| Los cubanos esperan a
la Avellaneda Por Mayra Pardillo Gómez
(PL)/ Agosto '99
La intelectualidad cubana espera, desde hace 50 años, el
regreso a la isla de la poetisa Gertrudis Gómez de Avellaneda, quien falleció en España
en 1873. En su ciudad natal, Puerto Príncipe (hoy Camagüey), están creadas las
condiciones para recibir a la mujer que -en el siglo XIX- se convirtió en uno de los más
destacados talentos románticos de la lengua española.
El investigador y crítico literario Salvador Bueno,
presidente de la Academia Cubana de la Lengua, asegura que desde 1948 el Consejo de
Ministros de España acordó acceder a la petición del gobierno de Cuba de trasladar los
restos de la Avellaneda, decisión a la que tampoco se oponían sus familiares. Sin
embargo, no fue posible.
Hace diez años se realizó un nuevo intento, pero entonces
pesaron cuestiones materiales.
Considerada la primera figura femenina de la literatura
cubana, Gertrudis Gómez de Avellaneda, 'La peregrina', alcanzó un éxito rotundo en el
mundo hispánico de las letras, tanto por su obra poética como por sus dramas y novelas.
El 23 de marzo de 1814 vio por primera vez la luz en la
antigua villa de Puerto Príncipe. Desde muy temprano escribía cuentos, declamaba versos
y participaba en representaciones dramáticas, favorecida por la rica cuna donde nació.
En 1836 parte hacia España, tras un desengaño amoroso y
la tristeza provocada por el casamiento de la madre apenas 10 meses después de haber
muerto el padre de 'Tula ', nombre con el cual también se le conoció.
Cuatro años más tarde se instala en Madrid, y al
siguiente publica el primer tomo de sus poesías.
La Avellaneda fue propuesta como candidata para ocupar un
sillón en la Real Academia Española de la Lengua. Sin embargo, su condición de mujer,
en una época sin grandes perspectivas para el género femenino, impidió que se consumara
tal merecimiento.
Su obra fue diversa. Escribió tragedias, dramas, comedias,
cuentos, leyendas y novelas. Entre estas últimas figura Sab, en la que no oculta
su rechazo a la esclavitud.
Según los estudiosos, su obra narrativa está por debajo
de su lírica y de su teatro. No obstante, su epistolario (sobre todo sus cartas a Ignacio
Cepeda) la distingue entre los más eminentes epistológrafos cubanos del siglo XIX.
Son muy difundidos los amores que tuvo 'Tula', de ideas muy
adelantadas para su época en cuanto al papel de la mujer, el divorcio y el matrimonio,
aunque lo cierto es que amó apasionadamente y no fue correspondida.
Ignacio Cepeda, a quien conoció la Avellaneda en Sevilla
en 1830, fue realmente el único amor de 'Tula', aunque compartió su vida con Gabriel
García Tassara, Pedro Sabater y el coronel Domingo Verdugo, diputado a Cortes.
Junto a éste volvió a Cuba en 1859, como parte del
séquito que acompañó al general Serrano, nuevo Capitán General de la Isla.
Por entonces, el Liceo de La Habana le brindó un gran
homenaje en el teatro Tacón, y otra grande de las letras cubanas, Luisa Pérez de
Zambrana, le colocó en las sienes una corona de laurel. ´Tula' visitó varias ciudades,
entre ellas Trinidad.
Luego de morir su esposo, regresó a España en 1864.
Falleció en Madrid el primero de febrero de 1873, y a su entierro sólo asistieron seis
escritores. Sus restos descansan actualmente en Sevilla.
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