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Soy alguien que
gozó de la pureza y el humanismo que brinda el Socialismo
y sufrió en carne propia el desprecio y lo inhumano del imperialismo
norteamericano
Olga
Salanueva Arango,esposa de René
Querido
Comandante en Jefe;
Compañero Alarcón;
Diputados e invitados a esta sesión:
Siento
hoy la obligación moral de venir aquí como una persona
que se crió en una sociedad socialista y vivió durante
cuatro años en la sociedad capitalista norteamericana.
Soy
alguien que gozó de la pureza y el humanismo que brinda el
Socialismo y sufrió en carne propia el desprecio y lo inhumano
del imperialismo norteamericano.
Tuve
la gran suerte de nacer en Cuba después del triunfo revolucionario
del Primero de Enero. Junto a la Revolución crecí
y me formé. Como cualquier otro niño de este país
recibí una y otra vez los beneficios y bondades que me permitieron
llegar a ser una profesional plena y de principios sólidos.
Los mismos principios que me permitieron reconocer en René
González a un hombre excepcional, y al cual me uní
en vida, sentimientos e ideales. Juntos formamos 20 años
atrás una familia de la cual nos sentimos orgullosos.
En
diciembre de 1990, de repente una noche, me quedé sola con
mi hijita de seis años. Mi esposo había abandonado
el país y se había convertido en un desertor.
Me
quedé en este país, con mi hija, mi carrera, con mi
trabajo y como dijo Irmita, nadie nos señaló con el
dedo. Seguí trabajando, conservé todos mis derechos
como cualquier otro ciudadano, amparado en nuestra Constitución
que no abandona a ninguno de sus hijos.
Me
mantuve en el mismo cargo de dirección administrativa y política
que tenía en el momento en que René salió del
país, mi hija continuó sus estudios, siguió
siendo pionera, continuamos viviendo en nuestra casa. Más
de una vez mi hija se enfermó y nadie me preguntó
quién era, ni cuál era mi posición política,
solo estaban preocupados en resolver sus problemas de salud.
En
1996 partí junto a mi esposo, realicé todos los trámites
migratorios exigidos y mi hija continuó sus estudios hasta
el último día, aun y cuando la dirección de
la escuela conocía mi intención de abandonar el país,
Irmita es seleccionada por sus compañeros como representante
al Congreso Pioneril como reconocimiento de sus valores humanos
y que nadie, ni nada, podía empañar.
Al
reunirnos en Estados Unidos, nuestra familia se sintió feliz
de poder compartir todos juntos y reanudar los planes que habían
sido aplazados por la larga separación, como la de tener
un nuevo hijo, fruto de este amor que nos une; pero, paralelamente
a esta alegría de estar juntos, comenzó una nueva
etapa inolvidable en mi vida.
Son
muchas las anécdotas, de las que pudiera hablar largas horas,
pero creo que solo con mencionar algunas puedo definir los falsos
valores humanos de aquella sociedad que pretenden imponernos como
ejemplo a seguir.
Como
fui reclamada legalmente y no violé ninguna ley cubana, como
no me fui en una balsa, como no me quedé en ningún
país, como no pedí asilo político y como no
asesiné a nadie en Cuba, no fui beneficiada por la Ley asesina
de Ajuste Cubano.
Tuve
el privilegio de conocer entonces cómo vive en esa sociedad
un ciudadano común proveniente de Cuba, que no tenga una
persona u organización contrarrevolucionaria que lo avale.
Mi primer trabajo fue en un homes o asilo de ancianos, por supuesto
en un negocio particular. Allí entre paños sucios,
sábanas orinadas y tristes historias, conocí a muchos
que un día siendo jóvenes abandonaron su Patria y
hoy son abandonados por su propia familia y esperan la muerte sin
que a nadie le importe.
Luego
vendí propiedades de cementerio y me di cuenta que en esa
democracia debes tener dinero y conseguirlo como sea, para tener
al final de la vida un lugar donde puedan descansar tus restos y
estos no sean una carga más para quienes te sobrevivan.
En
ese trabajo conocí a muchas otras mujeres jóvenes
y no tan jóvenes que decidieron un día alejarse de
su país buscando el sueño dorado, y que me contaban
sus frustraciones con la sinceridad que a veces falta para hacerlo
ante otras personas, pero que se le puede confiar a quien ha corrido
su misma suerte.
Se
sienten arrepentidas de haberse dejado llevar por la propaganda
anticubana y añoran regresar, sin mirar atrás, a la
Patria abandonada.
Cuando
se vive esta experiencia es cuando más se valora todo lo
que se ha logrado en nuestro país, todo lo que no podemos
dejarnos arrebatar y todo a lo que jamás podremos renunciar.
En
esos cuatro años no pude tener los famosos beneficios que
algunas compañías dan como limosnas a sus trabajadores,
como puede ser, por ejemplo, tener vacaciones en ocasiones pagadas,
otras veces no, y que no pasan de dos o tres semanas al año.
Tener
derecho a que te descuenten un por ciento de tu salario para pagar
un seguro médico y que la compañía pague el
otro por ciento, por supuesto, siendo aprobado por los dueños
del seguro, que investigan y comprueban que no tienes ninguna enfermedad
que les cueste demasiado.
Al
quedar embarazada extrañé la ley cubana de protección
a la maternidad, de la cual disfruté aquí en Cuba
durante mi primer embarazo. Allí no existe esto, tuve que
trabajar hasta los últimos días antes de parir, a
pesar de que a los siete meses tuve problemas graves de hemorroides,
producto de la ineficiente atención médica recibida
durante todo este período.
En
ese momento tuve que acudir a atenderme al Kendall Hospital, un
lugar muy sofisticado, muy bonito, pero en el cual no me quisieron
consultar hasta que René dio 300 dólares de su tarjeta
de crédito como garantía, para luego solo mandarme
una pomada y unos calmantes, por lo que tuvimos que terminar en
una consulta privada de un amigo, el cual casi a sangre fría,
por temor a poner anestesia dado mi avanzado embarazo, pudo evacuar
el trombo.
Luego
vino el parto, el cual se produjo igualmente en un hospital público,
el Jackson Memorial, donde ante todo, y no importándoles
los dolores con que se presenta toda embarazada antes de dar a luz,
te piden uno y otro documento, te hacen llenar aplicaciones y verifican
en sus computadoras si tienes derecho a atenderte allí.
Al
nacer mi hija Ivette y por tanto ser ciudadana norteamericana por
nacimiento, tuvo el "gran derecho" de tener un seguro
médico que cubría todos los gastos por un año
y ahí comenzaron otros problemas, ya que en una de las primeras
consultas, una doctora dictaminó que la niña tenía
un soplo en el corazón y que había que seguir observándola.
Posteriormente esta misma doctora me planteó que la situación
de la niña se había ido agravando y que era necesario
que como la cubría el seguro, la viera un especialista al
que ella me remitiría.
Luego
ya estando la niña en Sarasota, junto a su bisabuela, porque
ya René estaba detenido y yo no tenía quién
me la cuidara, otro especialista y no al que me habían remitido
en Miami, la vio y después de reconocerla y revisar la historia
clínica, nos planteó que todo era un gran fraude para
poder cobrar al seguro médico una costosa operación
del corazón.
Mi
pequeña hijita y toda nuestra familia fue víctima
de los mecanismos de corrupción y engaño prevalecientes
en esa sociedad, hasta en la esfera de la salud, que no tienen el
más mínimo escrúpulo aunque esto conlleve utilizar
como víctima a una pequeña niña inocente que
podría haber sido sometida a una riesgosa operación
que podía haberle costado la vida por el mezquino interés
del dinero.
En
este período, puedo decirles que en el país "más
democrático" del mundo, como le titulan sus gobernantes,
al ser René arrestado y quedar nuevamente separados, sí
perdí la casa, el carro, las tarjetas de crédito,
que en esa sociedad son una garantía para subsistir y tuve
que ir a vivir en casa de unos amigos.
En
esos momentos, sin duda, viví lo más crudo del capitalismo,
me vi sola con dos niñas, desamparada y sufriendo la más
cruel injusticia cometida con mi esposo, al ser confinado en "el
hueco" durante 17 meses e impedírsele el contacto con
sus hijas.
Dos
años después nuestra familia fue utilizada para chantajear
una vez más a René y ante su negativa contundente,
soy detenida tres meses en una cárcel federal, donde fui
acusada de cargos que nunca fueron probados y resulté deportada
sin tener en cuenta que en ese país se quedaba mi hija, nacida
en EE.UU. e hija de un ciudadano norteamericano y de la cual no
se hacían responsables de que regresara junto conmigo a nuestro
país.
Hoy,
tras 22 meses de mi arresto y posterior regreso a Cuba, y violando
los más elementales derechos humanos que asisten a René,
ciudadano norteamericano, de ver a sus hijas y a su esposa, se me
ha negado por parte del gobierno de Estados Unidos la posibilidad
de viajar para visitarlo y poder llevar a nuestra pequeña
hija a conocer a su padre, a quien vio en muy pocas oportunidades
en sus primeros años.
Se
me acusa ahora de terrorista para negarme la posibilidad de viajar
nuevamente a EE.UU. a visitar a mi esposo.
Me
pregunto si será el terror a que pueda conocerse en EE.UU.
esta historia, con los detalles que me asisten al ser una protagonista
excepcional de la farsa que han tratado de imponer a cinco jóvenes
inocentes, luchadores contra el terrorismo, la cual han querido
mantener en el más absoluto silencio, lo que motivó
la negativa de visa e impide que mi pequeña hija y yo podamos
visitar a René en la prisión federal donde lo mantienen
injustamente recluido y alejado no solo de su familia y su Patria,
sino incluso de sus cuatro compañeros de lucha.
Por
último, permítanme terminar diciéndoles que
tengo todas las razones del mundo para asegurar que el sistema socialista
cubano es el más democrático, justo y humano que existe
hoy y que lucharé y defenderé toda mi vida.
¡Viva la Revolución!
¡Socialismo o muerte!
¡Hasta la victoria siempre!
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