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Cultura Reseñas
Romeu, el mago de las teclas

Por Marilys Suárez Moreno/ Septiembre '99

El nombre de Antonio María Romeu descuella en el pentagrama nacional. Compositor, pianista y director de orquesta de baile, a Romeu se le identifica como un genuino danzonero.

Por eso hablar de él es otorgarle un tercer apellido al género creado en el siglo XIX por Miguel Faílde en Matanzas y renovado por José Urfé años después con elementos rítmicos provenientes del son. No olvidemos que el danzón de Romeu Tres lindas cubanas, elaborado a partir de un viejo son, dio inicio a un estilo singular, característico en la interpretación del baile nacional cubano.

Tres lindas cubanas, estrenado en 1926, fijó la trayectoria futura del danzón cubano. Romeu, un notable pianista, por demás, obtuvo numerosos premios durante su vida artística.

Nacido el 11 de septiembre de 1876 en el poblado de Jibacoa, municipio habanero de Santa Cruz del Norte, Romeu comenzó su quehacer por el mundo del pentagrama a los ocho años.

A los diez estudiaba casi de modo autodidáctico el piano, y dos años más tarde tocaba su primer baile y componía su primera obra (una mazurca).

En 1899 Romeu se trasladó a la capital y comenzó a tocar en el café La Diana, donde interpretaba al piano populares danzones de la época. Tiempo después sería el creador de la orquesta llamada charanga francesa, al introducir el piano en las agrupaciones danzoneras.

Tronco de una familia de músicos, Antonio María Romeu contribuyó grandemente a la consagración del danzón. Sus aportes al género se cifran en más de 500 piezas entre las que sobresalen, por su popularidad, Marcheta, Siglo Veinte, Jibacoa y La flauta mágica, esta última escrita en colaboración con el flautista y compositor Alfredo Brito.

Romeu formó su propia orquesta en 1911, con ella ganó enorme popularidad, entre otras cosas por la presencia de un cantante que vocalizaba sus danzones. Primero fue Fernando Collazo, y luego Barbarito Diez, a quien tuvieron el gusto de conocer las últimas generaciones de cubanos.

El sobrenombre de Mago de las Teclas lo ganó Romeu por sus maravillosos floreos  en el piano, que hicieron del músico un preferido de los danzoneros.


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