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Cultura Reseñas

Sindo Garay: el Gran Faraón de Cuba

Por Pedro Quiroga Jiménez

No por casualidad, Antonio Gumersindo Garay García fuera bautizado por Federico García Lorca como El Gran Faraón de Cuba.

Su larga vida de 101 años estuvo siempre matizada por el sonar incansable de guitarras y cantores que, en su natal Santiago, y ya desde la cuna, alegraban la "pobrísima" suerte de una familia de artistas.

Sindo Garay, uno de los trovadores cimeros de la música cubana, fue un auténtico genio popular.

Un hombre que, sin previos conocimientos académicos, y con la rara capacidad de síntesis de hechos sonoros, sumido en franco analfabetismo musical, logró secuencias armónicas que sorprendieron a más de un estudioso, al romper los cánones establecidos por las grandes escuelas de música.

Con apenas ocho años, Sindo Garay sirvió de enlace para llevar órdenes del general José Maceo. En aquel entonces, Pepe Sánchez era uno más en la casa de los Garay, y a través de él se enviaban los mensajes para la preparación de la guerra mambisa.

"Pepe fue un gran cantador y cubanizó la canción. Tiene que figurar como precursor de la trova cubana. Él fue el único maestro que tuve en mi vida. ¡Lo digo yo: Sindo Garay!" Pero también a Sindo le fue dado el privilegio de conocer a Martí.

"¡Sí señor! Yo estreché la mano de Martí en Dajabón, República Dominicana, en 1895, dos meses antes de inmolarse en Dos Ríos" –dijo el trovador.

Más tarde aparecería en su repertorio, el poema Semblanza de Martí, inspirado en la tarde en que conoció al Héroe Nacional cubano.

En 1990, la editorial Letras Cubanas publicó el ensayo Sindo Garay: memorias de un trovador, cuidadosamente escrito por Carmela de León, quien en su libro dice: "Estar cerca de Sindo era como respirar a Cuba a pleno pulmón".

El 12 de abril de 1967, celebrando su centenario, expresaba el artista: "¡Ahora que cumplo cien años, comprendo lo breve que es la vida!"

Sin embargo, lo que para él fue breve, significó muchísimo para todos los cubanos. Martha Valdés, también de estirpe trovadoresca, resume: "Es difícil pensar en Sindo sin adentrarse en los dominios del mito.

No hay mejor forma de corresponderle que compartir ese vuelo que él emprendió en cada acto de creación. Sindo ha sido la fuente, el mito necesario".


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