| A Grandinetti y a
Titón la vida no les dio tiempo Darío
Grandinetti se desafía siempre que puede, no teme enfrentar los más diversos personajes,
siempre y cuando la intuición le diga que va por el camino correcto.
Por eso aceptó asumir en la ficción el papel de Juan
Manuel Fangio, el corredor de autos argentino secuestrado en La Habana en 1958. Huele. El
olor impulsa al actor argentino que promovió el gusto por la poesía en los más diversos
públicos de América Latina con el personaje de Oliverio en la película El lado
oscuro del corazón, de Eliseo Subiela.
Grandinetti se inició en el teatro y la televisión. El
cine le asustaba hasta que, pasados los tres primeros días del rodaje de la cinta Darse
cuenta, allá por los '80, descubrió que se actúa dondequiera. Muy confiado en sí
mismo -como el propio Fangio-, Grandinetti está por cuarta vez en La Habana.
En entrevista con Prensa Latina, Grandinetti, un hombre que
pasa los 40 y tiene tres hijos, expresó que en algún momento temió que el personaje de
Oliverio se convirtiera en un lastre en su carrera. "Por suerte no fue así, quizás
porque volví a trabajar con Subiela", explica, y reconoce que aún le asombra
cuánto gusta esa película.
"Me gustaba trabajar con Subiela y nos salió bien.
Eso que nosotros teníamos ganas de contar, la gente tuvo ganas de verlo y oírlo. Las
películas funcionan o no. Yo quiero mucho a Leopoldo, el del filme No te mueras sin
decirme a dónde vas. Lo quiero más que a Oliverio y, sin embargo, el largometraje
fue un fracaso".
Operación Fangio, un proyecto atractivo
Al preguntársele a Darío Grandinetti qué debe tener un
guión para que lo atrape, responde que seguía por la intuición. "El de Operación
Fangio me pareció atractivo. Me gustó filmar en Cuba y volver a trabajar con el
director Alberto Leki".
¿Y cómo logró articular el personaje, partiendo de que
no tiene ningún parecido físico con Juan Manuel Fangio? Grandinetti contesta que si se
pareciera a él probablemente hubiera sido menos atractivo el trabajo.
"La idea -dice- no es hacer la caricatura del
corredor. Lo que más me interesa del personaje es su seguridad en sí mismo, esa aparente
frialdad que tenía en los momentos críticos o límites. Creo que todo eso se debió a su
origen, a su condición de hombre de campo, y al conocimiento que tenía de la mecánica,
porque antes de gran corredor era un gran mecánico".
Proyectos pendientes
"Fangio sabía mucho de autos, los reparaba mejor que
nadie. Sabía, además, cuál era el problema del vehículo adversario, la dificultad del
piloto contrario. Era un pícaro, muy seguro de sí mismo y gran observador. Eso fue lo
que me cautivó de él para llevarlo al cine", afirma el actor argentino.
Asegura que no le interesa Hollywood, y al referirse a
algún papel pendiente, recuerda que se quedó con las ganas de hacer un par de veces al
Che Guevara, quizás porque era muy osado.
Le gustaría trabajar algún día con algún director
cubano. "Alguna vez hablé con Titón (Tomás Gutiérrez Alea) sobre esa posibilidad,
pero la vida no lo dejó, y a mí tampoco. Probablemente lo hubiésemos hecho".
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