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Un crimen con alevosía
en Miami
Por Iván
Becerra
René González, uno
de los cinco luchadores cubanos contra el terrorismo injustamente
encarcelados en Estados Unidos, sólo ha podido ver a su hija menor
en dos ocasiones durante los últimos cinco años, encadenado a una
silla y rodeado de guardianes.
A su esposa, Olga
Salanueva, se le ha prohibido visitarlo en presidio. González, quien
nació en Chicago, Estados Unidos, el trece de agosto de 1956, es
ciudadano norteamericano.
El único cargo que
le imputó la Fiscalía es el de infiltrarse en grupos terroristas
para alertar a Cuba de posibles ataques y provocaciones.
Por ese hecho cumple
quince años de reclusión y, además, deberá purgar otros cinco con
libertad bajo vigilancia. ¿En qué recodo de la abigarrada realidad
miamense quedaron los Derechos Humanos?
René, Gerardo,
Antonio, Ramón y Fernando, cinco jóvenes cubanos luchadores por
la paz, fueron arrestados el doce de septiembre de 1998, trasladados
al cuartel general del FBI en Miami y sometidos a seis horas ininterrumpidas
de interrogatorio.
Era sólo el comienzo.
Transcurrieron diecisiete meses de aislamiento, apenas sin ver a
familiares y abogados. Tras un juicio lleno de trampas y engañifas
de la Fiscalía y la mafia anticubana, fueron sentenciados, sin testigos
ni pruebas, a condenas que van desde quince años de prisión hasta
cadena perpetua.
Nunca antes la Constitución
de Estados Unidos resultó tan despreciada. Los mecanismos jurídicos
de Miami fueron utilizados para concretar una venganza abyecta,
en un proceso en el que realmente se juzgó a todo el pueblo cubano.
La verdad en torno a ese hecho avanza por el mundo, y derrotará
a los verdaderos terroristas.
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