El Ballet Nacional de Cuba:
un nuevo
aniversario
Por Mercedes Borges Bartuti
Ya casi termina el siglo y Cuba continúa siendo centro de
atención para el mundo, por diversos motivos. En materia de danza, esta pequeña isla ha
demostrado que entrará en el siglo XXI con una escuela de Ballet que se impone a pesar de
los pro y los contras.
El 28 de octubre de este año, el Ballet Nacional de Cuba
inicia la celebración de su aniversario 50, en la Sala García Lorca del Gran Teatro de
La Habana. Para entonces hay grandes expectativas, porque se espera lleguen a nuestro
país importantes figuras de la escena internacional y antiguos miembros de la compañía
cubana. Aunque aún no se han dicho nombres, los aficionados dan riendas sueltas a su
imaginación, que quizas no esté muy distante de lo que pueda suceder a finales de año
en esta capital.
Ni siquiera el ruso Nikolai Yavorsky se imaginó que aquellas
primeras clases de ballet en el escenario del teatro Auditorium pudieran trascender. Nadie
pensó que de aquel grupo de jóvenes soñadores surgirían los fundadores de la Escuela
Cubana de Ballet, pero la historia es bien conocida. Alberto Alonso fue el primer muchacho
que rompió con los prejuicios de la época y comenzó a estudiar en Proarte Musical.
Luego su hermano Fernando siguió por ese camino, y al casarse con Alicia Martínez, en
1938, formaron un trío memorable.
Por azar de la vida, en 1943 Alicia Alonso se convirtió en
punto de atención de los críticos de Nueva York, al sustituir a la máxima bailarina del
Ballet Theatre en el rol titular de Giselle. Parecía que el destino del ballet cubano
estaba escrito, o, al menos, sus protagonistas ya tenían nombres. Fernando, Alicia y
Alberto Alonso fundaron en 1948 la compañía que llevaba el nombre de la gran balerina, y
que, por circunstancias muy específicas, reunió en La Habana a un sobresaliente grupo de
bailarines del Ballet Theatre de Nueva York. Desde entonces, el nombre de Cuba aparece
entre la elite de la danza mundial.
En 1950, los Alonso formaron una escuela, y nueve años más
tarde reorganizaron el Ballet Nacional de Cuba, al que continuaron sumándose figuras
prestigiosas. En 1960, el Concurso Internacional de Ballet de Varna, Bulgaria, descubrió
para el mundo lo que luego se conoció como el "fenómeno cubano". A partir de
entonces, se comenzó a hablar a nivel internacional de la Escuela Cubana de Ballet,
término acuñado por el crítico inglés Arnold Haskell, un hombre que contribuyó en
gran medida a la definición teórica de lo que sucedía en la Isla.
El genio de nuestros bailarines comenzó a manifestarse por
un gusto evidente, lo cubano como hecho estético traía la elegancia heredada
culturalmente de sus ascendientes hispanos y africanos. El ballet de Cuba logró un
desarrollo inusitado; generaciones como las llamadas "cuatro joyas" o las
"tres gracias", además de talentosas figuras masculinas, arrastraban tras de
sí a un público eufórico que los seguía en cada función. El espíritu de la danza se
apoderó de nuestro país y el ballet se convirtió en Cuba en un arte serio y respetado.