| Tortura
sicológica para cinco inocentes
Por
Iván Becerra
El
hecho de que la jueza Joan Lehnard haya rechazado dos mociones presentadas
por los abogados de los cinco héroes cubanos prisioneros
políticos del imperio se corresponde con el carácter
tramposo de todo ese proceso.
Además, la magistrada actuó en consecuencia con el
tratamiento cruel e inhumano de que han sido objeto Gerardo Hernández,
Ramón Labañino, Antonio Guerrero, Fernando González
y René González, así como sus respectivas familias.
Las
dos peticiones de los letrados se refieren a la necesidad de celebrar
un nuevo juicio en otra sede, y al libre acceso a la documentación
que la Fiscalía oculta bajo el pretexto de que debe mantenerse
como material de seguridad nacional.
El
desempeño de la señora Lehnard se ha caracterizado
por una sólida coincidencia con el ministerio público,
el cual ha tenido, de otra parte, un auxiliar sin condiciones en
la prensa mafiosa de Miami.
El
derecho escamoteado
¿Hay
razón para condenar con las peores sentencias, sin pruebas
ni evidencias, a hombres que se dedicaban a luchar contra el terrorismo?
Ni los inquisidores enclaustrarían a esos luchadores por
la paz, durante 17 meses, y luego, durante 48 días, a las
celdas denominadas el hueco.
Esos recintos tenebrosos están reservados a notables criminales,
pero aún así, nunca por más de 60 días.
Los
familiares de los héroes cubanos viven la angustia de si
recibirán o no visas para visitarlos en la cárcel.
Adriana Pérez y Olga Salanueva, respectivas esposas de Gerardo
Hernández y René González, nunca han podido
concretar esa aspiración porque el gobierno norteamericano
lo impide.
Un
diabólico sistema de tortura sicológica se ha desatado
contra esos cinco jóvenes cubanos. Sólo combatientes
con una digna firmeza pueden soportar semejante diluvio de infamias.
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