De nada sirvieron las amenazas
ni intimidaciones, ni la campaña adversa orquestada por los círculos más reaccionarios
de Miami, ni incluso las ofensas y groserías que soportaron los participantes a la
entrada del Coliseo Arenas, de Miami.
El concierto de la orquesta cubana Los Van Van "sacudió"
por más de dos horas y media al estadio, y puso a bailar a más de dos mil espectadores,
quienes los recibieron con aplausos cerrados, "una ovación de valor y dignidad por
parte de su gente que tanto arriesgó por escucharlos", al decir de un participante.
Títulos tan conocidos como Candela, El
negro está cocinando, Azúcar..., sonaron estruendosamente y
calmaron las tensiones del auditorio, en ese lugar donde se han presentado otras figuras
de reconocida talla internacional.
Un gigantesco despliegue policial que incluía a fuerzas antimotines
y el servicio táctico del FBI, al estilo de Hollywood, se concentró en las afueras del
estadio donde se registraba y rastreaba a los que iban a participar, y adentro, un
numeroso cuerpo de seguridad creaba más tensiones. Entre los participantes que desafiaron
las barreras impuestas por los "histéricos" protestantes, que incluso llegaron
a lanzar huevos y botellas, hubo muchos comentarios, según revelaron los cables:
"Vine porque me gusta la música, no veo por qué mezclar esto con la
política", "¡Es arte y una expresión del alma!", "¡Son unos
músicos espectaculares!", "Si vienen de nuevo volveré a verlos"...
Y es que mucha gente que quería participar estaba asustada, porque
desde las ondas de algunas emisoras contrarrevolucionarias, comentaristas de la tendencia
anexionista habían pedido que se filmara a todo el que entrara al concierto para dejar
"constancia de los traidores". De ahí que muchas personas entraran con
máscaras o velos, y hasta envueltas con banderas cubanas para que no pudieran verles la
cara. Otros, desafiando a los manifestantes, mostraban con orgullo las entradas. La
promotora del espectáculo, Debbie Ohanian, fue difamada por el alcalde de la ciudad, Joe
Carollo, y por sus voceros en las estaciones de radio, mientras que se supo que grupos de
extrema derecha trataron, sin éxito, de cancelar el concierto.
Según trascendió, Ohanian invitó nuevamente a la orquesta, cuya
actuación "demostró que en Miami hay un público deseoso de disfrutar de su
música", dijo.
Un policía agredido, un periodista herido, siete arrestados y un
cúmulo de publicidad que acusa el carácter revanchista de los elementos
ultraderechistas, deja como saldo este nuevo intento por desacreditar a la cultura cubana,
orquestado por las organizaciones contrarrevolucionarias que persisten en su actitud
anexionista.
Los Van Van actuaron también en Miami, después de un recorrido por
más de 25 ciudades de los Estados Unidos, adonde llevaron el mensaje musical y cálido de
su irreductible pueblo.
No es nueva la violencia contra a cultura
cubana
Los antecedentes de acciones agresivas contra la cultura cubana y
sus representantes no son nuevos, ya en 1991 la denominada Fundación Nacional Cubano
Americana (FNCA) logró, mediante presiones políticas y chantajes económicos, que el
gobierno del condado de Dade, donde radica Miami, aprobara un proyecto de ley que prohíbe
la actuación allí de artistas cubanos.
Víctima de este vandalismo ultrajante fue el pintor cubano Manuel
Mendive, uno de cuyos cuadros (El Pavorreal), fue quemado en público en Miami en 1993, en
una histérica reacción de la contrarrevolución irritada ante la favorable acogida del
afamado maestro.
Con posterioridad, acciones similares se realizaron en esa ciudad
norteamericana contra los representantes de nuestra cultura. En julio de 1996 lanzaron un
coctel molotov contra el local donde la reconocida vedette, Rosita Fornés, debía
presentarse.
También en agosto de 1998, la mafia anticubana obligó a suspender
un concierto que ofrecía un grupo de músicos de la Isla recién llegados a Miami, tras
vencer impedimentas con el otorgamiento de los visados de entrada a Estados Unidos.
Después de actuar durante una hora, Francisco Repilado, Compay Segundo, sus músicos y
los que disfrutaban de su actuación fueron conminados por las autoridades a abandonar el
local debido a una amenaza de bomba.
En esta ocasión la jauría cayó sobre los Van Van. Todo el
espectáculo para sabotear e impedir la actuación de la popular orquesta, fue planificado
y ejecutado por las organizaciones contrarrevolucionarias, principalmente la llamada
Fundación Nacional Cubano Americana, con el aliento de políticos ultrarreaccionarios de
origen cubano y pudiera resumirse en las palabras de un crítico y profesor cuando
manifestó que estos actos "son el paradigma de la imbecilidad cultural".
Otro residente de la ciudad, también crítico de arte y promotor
del Ciclo de Cine Cubano del Miami Dade Community College, manifestó que los hechos en la
Arena de Miami han dejado un cisma preocupante que podría afectar la vida cultural de
otras entidades locales favorables a los intercambios culturales.
Los elementos que se oponen rabiosamente a la presencia en Miami de
artistas cubanos pertenecen a los círculos más reaccionarios de la emigración,
arrastrados por connotados pandilleros entre los cuales figuran los testaferros
batistianos, veteranos mercenarios de Girón y conocidos terroristas.
A ellos se sumaron los agitadores que desde emisoras
contrarrevolucionarias saturaron el ambiente de la ciudad con histéricos llamamientos
para aterrorizar a los que se sintiesen atraídos por la presencia de la popular orquesta.
Presionadas por la mafia anticubana, las autoridades de Miami,
incluidos el alcalde de la ciudad y el gobernador, fueron incapaces de tomar medidas para
impedir estas vandálicas acciones, e incluso funcionarios municipales escondieron su
responsabilidad bajo el pretexto de que la presencia de los artistas cubanos provoca a los
"exiliados cubanos" y representa una amenaza para la seguridad pública.
No debe extrañar tales conductas en uno de los territorios de mayor
índice delictivo de Estados Unidos, donde a diario se pisotean elementales derechos de
sus ciudadanos, entre ellos el de optar libremente, sin tener que sufrir represalias ni
humillaciones, por las preferencias culturales de unas y otras nacionalidades allí
radicadas. Mucho más legítimo si, como en este caso, se trata de la música cubana que
lógicamente goza de muchos adeptos.
Es comprensible a la vez, el pataleo de los cabecillas de la mafia
anexionista y de sus más fanáticos seguidores, deseosos de aprovechar cualquier mínima
posibilidad para chantajear a las autoridades del país en plena campaña electoral, e
imponer así el mantenimiento del férreo y criminal bloqueo contra Cuba.
Estas posiciones agresivas e irracionales están siendo enfrentadas
cada día con más decisión por el fuerte movimiento contra el bloqueo que abarca a
numerosos sectores en todo el país, a lo cual se suma el creciente sentimiento de respeto
a nuestro pueblo entre una considerable parte de los cubanos residentes en Miami.
Deben estar muy preocupados los heraldos de la barbarie cuando, a
pesar de toda la campaña de propaganda, amenazas y vejaciones, más de 2 000 cubanos
participaron en el concierto de los Van Van y disfrutaron de un espectáculo musical que a
muchos dejó deseos de repetir.