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La Cultura cubana:
tiempo de audacia
Por: Ileana González
La cultura es lo primero que hay
que salvar, sentenció Fidel Castro cuando los rigores del período especial
eran más intensos y ponían a prueba la propia supervivencia de la Revolución
cubana, sometida a una guerra económica despiadada.
Y en medio de semejante asedio se
ha tenido muy en cuenta la defensa de la cultura nacional, por todo lo que ella
encierra, de memoria histórica, raíz de pueblo, esencia de cubanía.
En condiciones muy complejas se
trabaja, para preservar la riqueza artística del país y todo su patrimonio
cultural. Estos son tiempos de audacia, de voluntad, de esfuerzos frente a las
adversidades, y gracias a ello la maquinaria que mueve todo el sistema de la
cultura cubana ha seguido funcionando, ajustando su ritmo e incluso
incrementándolo. Proyectos novedosos y de largo alcance, ya fructifican.
Ya se sabe que en la unión está
la fuerza. Y en cuestiones de política cultural también resulta imprescindible
la acción conjunta de múltiples elementos de la sociedad, para hacerla
coherente y dinámica.
Porque no pueden esperarse ni
fórmulas mágicas, ni saltos espectaculares, ni metamorfosis de un día para
otro. Apasionamiento y audacia deben marcar estos tiempos, cuando sobre el mundo
pende el peligro de la absorción cultural y la erosión de las identidades.
Por eso –como ha dicho Fidel-
en Cuba se libra una verdadera guerra de todo el pueblo por la cultura nacional.
Y teniendo en cuenta, sobre todo, que es precisamente la escuela un eslabón
fundamental en el empeño por preparar –desde la niñez- hombres y mujeres
capaces de preservar los más altos valores de nuestra sociedad.
A partir del histórico
Congreso de la UNEAC –hace casi tres años- Cuba emprendió un proceso de
materialización de nuevos conceptos a favor de la elevación de la calidad de
vida espiritual de nuestro pueblo. Esta es una batalla de ideas, de pensamiento,
de cultura integral.
Y ese afán creativo se advierte
con intensidad creciente. En función de ese objetivo enaltecedor están los
programas audiovisuales para niños y jóvenes; las aulas universitarias por
televisión; las revitalizadas escuelas de formación de instructores de arte;
los proyectos de cultura comunitaria; las editoriales en las provincias; la
transformación paulatina en la imagen socioambiental de bateyes y comunidades
agropecuarias. Articular la vida cultural del país es una causa común. Sólo
así ese tejido se irá ajustando cada vez más.
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