me encanta serlo. Porque la mía es una sinceridad que otros
rehuyen...ridículamente". La música de Agustín Lara, sin dudas,
sigue llegando a los corazones.