| Crueldad
multiplicada
Por
Iván Becerra
Las autoridades de Estados Unidos no sólo imponen un trato
cruel e inhumano a los cinco cubanos injustamente encarcelados en
ese país, sino que lo extienden a sus familiares.
Padres,
esposas, hijos e hijas padecen una permanente angustia en espera
de visas que demoran o que nunca llegan, como son los casos de Olga
Salanueva y Adriana Pérez, respectivas esposas de René
González y Gerardo Hernández.
Esas
dos mujeres, además, han sido objeto de extremas humillaciones
en el justificado empeño de visitar a sus esposos. Olga Salanueva,
a raíz de la detención de René, fue encarcelada
y posteriormente expulsada de Estados Unidos bajo la absurda acusación
de que es terrorista.
Una
acusación perversa, porque tanto René como Gerardo,
así como Ramón Labañino, Antonio Guerrero y
Fernando González estaban en el Sur de la Florida para combatir
el terrorismo anticubano, que allí actúa impunemente.
Odiosas
estratagemas
Curiosamente,
en cierta ocasión, a Olga Salanueva le concedieron la visa.
Pero después se comprobó que si ella hubiera viajado,
posiblemente estaría hoy encarcelada nuevamente. El asunto
era una verdadera e inmoral emboscada.
Adriana
marchó una vez con sus documentos en orden a visitar a Gerardo,
pero, en Texas, prácticamente la secuestraron, la fotografiaron
y le tomaron huellas digitales, la interrogaron y luego la obligaron
a retornar a La Habana sin haber podido ver a su esposo.
Ni
los duros castigos de la Edad Media incluían burlarse de
los familiares de los prisioneros. Por eso, el destacado intelectual
norteamericano James Petras declaró que ante el caso de los
cinco cubanos presos experimenta una profunda vergüenza.
Ellos, dijo, no merecen la cárcel, sino una medalla por haber
defendido la democracia y la constitucionalidad de los Estados Unidos.
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